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Estudio Científico de los Problemas Psicosomáticos:

La solución mediante el Conocimiento y Dominio de Sí Mismo -

Libro 1

 

CAPÍTULO VI


TABAQUISMO

 

Cuadro: Consideraciones desde el punto de vista médico
Tabaquismo: Consideraciones desde el punto de vista espiritual
Cuadro: Influencia del mundo espiritual sobre las personas

 

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TABAQUISMO

EPIDEMIA DE LOS SIGLOS XX Y XXI

(ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD)

CONSIDERACIONES DESDE EL PUNTO DE VISTA DE LA MEDICINA

CRITERIOS DE ADICCIÓN

1.- Uso continuado.

2.- Falta de control sobre su uso: el fumador no puede evitar fumar.

Mantenimiento del hábito pese a los problemas que ocasiona.

COMPUESTOS TÓXICOS

El tabaco contiene 4000 compuestos tóxicos. Los más importantes son 3:

1.- Monóxido de carbono: competidor del oxígeno.

2.- Alquitrán: el laberinto negro.

3.- Nicotina: las cadenas de la adicción.

GRADOS DE ADICCIÓN

Incluye

1.- Número de cigarrillos.

2.- Clase de cigarrillos (por contenido de nicotina).

3.- Si inhala siempre el humo.

4.- Si fuma el 1er. cigarrillo antes de la media hora después de levantarse (por necesidad de incorporar nicotina).

5.- Si fuma más durante la mañana que el resto del día.

6.- Si fuma en lugares prohibidos.

7.- Si fuma cuando está enfermo en cama.

8.- Si el cigarrillo que más le gusta es el 1º de la mañana.

9.- Las personas que cumplen estas especificaciones son los grandes adictos.

POR QUÉ FUMAR

Además de la adicción

1.- Costumbre.

2.- Adicción psicológica (si no tienen cigarrillos se sienten inseguros, torturados, ansiosos).

3.- Estimulación.

4.- Para combatir la depresión.

5.- Relajación.

TABAQUISMO

1.- Representa un tipo de toxicomanía.

Es una drogadependencia.

MOTIVOS QUE IMPULSAN AL INICIO DEL HÁBITO DE FUMAR

1.- Curiosidad.

2.- Depresión.

3.- Permisividad social.

4.- Posibilidad económica.

5.- Consumo difundido.

6.- Prohibición paterna casi inexistente.

7.- Hábito tabaquista familiar.

8.- Opinión personal que el cigarrillo no es peligro inminente para la salud.

FUMADOR DEFINITIVO

1.- Dependencia farmacológica típica.

2.- Estímulo social acentuado.

3.- Tolerancia progresiva a la nicotina.

4.- Dependencia psicosocial muy fuerte hacia el producto.

TIPOS GENERALES DE FUMADORES

Disonantes: son los fumadores que reconocen en público su hábito y muestran aparentemente una intención seria de llegar a ser ex fumadores.

Constantes: son los que se encuentran satisfechos con su hábito.

LAS TRAMPAS DE LA DEPENDENCIA

La dependencia socioeconómica, psicológica comportamental y farmacológica predisponen al fumador a continuar en su adicción.

1.- Exaltación urgente de la personalidad.

2.- Exposición práctica de una aparente madurez precoz.

3.- Tacto agradable al cigarrillo como ocupación indispensable para las manos.

4.- Olor del tabaco y aroma del humo.

5.- Sabor del tabaco.

6.- Observación de la columna de humo.

7.- Ceremonia virtual de encendido.

8.- Euforia, sedación, estimulación nicotínica.

9.- Imagen de poder.

10.- Autoridad.

11.- Independencia.

12.- Seducción y elegancia.
 

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TABAQUISMO

CONSIDERACIONES DESDE EL PUNTO DE VISTA ESPIRITUAL

Las estadísticas indican que una de cada tres personas fuma.

Casi todos los fumadores son conscientes del daño que el cigarrillo provoca en sus organismos. Este conocimiento impulsa al 70 % de ellos a que intenten dejar de fumar y no puedan hacerlo.

¿Cuál es el motivo de este comportamiento contradictorio?

Una de las respuestas está en que el hábito de fumar produce una adicción. La nada en demasía o en exceso, es aplicable al sentimiento de sensualismo (placer a través de los sentidos), pero esa nada en demasía no es para cosas superfluas o innecesarias como el fumar, la droga o el juego.

Analizando los motivos que llevan a la persona a fumar, no solamente está el sensualismo. En ocasiones, algunas personas ven que los demás hacen o dicen cosas que no son de su agrado, se sienten molestas o heridas en el orgullo, provocando estados nerviosos y dan salida o escape a esas situaciones, fumando. O sea que fumando se pretende dar solución o escape a ciertos estados nerviosos. Cuando uno comienza a fumar, si le agrada, responde al sentimiento de sensualismo. A veces para imitar lo que otros hacen o al sentirse influenciado por el entorno, por su sentimiento de orgullo en exceso, cede. En este caso se suman los sentimientos de orgullo y de sensualismo a esa determinación de fumar; los sentimientos siempre están asociados porque en el fondo está el egoísmo, que es la fuente de todos los vicios, pues antes que nada queremos nuestra propia satisfacción.

Otras personas para darle una salida o escape a las situaciones que les toca vivir, en lugar de fumar, comen o beben; no siendo ésta la solución adecuada, pues quieren dar solución o evadirse de lo que les molesta, mediante un vicio o un exceso.

Debemos tener en cuenta que los pensamientos que generamos ante los acontecimientos de la vida, buenos o malos, los transmitimos directa y constantemente al organismo, al cual saneamos o enfermamos según sea la calidad de los mismos. Los malos producen efectos desagradables.

En ocasiones cuando se deben enfrentar acontecimientos de la vida diaria, sucede que la persona se pone nerviosa, siendo éste y la alteración de la armonía interior (relativa) los primeros efectos psicosomáticos detectables que se producen. Ello puede estar determinado por sentimientos de orgullo, celos, interés personal, sensualismo, etc., en demasía, a los que se debe poner límite, pues los acontecimientos están, y si nos alteramos o enojamos agregamos más problemas a los ya existentes. Otras personas sienten que algo las impulsa a fumar para querer evadirse o escapar de las situaciones que no les agrada. La consecuencia de esto es la adicción, incorporando elementos adictivos al organismo.

Lo mejor en cada caso, es enfrentar el problema con calma y tranquilidad y darle una solución razonada.

Analizando: a nuestro organismo lo agredimos con los malos pensamientos que generan problemas psicosomáticos. También lo agredimos con los vicios como el cigarrillo, la droga o las conductas de bulimia y anorexia, en ejercicio de nuestra voluntad.

Hay personas que dicen: “Voy a dejar de fumar”, y no pueden. En realidad el que dice “quiero” puede; no hay pasiones o vicios imposibles de dejar, a menos que uno se complazca en ello a pesar de los efectos negativos.

Cuando el fumador lo hace en público, generalmente no tiene en cuenta que su prójimo, es decir las personas que están cerca de él, también absorven el humo y contenidos químicos volátiles del cigarrillo. Queriendo o no, los está obligando a fumar sin haberlos invitado, son éstos los llamados fumadores pasivos o fumadores de rebote con consecuencias físicas desagradables.

Al fumador, por lo general, le importa más que nada su propia satisfacción (sensualismo) y poco o nada su prójimo (sentimiento de egoísmo en exceso o demasía).

Hay personas que tras fumar 25 años en forma abundante, dejaron de hacerlo al cambiar de metas. Cuando fumaban, para ellos la vida del hombre terminaba con la vida del cuerpo. Ésta es la concepción egoísta donde solamente son envidiables los goces materiales. Al identificarse con la verdadera vida como alma, que es eterna, (en el presente, alma con cuerpo físico, luego en el mundo esencial o espiritual cuando deje su cuerpo físico, y en nuevas existencias corporales con otro cuerpo físico al que amoldará de acuerdo a su necesidad y a la manifestación de sus tendencias) comprende que las malas tendencias y vicios lo perjudican, no solamente en la presente existencia, sino en la totalidad de la vida del alma que es inmortal y que cuanto uno más se apegue a esos vicios, más se concede predominio a la naturaleza animal por sobre la espiritual.

Siendo nuestra meta, como alma o espíritu que somos, alcanzar la perfección, todos los vicios o malas tendencias nos perjudican y son causa de sufrimiento, pues el sufrimiento es inherente a la imperfección. Seguramente cuando dejemos el cuerpo físico conservaremos como alma las mismas ideas, gustos, inclinaciones y vicios que teníamos durante la vida del cuerpo. Al no poder satisfacer los mismos, tal vez nos uniremos por afinidad a otros seres que tienen cuerpo con similares vicios o inclinaciones, a los que incitaremos a fumar, beber, etc., para gozar o disfrutar a través de ellos. Ése debe ser el principal motivo por el cual la persona aficionada a ciertos vicios no puede dejarlos: PUEDE DEBERSE A LA INFLUENCIA DEL MUNDO ESPIRITUAL, QUE LOS INCITA A SEGUIR FUMANDO, BEBIENDO, ETC., PRODUCIÉNDOLE A LAS PERSONAS DESEOS CASI IRRESISTIBLES PARA QUE LO SIGAN HACIENDO. El fumar es superfluo e innecesario, y siendo un vicio, constituye un problema espiritual donde predomina la materia sobre el espíritu, es decir vivimos más la vida del cuerpo que la del alma.
Las personas al cambiar de metas comprenden que lo que hacían contra su cuerpo físico, fumando, lo hacían contra sí mismas, como alma o espíritu, quitando o disminuyendo con ello las energías para cumplir con las leyes naturales de trabajo, progreso, etc., que hacen a la evolución como alma. Los vicios perjudican la vida como hombre y por consiguiente como alma, ya que se daña el cuerpo físico que es instrumento de progreso.
 

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Cuadro: Influencia del mundo espiritual sobre las personas

INFLUENCIA DEL MUNDO ESPIRITUAL SOBRE LAS PERSONAS

Los pensamientos del encarnado (persona) y del desencarnado (espíritu libre) se confunden y los cuerpos espirituales se asimilan. Pero como el cuerpo espiritual del encarnado está en contacto molecular con su cuerpo físico, al unirse los cuerpos espirituales, el ser desencarnado transmite las sensaciones, deseos, vicios, que tenía antes de su muerte al encarnado (persona).

Esta influencia puede ser física o mental. La culpa de esta influencia es nuestra, porque somos como un imán que atraemos lo asimilable a nuestra naturaleza espiritual, pues ellos no se dedican sino a quienes lo solicitan con sus deseos o los atraen con sus pensamientos, por afinidad.

En ocasiones cuando deja de fumar, la persona se vuelca a comer, consumir caramelos, pastillas, etc., a fin de darle salida a los estados de ansiedad, que antes daba fumando. Además del placer de fumar y la adicción, hay en el fondo otros sentimientos de celos, orgullo, interés personal, etc., en exceso. Éstos hacen que generemos pensamientos negativos, que tienen como efectos los estados de ansiedad o nerviosos.

Ésto confirma que cuando se fuma para calmar los nervios, y se tienen ciertos estados de ansiedad, éstos son efectos de algún problema espiritual o imperfección moral.

La culpa siempre la tiene el fumador: 1º) por el vicio en sí mismo, por el placer de fumar (sentimiento de sensualismo) donde no es aplicable la nada en demasía, pues el fumar es una cosa superflua o innecesaria, por una falta de determinación para dejar de fumar. 2º) Puede suceder que haya influencia del mundo espiritual, pues esos seres pueden sentirse atraídos por nuestros deseos o pensamientos, entre ellos por nuestro vicio de fumar. No pudiendo satisfacer sus pasiones gozan con los que se entregan a ellas, y pueden incitar o producir deseos de fumar o de seguir fumando. El fumar es un vicio, no corresponde a problemas psicosomáticos pero no deja de ser un problema espiritual.

Si lo vemos no solamente desde el punto de vista actual y lo vemos con respecto al futuro cuando dejemos el cuerpo físico, como alma, seguiremos teniendo las tendencias o vicios y por lo tanto el deseo de fumar. Al no poder satisfacerlo, es probable que nos unamos a otro ser con cuerpo y lo incitemos a fumar para disfrutar a través de él. O sea que uno es esclavo del vicio, y a su vez busca a otro esclavo al que puede incitar a fumar. Aquellos que no tienen metas espirituales de perfeccionamiento, generalmente se aficionan a los placeres, algunos superfluos o innecesarios, otros en exceso o demasía, de los que se sufrirá las consecuencias físicas y morales del erróneo proceder.

El cambiar de metas (materiales por espirituales), y empezar a recordar la ley natural grabada en la conciencia que tiende hacia el bien, nos muestra un camino de vida. Ese camino de vida nos lleva a descartar las cosas superfluas (deseos o tendencias innecesarias) por las cuales le dábamos sentido a la vida, es decir, el placer, el disfrute, porque creíamos que todo terminaba con la muerte del cuerpo. Al ver que nuestra vida como alma es la totalidad del tiempo o sea somos inmortales, vemos que todo lo que hacemos contra nuestro organismo nos perjudica en el camino del progreso. Al ir comprendiendo cuál es el sentido de la vida (progresar moralmente), va llevando a la práctica aquello que va comprendiendo, dejando de fumar, así como otros vicios, pues todas las sensaciones en general son engañosas (decía Sócrates). Empieza a vivir más acorde a la virtud que es la resistencia voluntaria a las malas tendencias. Pues los vicios e imperfecciones de los que no nos despojamos, son causa de sufrimiento en el presente y en el futuro. Cuanto más demoremos en modificar, más vamos a sufrir.

Deberíamos ajustar nuestra conducta a la ley natural grabada en nuestra conciencia y toda la educación (moral) de las personas debería encaminarse a ese fin. A las personas le queda la libertad de elegir: si prefieren seguir el camino equivocado y sufren, no pueden culpar a nadie sino a sí mismos.

En este trabajo solamente nos ocupamos del análisis de este vicio desde el punto de vista espiritual, y no de los efectos que produce el mismo en el organismo (ver los efectos).

Analizando el tema de la herencia como lo sostiene la medicina que son nuestros padres, abuelos, los que nos transmiten los caracteres hereditarios, debemos manifestar que en una misma familia los padres y abuelos fuman y los descendientes no; por lo tanto este concepto de la herencia no nos parece el adecuado.

Por el contrario, admitimos que el hombre trae como alma, al nacer o renacer, las ideas innatas adquiridas a través de la pluralidad de existencias o reencarnación. Estas ideas innatas se traducen en virtudes innatas (resistencia voluntaria a las malas tendencias), y vicios innatos y tendencias de los cuales no se ha podido despojar a través de las sucesivas vidas en las que fue renovando su cuerpo físico. Esto está más acorde a la justicia divina, pues no podemos culpar a nadie de lo que nos acontece sino a nosotros mismos, ya que llevamos la ineludible responsabilidad de nuestros actos y pensamientos.

Estos vicios innatos los constituyen los sentimientos de egoísmo, orgullo, celos, rencor, interés personal, sensualismo, etc., en exceso o demasía que constituyen imperfecciones morales a través de las cuales pensamos y actuamos mal. Veremos que el sensualismo es el placer a través de los sentidos; la tendencia a fumar y otros vicios constituyen la propia herencia espiritual, pero no significa que siempre será así. A través del ejercicio de la voluntad el hombre puede derrotar sus vicios o malas pasiones, pues está sujeto a la ley de progreso. Todos los vicios, en el presente y en el futuro, son causa de sufrimiento, perjudicándonos en nuestro progreso como alma, que es alcanzar la perfección.

Para dar solución a esta problemática es de aplicación la Propuesta del tema Estrés, basada en el conocimiento y dominio de sí mismo y la ejercitación dirigida al mundo espiritual.
 

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