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Pasamos a exponer
observaciones clínicas hechas a sus pacientes trasplantados por Paul
Pearsall de EE.UU., doctorado en Harvard y en la Escuela de Medicina
Albert Einstein.
El Dr.
Pearsall, que también recibió un trasplante, es psiconeuroinmunólogo,
es decir, psicólogo que estudia la relación existente entre el
cerebro, el sistema inmunitario y nuestras vivencias del mundo
exterior. Tiene experiencia de más de treinta años de práctica
científica en la interpretación de cómo los acontecimientos externos
influyen sobre nuestra salud. Fundó y dirigió una clínica psiquiátrica
en la que se trataban cientos de enfermos graves, muchos de los cuales
habían sufrido trasplantes de corazón o de otros órganos. Dirigió un
departamento médico, poniendo en práctica un programa de
rehabilitación cardiaca para enfermos de ataques al corazón, un
proyecto que estaba pensado para ayudarles mediante cambios
significativos en su modo de vida y el desarrollo de unos puntos de
vista más equilibrados. Era un programa al que denominaban “Cambio de
corazón”. Tanto en éste como en otros puestos, tuvo ocasión de dar
conferencias por todo el mundo en distintas organizaciones de
trasplantes de órganos; en ellas pudo recoger docenas de relatos
impresionantes que parecían demostrar la existencia de algún tipo de
memoria celular y de que el corazón desempeña un papel importante en
la recuperación de esa memoria.
Pearsall, escribió el libro “El código del corazón” en el que
investiga y sostiene la posibilidad de que sus pacientes trasplantados
de corazón recibieron las memorias celulares de sus donantes, quienes
manifestaron los detalles que luego pudieron ser confirmados por los
propios familiares del donante.
Las
“memorias celulares” más comúnmente descritas por los trasplantados de
corazón se refieren a sabores, gustos y manifestaciones personales
nuevas vinculados a sus donantes, constituyendo esto la regla y no la
excepción.
En sus
investigaciones habló con Claire Sylvia, una trasplantada de corazón
que había descrito los cambios experimentados en su vida, relacionados
con la energía de su donante, en un libro escrito en colaboración con
Bill Novak, titulado A Change of Heart. A pesar de las fuertes
críticas personales que algunas veces recibe, persiste en su creencia
de que con el trasplante de corazón ha recibido mucho más que una
simple masa de células biomecánicas. Los sorprendentes y acertados
sueños sobre su donante, los cambios en sus apetencias gastronómicas,
su estilo de baile y muchos otros cambios ofrecen las claves de la
posibilidad de una memoria celular.
ALGUNAS CONSIDERACIONES DE SUS ESTUDIOS E
INVESTIGACIONES
El
corazón que encontró al asesino de su cuerpo
a.-
“En una conferencia a un grupo de psicólogos, psiquiatras y asistentes
sociales reunidos en Houston, Texas, hablé de mis ideas sobre el papel
central que tiene el corazón en nuestra vida psicológica y espiritual.
Al hilo de mi conferencia, una psiquiatra se acercó al micrófono,
durante la sesión de preguntas y respuestas, para hablar sobre una de
sus pacientes cuyas experiencias parecían apoyar mis planteamientos
sobre la memoria celular y el corazón pensante. El caso le había
afectado de tal modo que durante su intervención tuvo que hacer
grandes esfuerzos para no romper en lágrimas.
Expresándose de forma tan emocionada que resultaba difícil, tanto para
la audiencia como para mí, entender sus palabras dijo:
- Tengo
una paciente, una niña de ocho años que recibió el corazón de otra de
diez años que había sido asesinada. Su madre me trajo a la clínica a
mi joven paciente cuando ésta empezó a tener sueños sobre el hombre
que había asesinado a su donante. Me dijo que su hija sabía quién era
esa persona. Después de algunas sesiones, me fue imposible negar la
evidencia de lo que esta niña me estaba contando. Su madre y yo
decidimos llamar a la policía, que, apoyándose en la descripción hecha
por la niña, logró descubrir al asesino. Con las evidencias
presentadas por mi paciente fue cosa fácil inculpar al asesino. El
momento, el arma homicida, el lugar, la ropa que llevaba, lo que la
niña asesinada le había dicho al asesino... (según Pearsall – todo
cuanto el pequeño corazón trasplantado le había dicho a su receptora
resultó ser completamente preciso).
En cuanto la terapeuta
regresó a su asiento, toda la audiencia compuesta por profesionales
científicamente formados y con gran experiencia clínica se quedó en un
silencio total. Pude escuchar los sollozos sofocados y las lágrimas
que humedecían los ojos de los médicos que se sentaban en la primera
fila. En lugar de hacer comentarios sobre el relato escuchado,
pregunté a mi audiencia si no les importaría que rezáramos una oración
por la niña asesinada. Pedí a los técnicos de sonido que pusieran, muy
suave, la música hawaiana que yo suelo utilizar para mis
presentaciones, y aclaré que se trataba de lo que los indígenas llaman
«pule
´ohana»,
una oración en honor de
nuestra unión espiritual, como familia universal que somos. En contra
de lo que suele suceder habitualmente en estos casos, no se produjo
entre los oyentes la menor muestra de duda o de escepticismo. La
posibilidad real de que existiera un corazón que pudiera recordar nos
había tocado a todos en nuestros propios corazones”.(Pág. 29-30)
b.- “Dado que
muchos de nosotros estuvimos hospitalizados durante casi un año, sin
ver la luz del sol ni sentir la brisa suave sobre nuestros rostros, el
Club Higea del Corazón fue creciendo. Pacientes, médicos y enfermeras
compartían los relatos sobre receptores de trasplantes que tenían
recuerdos de sus donantes”,... (Pág. 48)
c.- “Durante mi
reciente visita a la Universidad de Princeton tuve ocasión de almorzar
con la doctora Brenda Dunne y con el equipo de investigación del
laboratorio PEAR (Programa de Investigación de las Anomalías de la
Ingeniería de la Universidad de Princeton – New Jersey). Hablé con la
doctora Dunne sobre lo que yo identifiqué como el efecto de un
«estallido
de energía sutil»,
que había detectado en mis enfermos trasplantados de corazón. Muchos
de ellos parecían, al principio, conectar profundamente con distintos
aspectos de la personalidad de su donante y, posteriormente, parecían
ir perdiendo o negando ese sentido de conexión, para volverlo a
recuperar más tarde si dejaban de rechazar tal conexión, o de hacerla
demasiado intensa. Parecía que las memorias celulares de su donante
estuvieran mejor conectadas si se las dejaba ser y no se las forzaba.
Una mujer de cincuenta y dos años, trasplantada de corazón, describió
este fenómeno del estallido de energía sutil. Al referirse a los
documentos de los investigadores de PEAR, que habían tenido éxito en
el estudio de cierta forma de conexión de energía L (la infoenergía
del código del corazón, según Pearsall), dijo esta persona:
«No
espere que esta memoria celular vaya a ponerle los pelos de punta. Se
producirá suavemente si la deja ser. Si la fuerza demasiado, no creo
que llegue a producirse, y si lo hace, usted no la sentirá. Yo
siento la presencia de mi donante cuando estoy simplemente sentada, y
dejo que la energía fluya»”.
(Pág. 86-87)
d.- “Esta
«glutinosidad»
o naturaleza de conexión permanente de la energía
«L»
es una de las exposiciones
más destacadas hechas por los receptores de trasplantes. Un ejemplo de
ellas lo tenemos en lo que dijo un trasplantado de veintiséis años:
«Estaré
unido a mi donante para siempre. No pasa un día sin que me sienta
unido a él. Es como lo que sucede con aquellas personas a las que he
amado. No importa en dónde se encuentren, porque tan pronto como
pienso en ellas puedo sentir en mi corazón cómo ellas están conmigo»”.
(Pág. 102)
e.- “Si es
posible que exista la energía vital
«L»
y que el corazón sea su
centro primordial, entonces las células pueden memorizar la
infoenergía que circula por el corazón. La evidencia de esta
posibilidad existe en forma de acontecimientos notables vividos por
receptores de trasplantes cardiacos que han recibido con ellos las
memorias de sus donantes”. (Pág. 125)
f.-
“La madre de un joven trasplantado dijo: ‘Ahora mi hijo utiliza
siempre la palabra “copacético”.
Antes de tener su nuevo corazón jamás la usó, pero fue la primera cosa
que pudo decirme tras la operación. No sé lo que significa. Dijo que
todo estaba copacético. No es una palabra que conozca en español’.
La esposa del donante que estaba oyéndonos, abrió desmesuradamente los
ojos y, volviéndose hacia nosotros, dijo: ‘Esa palabra era la
forma que teníamos mi marido y yo de decir que todo estaba bien.
Siempre que discutíamos y hacíamos las paces, ambos decíamos que todo
estaba copacético’.
El tema
de aquella palabra mágica que parecía revelar un código del corazón
que se hallaba dentro de él estimuló al joven, que empezó a contar
historia tras historia de los cambios que había experimentado tras su
trasplante. Aunque su madre nos lo había descrito como un vegetariano
muy consciente de su salud, él dijo que ahora suspiraba por la carne y
por los alimentos grasos. Aunque en tiempos había sido un amante de la
música “heavy metal”, ahora le encantaba el rock de los años
cincuenta. Nos contó también sueños repetitivos de luces brillantes
que venían directas hacia él. Al escucharlo la esposa del donante nos
dijo que, de hecho, su marido adoraba la carne, que era un adicto a la
comida rápida y que había tocado en una orquesta de rock en Motown
mientras estudiaba en la facultad de medicina, y que ella por su parte
también tenía los mismos sueños sobre las luces de aquella terrible
noche”. (Pág. 129)
g.- “Tanto las
familias como los profesionales médicos y los cuidadores temen las
consecuencias de que se pueda perder o alterar la personalidad del
receptor ante el impacto que constituye la implantación de un nuevo
«tejido
anímico»
procedente de un completo
extraño. La esposa de un trasplantado perteneciente al Club Higea del
Corazón, decía:
«Espero
que no tenga el corazón de un ex asesino».
Aunque trataba de bromear,
confesaba posteriormente que estaba preocupada e incluso le aterraba
la idea de
«cómo
va a comportarse ahora conmigo mi marido».
Otra de mis pacientes que había recibido el corazón de un hombre joven
me expresaba el temor de que su marido no quisiera hacer el amor con
ella, porque pudiera
«considerarse
homosexual».
Más tarde añadía:
«Cuando
ahora bailamos, mi marido dice que yo siempre trato de llevarlo a él.
Debe ser mi nuevo corazón de macho que me obliga a hacer esto».
Preocupaciones parecidas a las manifestadas por esta mujer hacen
esencial que tanto las memorias celulares como el código del corazón
sean tratados de una forma cuidadosa, respetuosa, entrañable e incluso
sagrada, reconociendo de este modo el hecho de que el nuevo corazón se
está uniendo a un sistema, y no solamente a un cuerpo”. (Pág. 142)
h.- “El doctor
Benjamin Bunzel, del Departamento de Cirugía del Hospital
Universitario de Viena, ha estudiado el impacto producido por el
trasplante de corazón en la personalidad de sus receptores.
Confirmando lo dicho anteriormente por médicos e investigadores,
escribe:
«Los
trasplantes de corazón no son simplemente el reemplazo de un órgano
que ya no funciona. Con frecuencia se ve al corazón como el origen del
amor, de las emociones y el centro de la personalidad».
Él ha investigado cuarenta y siete casos de personas trasplantadas.
Sus datos se acercan a los hallazgos que yo realicé en un grupo
reducido, pero consistente y singular, de cardiosensibles.
El doctor Bunzel
informa que el 15 por 100 de la muestra afirmó que su personalidad
había cambiado debido a lo que significó una experiencia tan extrema
como era un trasplante de corazón, pero no achacaban ese cambio a su
donante. El 6 por 100, o sea, tres pacientes, dijeron que el cambio en
su personalidad se debía a sus nuevos corazones. Añadieron que se
vieron obligados a cambiar sus reacciones y sentimientos anteriores
para acomodarlos a los que creían que eran las memorias celulares de
sus donantes. El 79 por 100 dijo que su personalidad no había
cambiado en absoluto tras la operación.
Al igual de lo que yo
había investigado, el doctor Bunzel anota que estos pacientes que no
experimentaron cambios emplearon una serie de fuertes mecanismos
defensivos y, a menudo, mostraron una postura agresiva ante la
pregunta de que pudieran recibir algún tipo de energía de sus
donantes. Calificaron esas cuestiones de
«completas
tonterías»,
y ridiculizaron la idea de que sus donantes pudieran influir en su
vida”. (Pág. 142-143)
i.- “Nuestro
sentido del olfato es el más antiguo de todos, seguido por el sentido
del gusto. Si nuestros antepasados no hubieran podido oler un predador
o conocer el sabor de un posible veneno, no estaríamos aquí ahora. Es
posible que debido a lo antiguos, básicos y fundamentales que son para
la humanidad estos sentidos del olfato y del gusto, las memorias a
este nivel sean las que mejor aceptan los trasplantados de corazón de
sus donantes.
No he encontrado que
mis pacientes trasplantados de corazón experimentaran en realidad un
cambio en su
«sentido»
del olfato o del gusto. Lo
que sí manifiestan son cambios en el aroma (interpretación del olor) y
del sabor (significado que otorgamos a nuestros sentidos del gusto).
Las memorias son mucho más que reacciones y estimulaciones de las
células cerebrales de nuestros cinco sentidos básicos. Son la forma en
que nuestro corazón siente, interpreta, comprende y experimenta
nuestro mundo. Todo cuanto hemos gustado, olido, tocado, oído o visto
vuelve a circular dentro de nosotros como infoenergía gracias al
corazón, y las mismas células cardiacas recogen memorias energéticas
de esos acontecimientos. Así pues, no resulta sorprendente que, al
menos a algún nivel, con el nuevo corazón llegue también una nueva
serie de memorias.
Veamos un ejemplo de
«memoria
celular del gusto»
de uno de los pacientes
cardiosensibles.
«Es
realmente extraño, pero cuando estoy haciendo la limpieza en casa o me
siento a leer, de repente me viene a la boca un sabor inusual. Resulta
difícil de describir, pero es muy específico. Puedo saborear algo
y, de repente, empiezo a pensar en mi donante, sea quien fuere, y
en cómo viviría. Después de un rato, ese sabor desaparece y también
los pensamientos, pero el sabor siempre es el primero en llegar»”.
(Pág. 179-180-181)
j.- “Los
pacientes trasplantados de corazón del tipo cardio insensibles que se
muestran reticentes a considerar la posibilidad de memorias celulares,
a menudo hablan de memorias de sus donantes en forma de vislumbres
«icónicos»,
en asociaciones involuntarias y espontáneas con ellos”.
(Pág. 184)
k.- “Los
trasplantados de corazón menos cardiosensibles suelen mencionar esos
momentos cuánticos de asociación con sus donantes en forma de lo
que ellos consideran imágenes inexplicables, ensoñaciones durante
la vigilia y pensamientos y fantasías novedosas que con frecuencia les
distraen durante unos momentos”. (Pág. 185)
l.- “Otra
dificultad que surge con la memoria a largo plazo es que en el mismo
acto de intentar recordar un suceso (atormentando al propio
«cerebro»)
puede deformar la percepción de su experiencia, tanto como sucedió
como si no sucedió realmente. Es posible que, al pedirle a un paciente
que sintonice con las memorias celulares de su donante, cree una serie
de memorias falsas. Aunque no siempre es posible hacerlo así, en el
caso de mis pacientes trasplantados de corazón que recibieron las
memorias celulares de sus donantes, los detalles que manifestaron
pudieron ser confirmados por los propios familiares del donante”.
(Pág. 186)
ll.- “Cuando
hablé de las memorias celulares de los donantes, que parecían estar
mencionadas en los informes de antiguos receptores de trasplantes, y
de que su temperamento y personalidad parecían haberse alterado en
correlación general con los de sus donantes, mis escasos informes
iniciales fueron relegados al acostumbrado vertedero científico de
hechos inexplicables: la casualidad”. (Pág. 204)
m.- “Un niño de
ocho años que había recibido un corazón describió la naturaleza de la
cardiosensibilidad y la cardiocontemplación como un
«caer
en»,
en lugar de un
«alcanzar».
– Puedo sentir
al otro niño dentro de mí –dijo el niño en cuestión–. No me pasaba
eso al principio, pero cuando mi inmunidad quedó restablecida y
finalmente me volvieron a dejar jugar con Pierre (el perro de raza
poodle francés, de la familia), comencé a llamarlo King. No sé por
qué. Puede que el nombre de mi donante haya sido King. De cualquier
forma, ahora puedo sentir al otro niño dentro de mí. Es como
cuando uno no sabe que se ha golpeado la rodilla y más tarde, al
sentarse a ver televisión o algo así, se descubre la herida y comienza
a sentirla y ya no se puede olvidar más de ella. Incluso cuando se va
curando o se cae la costra, la pierna recuerda siempre dónde tenía la
herida”. (Pág. 239)
A fin
de ilustrar la naturaleza de las conexiones energéticas,
experimentadas por los receptores de trasplantes (según Pearsall),
describe algunas de las 140 recogidas en cintas magnetofónicas.
1.-
“Mujer de treinta y cinco años trasplantada de corazón (la donante
fue una joven prostituta de veinticuatro años muerta en una reyerta a
puñaladas).
‘Yo
nunca estuve interesada en el sexo. Ni siquiera pensé mucho en eso. No
me entienda mal, mi esposo y yo tuvimos una vida sexual normal, pero
eso no era importante en nuestras vidas. Ahora agoto a mi marido.
Deseo hacer el amor todas las noches y, a veces, me masturbo dos o
tres veces al día. Antes odiaba los videos X, pero ahora los adoro. Me
siento como una mujerzuela y, en ocasiones, cuando estoy de buen
humor, realizo un striptease para mi marido. Jamás había hecho
algo parecido antes de mi operación. Cuando le comenté todo esto a mi
psiquiatra, me dijo que era una reacción a la medicación y porque
ahora tengo un cuerpo más sano. Posteriormente he descubierto que mi
donante trabajaba en un topless y actuaba como profesional a
domicilio. Creo que he adoptado su orientación sexual, y mi marido
también lo piensa así. Me dice que no soy la mujer con la que él se
casó, pero que no le importa estar casado conmigo de nuevo’.
Marido de la receptora. ‘No es que lo sienta, entiéndame, pero
creo que lo que tengo ahora es una gatita sexual. No es que lo hagamos
más, pero ella siempre está deseando que hablemos de sexo y quiere ver
una serie de videos de tipo erótico que antes jamás veíamos ni
hablábamos. Utiliza palabras que jamás empleaba antes, pero eso
también está haciendo que yo cambie, así que no me quejo. Nuestra peor
discusión se produjo unos meses después de su operación y bastante
antes de que ella se enterase de quién era su donante. Yo estaba
bromeando, y en un momento apasionado le dije que tenía el corazón de
una puta. Estuvimos sin hablarnos durante semanas’”. (Pág. 147-148)
2.-
“Mujer de cuarenta y siete años, trasplantada de corazón (el
donante fue un chico gay de veintitrés años que fue tiroteado durante
un atraco y murió posteriormente de las heridas recibidas en la parte
inferior de la espalda).
‘Durante
tres años no le he hablado a nadie de esto. Todavía me fastidiaba
hacerlo. Me entrevisté con la familia del donante y me dijeron que su
hijo era un artista muy brillante y que era gay. Ahora me pregunto,
cuando veo a mi marido, si lo miro como una mujer acostumbraría a
hacerlo o si lo estoy mirando como lo miraría un joven gay. Me alegro
de poder estar hablando de esto con usted. Y todavía quiero decirle
una cosa más. Su madre me dijo que le habían disparado en la espalda.
Después de mi operación, he tenido dolores en la parte baja de la
espalda, pero supuse que era debido a la operación pasada’.
Marido de la receptora. ‘Me sorprendió mucho cuando una de las
primeras cosas que me preguntó, cuando empezamos a hacer el amor
después de la operación, fue si yo había tenido alguna vez
pensamientos homosexuales. Ha cambiado totalmente su forma de
vestirse. Ahora lleva ropa muy femenina y ajustada, cuando antes se
vestía con ropa unisexo. A veces, por la noche se despierta
repentinamente sollozando. Me preocupaba que pudiera tener un ataque
cardiaco, pero ella se señala la espalda y dice que es como si le
hubieran disparado en la mitad de la espalda’”. (Pág. 148-149)
3.-
“Varón de cuarenta y un años trasplantado de corazón (recibió el
corazón de una chica de diecinueve años, muerta al ser arrollado su
coche por un tren).
‘La
sentí cuando me desperté. ¿Sabe usted lo diferente que se siente todo
tras una tormenta o un aguacero torrencial? ¿Sabe cómo es ese
sentimiento que se percibe en la atmósfera? Pues eso fue lo que yo
sentí. Era como si en mi interior se hubiera producido una tormenta o
como si me hubiera golpeado un rayo. Hay una nueva energía en mí. Me
siento como si tuviera diecinueve años de nuevo. Estoy convencido de
que tengo el corazón de un joven, porque algunas veces puedo sentir
una fuerza interior que nunca tuve antes. Creo que tal vez se trate de
un antiguo conductor de camiones, o algo parecido, que posiblemente
murió atropellado por un camión de cemento o algo así. Noto dentro de
mí esa gran fuerza y esa sensación de velocidad’.
Esposa del receptor: ‘Se ha convertido en un niño. Antes tenía que
luchar para poder respirar y carecía de la menor resistencia. Pero
ahora parece un muchacho. El trasplante lo transformó por completo.
Habla todo el tiempo del poder y de la energía. Dice que tiene sueños
en los que se ve conduciendo un gran camión o una gran máquina de
vapor. Seguramente su donante era conductor de un gran camión que
chocó con otro más grande’”. (Pág. 146)
4.-
“Mujer de treinta y dos años trasplantada de corazón y pulmón
(recibió el corazón y los pulmones de una chica de veinte años,
asesinada mientras iba por la calle a mostrarle a su novio una
fotografía de su futuro traje de novia).
‘Al
principio ni siquiera quería pensar en ello. No quería pensar que otra
persona había tenido mi corazón antes que yo. Sabía que era así,
naturalmente, pero prefería pensar que a mi nuevo corazón lo habían
fabricado en alguna parte y me lo habían entregado. Me volvía loca
cuando la gente me preguntaba qué sentía llevando en el pecho el
corazón de otra persona. Había oído a otros trasplantados que era una
estupidez hablar de esas cosas, pero no podía evitarlo. Casi todas las
noches tenía este sueño sobre ella. Sé que ella era joven, bonita y
feliz. De alguna manera siempre he sido un tipo de persona así, pero,
de todos modos, nunca había experimentado antes esta nueva felicidad.
Es extraño, porque algunas veces sigo sintiendo miedo de que pueda
morir, de que el nuevo corazón me falle. En cierto modo ahora tengo
más razones para sentir miedo que antes cuando estaba enferma, porque
se me ha concedido este gran don de alguien que ha perdido su vida. A
ella le debo el seguir viviendo. Siento como si, allá en lo más
profundo de mí, se mantuviese viva una pequeña alegría. La medicación
me hace sentir a veces depresiva y de mal humor, pero en mi interior,
sigo sintiendo esa felicidad extraña, esa excitación y alegría que no
logro explicar con palabras. Quisiera ir por ahí diciéndoselo a todo
el mundo, pero me temo que pensarían que estoy completamente
chiflada’.
Hermana de la receptora: ‘Lo único que hemos apreciado todos en
ella es que ahora sonríe mucho más. Siempre fue una persona ceñuda,
pero ahora ríe y se sonríe incluso cuando menos lo esperamos. Tal vez
sea porque tiene un nuevo hálito de vida, pero no podemos saberlo. Es
feliz y parece tener un corazón muy cálido’”. (Pág. 146-147)
5.-
“Varón de cuarenta y dos años trasplantado de corazón (su donante
fue un muchacho de diecisiete años atropellado por un conductor que
dio a la fuga).
‘Hace
dos años que he tenido el trasplante. Todavía me siento triste por mi
viejo corazón. Algunas veces, cuando menos lo espero, me acuerdo de
él. Me sirvió bien y murió aunque yo he podido seguir viviendo. En
ocasiones desearía volverlo a ver aunque sólo fuera por una vez; me
pregunto qué habrá sido de él, pero detesto pensar mucho tiempo en
eso. Es algo muy duro. Nunca llegaré a entenderlo. Antes de tener mi
nuevo corazón adoraba la música clásica. Ahora, me pongo los cascos,
subo el volumen del estéreo y escucho música de rock. Mi hija dice que
desde que tengo mi nuevo corazón he regresado a la adolescencia y que
actúo como un chico de dieciséis años’.
Hija
del receptor: ‘A veces resulta verdaderamente embarazoso, cuando
mis amigos me preguntan si mi padre ha vuelto a la segunda infancia.
Se ha aficionado a escuchar música muy alta, y mi madre dice que él ha
dado salida al niño que había en su interior’”. (Pág. 148)
EL
ÁNGEL EN NUESTRO PECHO
“Charles Siebert es un escritor médico que ha publicado, de forma
sensible, precisa y científica, muchos artículos sobre distintos temas
de salud. Cuando estaba preparando una historia sobre la experiencia
vivida por una mujer trasplantada de corazón, que iba a publicar en el
New York Times Magazine, tuvo la oportunidad de asistir a la
fiesta del Día de San Valentín que daban más de un centenar de
enfermos trasplantados de corazón. Prácticamente todos los receptores
hablaron de “recuerdos espirituales”, o de haber sentido la energía de
sus donantes. Siebert escribe: “Todas las personas con las que me
entrevisté en la fiesta hablaban con el mismo tono reverente sobre el
ángel que albergaban en el pecho, sobre ese regalo y esa
responsabilidad que ahora tenían, y de las oraciones que le
dirigían a esa otra persona que tenían en su interior”.
A
diferencia de los receptores de otro tipo de órganos, todos los
trasplantados de corazón a los que entrevisté, ya fueran
cardiosensibles o no y sin que importara el número de años pasados
desde su operación, seguían hablando de alguna manera con sus nuevos
corazones y manifestaban un cierto tipo de vinculación con sus
donantes. Una de las pacientes mencionadas por Siebert, una enferma de
cincuenta y tres años, decía de su donante, un año después del
trasplante:
«Estuve
hablando con ella la noche después de mi operación. Le dije: “Espero
que no seas sonámbula”».
El recuerdo de sus donantes se encuentra presente en todos los que
reciben el más preciado de los regalos, y de su ejemplo y experiencia
todos podemos aprender a recuperar nuestras propias formas de memoria
celular de los muchos donantes energéticos que han tenido lugar en
nuestras vidas”. (Pág. 187-188)
C. Siebert, “Carol Palumbo Waits for Her
Heart”, New York Times Magazine, 13 de abril de 1997, p. 41.
OTRAS
POSIBLES FUENTES DE NUESTRAS MEMORIAS CELULARES
(Según Pearsall)
“Teoría
del espíritu impreparado. He entrevistado a cuatro
«sanadores»
que se calificaban a sí mismos de
«médiums
espirituales»
o
«canalizadores».
Dicen ellos que la conexión energética que yo menciono existente entre
el corazón del receptor y su donante se debe a la presencia del
espíritu del donante que todavía no se ha ido a
«otro
plano»
o
«infinitud».
Aseguran que es posible que, teniendo en cuenta que los corazones
donados proceden de cuerpos jóvenes que han sufrido un terrible e
inesperado fin de sus vidas físicas, sus espíritus todavía no se
encuentran preparados para
«moverse»
y, por tanto, continúan expresándose a través del corazón de sus
receptores”. (Pág. 190)
“Teoría del corazón sorprendido.
Como una prolongación de la teoría del
«espíritu
impreparado»,
otros dos
«médiums
espirituales»
a los que entrevisté me expusieron una nueva explicación de la memoria
celular. Decían que, debido a lo imprevisto de la muerte de la mayoría
de los donantes, el espíritu de éstos no se había percatado de que su
cuerpo ya se encontraba sin vida. El corazón trasplantado seguía
actuando como si se hallase en su cuerpo anterior, sin darse cuenta de
que ya no existía ese cuerpo”. (Pág. 190)
“Teoría.
Durante una reunión de
«sanadores
psíquicos»,
hablé con tres de los presentes que me dijeron que mis ideas sobre la
cardioenergética estaban equivocadas. Ellos creían que lo que yo había
oído de mis pacientes cardiotrasplantados era una simple evidencia de
que se había establecido alguna forma de conexión entre las almas
de los vivos y de los muertos y que el receptor era el vehículo
del alma viajera del donante que reaparecía en el receptor”. (Pág.
191)
“Teoría psicométrica.
Durante mis reuniones con sanadores psíquicos se me dijo que los
objetos físicos pueden absorber la energía de las personas que han
estado cerca de ellos. Algunos
«psíquicos»
indicaron que el corazón del donante es un
«objeto»
que está imbuido de la energía psíquica del donante, mucho más de lo
que lo puede estar una sortija o cualquier otro objeto que pudiera
llevar la energía de su propietario. El biólogo Lyall Watson indica
que estos elementos físicos con los que estamos en contacto íntimo
pueden haber recibido nuestras impresiones emocionales y guardar
nuestros pensamientos y sentimientos. Si las plantas y los objetos
inanimados pueden conservar nuestros pensamientos y sentimientos, es
posible también que los órganos de nuestro cuerpo, que están mucho más
íntimamente unidos a nosotros, puedan contener nuestras impresiones
emocionales.
Las
explicaciones anteriores de la recuperación de la infoenergía
almacenada en las memorias celulares por el corazón trasplantado del
receptor (y por otros órganos en menor grado) no excluyen la hipótesis
ofrecida por los doctores Linda Russek y Gary Schwartz sobre la
Memoria Sistémica que, según indiqué, explica mucho mejor la
naturaleza de las memorias celulares y la existencia de un código del
corazón que ayuda a construirlas. Yo creo que cada una de las
explicaciones antes mencionadas tienen su propio mérito y validez y
que, como aquel ciego que tocaba un elefante, los que proponen cada
una de ellas están en contacto con diversos aspectos del mismo
fenómeno de energía sutil”. (Pág. 191-192-193)
Además menciona
Pearsall: La teoría del “pequeño cerebro del corazón”.- La teoría de
los Neuropéptidos.- La teoría del campo magnético.- Teoría
electrofisiológica.- Teoría de la bellota.- Teoría de la
“Manifestación de la conciencia no local”.- Teoría del “Recuerdo del
umbral rebasado”.- Teoría de la resonancia mórfica.- Teoría del
Hospital Grapevine.
CONCLUSIÓN
ANÁLISIS DESDE LA FILOSOFÍA
A nuestro criterio, no
son los órganos trasplantados los que tienen memoria celular, como se
sostiene, que luego manifiesta el receptor en forma de ideas, gustos,
tendencias o inclinaciones del donante.
Para
este estudio particular debemos tener en cuenta lo siguiente: EL
HOMBRE ES UN SER ESENCIAL, ALMA O ESPÍRITU CON UN CUERPO FÍSICO.
CUERPO
ALMA + + CUERPO = HOMBRE (GÉNERO
HUMANO)
FLUÍDICO
Nosotros (hombre), somos un alma, espíritu o ser esencial, tenemos un
cuerpo fluídico semimaterial más el cuerpo físico. Durante la vida del
cuerpo, el cuerpo fluídico semimaterial está unido al cuerpo físico
material, molécula a molécula, y hace de vehículo del pensamiento
entre el alma y el cuerpo, teniendo por hilos conductores los nervios
(para enviar los mensajes bioquímicos-neurotransmisores a las
diferentes partes del organismo que actúan bajo el impulso de la
voluntad).Los seres (alma, espíritu o ser esencial) cuyos cuerpos han
muerto (donantes), en algunos casos pueden sentirse atraídos por una
misma forma de pensar, sentir y actuar con el receptor del órgano
trasplantado, al que se asimilan, confundiéndose los dos pensamientos,
las dos voluntades y los dos cuerpos fluídicos (del receptor con
cuerpo y del donante sin cuerpo), de forma tal que el donante (alma o
espíritu) se vale del cuerpo del receptor (hombre), manifestando sus
ideas, gustos, inclinaciones, y tendencias que tenía antes de su
desencarnación (muerte).

Mientras las células de
los órganos a transplantar estén vivas existe la unión de alma y
cuerpo que está establecida por el cuerpo fluídico. Por lo tanto el
ser (donante), como alma o espíritu, debe sufrir intensamente cuando
le ablacionan sus órganos, ya que está unido a su cuerpo físico (cuyas
células están vivas), molécula a molécula y es probable que siga al o
a los órganos que están impregnados de su fluido vital (cuerpo
fluídico) en el cuerpo del receptor, hasta que el órgano trasplantado
sea impregnado por el fluido vital del receptor, lo que no significa
que el donante como alma o espíritu se retire, sino que se asimila con
el receptor para actuar conjuntamente con él.
Con
la ablación de los órganos, cuando la persona (donante) se encuentra
con muerte cerebral, se altera el NATURAL desprendimiento del
alma o espíritu del cuerpo físico del donante, que se produce a raíz
de la muerte de todas las células.
Como quiera que sea,
ya por el accidente que le causó la muerte cerebral o por ablación de
sus órganos, su muerte es violenta, lo que lleva a ese ser espiritual
que dejó su cuerpo, a permanecer mucho tiempo en estado de turbación,
tal vez años, en los que quizás no se dé cuenta de su estado, creyendo
seguir viviendo con los mismos pensamientos, las mismas
preocupaciones, los mismos sufrimientos pero sin el cuerpo de la
tierra, figurándose las normales ocupaciones, y al unirse a las
personas (receptores) puede causar influencia física y mental como las
mencionadas en los casos:
de
a a m y de 1 a 5, del resumen que realizamos
sobre el libro “El código del corazón” del Dr. Paul Pearsall.
El hombre como alma,
ser esencial, espíritu con cuerpo (en este caso particular receptor de
órganos), transmite a su cuerpo físico la impresión de sus
pensamientos; demostrado esto en el estudio que la medicina ha hecho
sobre el Estrés.
La explicación de cómo
el donante influye sobre el receptor (por haberse unido a éste) se
verifica en cuanto a cambio de ideas, gustos, inclinaciones que este
último (receptor) adquiere del donante.
Esta
influencia puede ser física y mental. Obsérvese el cambio de ideas,
gustos y tendencias del receptor en la parte mental (caso 1) e
influencia física (caso 2) porque pueden transmitirnos hasta las
mismas dolencias que tenían antes de su muerte (desencarnación), o que
tal vez fueron la causa de la misma.
De
todas maneras para que se produzca la manifestación de la influencia
física (caso 2), debe haber primero influencia mental, porque esta
dolencia que transmite al receptor debe estar en el pensamiento del
donante cuyo cuerpo ha muerto, pero que como alma o espíritu sigue
viviendo.
En el
caso (1) que mencionamos como influencia mental, el donante
(alma o espíritu que murió su cuerpo) influye sobre el receptor
haciéndolo pensar y obrar por él, le obliga a cometer actos
extravagantes, a pesar suyo se convierte en un ciego instrumento de
sus gustos e inclinaciones sexuales.
Es de
observar que el receptor tiene conciencia que lo que hace es ridículo,
pero está forzado a hacerlo como si un ser más poderoso lo obligara a
obrar contra su voluntad.
Según
lo manifestado por el Dr. Pearsall, muchos de los receptores de
trasplantes de órganos que al principio se conectaban con distintos
aspectos de la personalidad de su donante, posteriormente parecían ir
perdiendo o negando ese sentido de conexión, para volverlo a recuperar
más tarde si dejaban de rechazar tal conexión, o de hacerla demasiado
intensa.
Esto se
debe a que el receptor cede su voluntad al donante (alma o espíritu
libre) y éste se manifiesta a través del cuerpo del receptor. Esta
influencia nunca se ejerce sin participación de quien lo sufre, ya por
debilidad o deseo.
Es de
observar también que cuando el receptor rechaza firmemente recibir
algún tipo de energía de su donante, es decir no cede su voluntad,
esta influencia no se manifiesta, lo que no significa que no se
produzca de algún modo.
En
muchos países, se ha establecido la muerte encefálica o cerebral, como
muerte de la persona, lo que significa que el paciente (donante) que
se encuentra en ese estado está LEGALMENTE MUERTO, PERO
NO REALMENTE MUERTO.
La
condición necesaria para que los órganos principales: corazón, pulmón,
riñones, etc., a ser transplantados sean de utilidad, requiere que el
donante se encuentre con muerte cerebral, lo que significa la muerte
de las células cerebrales por lo cual el donante no se puede
manifestar, pero el resto del organismo continúa con vida, aún
sostenida por medios mecánicos (situación que en algunos casos ha
perdurado varios meses o años). El cadáver con muerte cerebral se puede
enfermar, tener hijos. En Inglaterra y otros países, es anestesiado
para que no sienta dolor cuando le extraen los órganos y al final
muere de paro cardiorespiratorio o por ablación de sus órganos.
En
síntesis, esta muerte cerebral, inventada, que
justifican por razones utilitarias, permite extraer los órganos a las
personas que tienen vida.
La
influencia de los espíritus sobre los hombres, no es invento, ni
concepción del autor de este trabajo. Estos hechos se encuentran en el
Antiguo y Nuevo Testamento. Ver ejemplo: San Mateo 17, 14 a 18
(Influencia del demonio – del griego DAIMON que significa:
espíritu, ser extra corpóreo).
Surge
de la experiencia y es de conocimiento de los profesionales vinculados
a los trasplantes en E.E.U.U., que los receptores y futuros
receptores de órganos muestren cierto miedo ante el hecho que se
vieran obligados a asumir las características de los donantes
muertos, como por ejemplo los comportamientos que adoptara el cuerpo,
por las preferencias y orientaciones sexuales, incluso si se volviera
promiscuo y perdiera por completo su orientación sexual.
Además
es que, procediendo la mayoría de órganos (corazones) de personas que
encontraron una muerte repentina, incluso violenta, tengan que
albergar espíritus de esos sujetos, que no estaban preparados para
abandonar tan repentinamente el cuerpo. Otra preocupación lo
constituye la adquisición de nuevos sentimientos religiosos y
creencias, que sean tal vez totalmente opuestas a las convicciones que
ellos mantuvieron durante toda la vida. (Pág. 140-141- “El código del
corazón”)
La
Academia Filosófica de La Plata, no está en contra de los trasplantes
de órganos, ni de las personas que lo necesitan para prolongar o
mejorar su calidad de vida, pero se pregunta: ¿cuál es el criterio
moral que se sigue para determinar que una vida vale más que otra,
tanto la del donante agónico, como la del receptor tal vez también
agónico?
La vida
es valiosa, aunque sea precaria y debe ser respetada hasta la
muerte natural, que significa la cesación definitiva de las
funciones vitales orgánicas.
Las
investigaciones realizadas por los profesionales vinculados a los
trasplantes, demuestran que para la obra de bien que se quiere
realizar, se puede también causar mucho daño. Recordamos lo que
sostenía el filósofo griego Sócrates (400 a.C.) es PORQUE SE TOMA
EL CUERPO SIN EL ALMA.
El
hombre es algo más que su cuerpo, es un alma con cuerpo y en este caso
particular de los trasplantados se producen hechos que escapan a la
ciencia del plano físico. Estos pertenecen al plano espiritual que la
realidad demuestra y se verifican a través de las observaciones
realizadas por los profesionales médicos.
La
muerte cerebral ha sido cuestionada internacionalmente, entre los
cuales podemos citar:
“El
grave problema que se presenta en el caso de la donación de órganos
está relacionado con la condición del donante que, con el fin de
obtener los órganos en condiciones de utilidad para el implante,
requiere que el paciente esté vivo, por lo que se ha instaurado la
condición de “muerte cerebral”, declarando un status de muerto al que
realmente no lo está y que, finalmente, alcanza la muerte a causa de
la extracción de los órganos que le son vitales para sostenerla. Esto
constituye nada menos que un asesinato”.
The Facts of Life
de Brien Clowes. Publicado por Human Life International. EE.UU.
LA
RESPONSABILIDAD DE LOS ACTOS
Procurar
la muerte de un ser humano en forma anticipada en cualquier fase de su
existencia, desde la concepción hasta la muerte natural,
constituye un homicidio.
El
Papa Juan Pablo II, el 25/12/00 y 30/01/01 instó a defender la vida
en cualquier fase de su existencia: Desde la concepción hasta la
muerte natural. Igual consideración expresó el Papa Benedicto
XVI en el Vaticano, el 10/02/07.
Cuando
se ha detenido el corazón (muerte natural) ningún órgano principal
sirve para trasplantes, salvo tejidos.
Siendo
el cuerpo la envoltura del alma e instrumento temporal de progreso,
defender el derecho a la vida del hombre (alma con cuerpo físico) es
un deber ineludible que nos compete a todos los seres humanos.
En
estas consideraciones quedan comprendidas, entre otras: la ablación de
órganos para trasplantes con muerte cerebral, la práctica de
eutanasia, el aborto (químico, mecánico, quirúrgico), la manipulación
genética, sea clonación de embriones con fines terapéuticos o
reproductivos, de cuya selección se determina quien debe vivir o
morir, etc.
El
embrión implantado o no, es un ser humano (alma con cuerpo físico),
cuya vida debe ser respetada.
El
hombre lleva la ineludible responsabilidad de sus actos y
pensamientos, por los que deberá dar rigurosa cuenta y compensar su
erróneo proceder, sea en la presente existencia, en el mundo esencial
o espiritual cuando deje su cuerpo físico, o bien en una nueva
existencia corporal.
ACADEMIA FILOSÓFICA DE LA PLATA
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GLOSARIO
BIOENERGÉTICA:
Rama de
la biología que trata con la energía generada dentro y desde sistemas
vivientes.
CARDIOCONTEMPLACIÓN:
Técnica para atraer la atención del cerebro hacia su corazón.
Involucra el permanecer inmóviles, quietos y permitir (no tratar de
hacer) que ocurra la respuesta de resonancia. Es una derivación de la
«Técnica
del Cuadro Congelado»
desarrollada por investigadores del Instituto de HeartMath, en
California, mediante la que se
«congelan»
las
situaciones o las escenas de estrés para poderlas considerar desde una
perspectiva más calmada y centrada en el corazón. La
cardiocontemplación, no obstante, es menos una
«consideración»
que una total conciencia de las experiencias en el centro del cuerpo.
CARDIOENERGÉTICA:
Campo
que combina los hallazgos de la cardiología, la psicología cardiaca,
la cardiología energética, la neurocardiología, la
psiconeuroinmunología y los principios básicos de la física cuántica,
con la idea de que la energía y la información son intercambiables y
de que esta infoenergía es transportada y comunicada primariamente por
el corazón.
CARDIOSENSIBLE:
Una
sensibilidad al código del corazón; es decir, a la energía sutil
«L».
Sobre la base de las entrevistas llevadas a cabo en 73 receptores de
trasplantes de corazón y 67 receptores de otros tejidos, y en
entrevistas realizadas a pacientes de trasplantes por otros
investigadores, parecen existir 17 características en las personas
cardiosensibles, es decir, en los que son capaces de recuperar alguna
forma de memoria celular de su donante. Estas personas pueden servir
como modelos para cualquier persona que desee aprender a leer mejor el
código del corazón.
CLUB
HIGEA DEL CORAZÓN:
Denominado así en honor de la diosa griega del amor vital y de la
fuerza sanadora, contrapunto de su padre Esculapio, el dios griego más
falto de corazón, que trató de curar el cuerpo humano encadenándolo a
su mera función mecánica.
CÓDIGO DEL CORAZÓN:
Son las
señales infoenergéticas sutiles (energía
«L»)
que contienen memorias codificadas de las células y el corazón de cada
persona, y de las células y corazones de todas las personas.
ENERGÍA “L”:
La
infoenergía del código del corazón, es la
«quinta
fuerza»
y, aunque las trasciende por su naturaleza no localizada, está
relacionada con las cuatro fuerzas energéticas conocidas de gravedad,
electromagnetismo, energía nuclear fuerte y energía nuclear débil.
Como todas las cosas en el cosmos, posee un lado
«claro»
(positivo) y un lado
«oscuro»
(negativo). La
«estabilidad»
cardioenergética es una
«inestabilidad»
creativa que equilibra ambos lados de la energía
«L».
FENÓMENO DE ESPRINT PSÍQUICO:
Como se
muestra en el programa PEAR, la conexión de energía
«L»
(la
conexión con el código del corazón) parece ser repentina, y luego
disminuir para volver a reasumir su profunda, aunque muy sutil,
influencia inicial. La curva en forma de U de esa experiencia es
similar a la conexión cardiosensible entre receptores de trasplante
cardiaco y sus donantes. El que se reanude la conexión de energía
«L»
parece depender de la capacidad de estar
«amando»,
serenamente egoístas y conectados lo suficiente como para permitir al
corazón entrar en resonancia infoenergética con los ritmos naturales
del mundo exterior.
FENÓMENO DEL RECHAZO:
Cuando
se trasplanta tejido de un cuerpo a otro, el sistema inmunológico del
receptor, de manera xenófoba, identifica como
«extraño»
al nuevo tejido y lo ataca. El rechazo es una amenaza al éxito de los
trasplantes, y los investigadores buscan actualmente formas mejores de
reducir el rechazo biológico y también el modo en que dos sistemas
sean más
«infoenergéticamente»
amistosos entre ellos.
MEMORIA CELULAR:
Es la
teoría por la que se plantea que cada uno de los 75 billones de
células del cuerpo posee varios niveles de información almacenada,
depositada allí mediante la conducción cardiaca de la energía
«L»,
y que puede ser obtenida enfocándose menos sobre el cerebro y más
sobre el corazón. La importancia de la memoria celular queda ilustrada
al observar los recuerdos que se presentan en receptores de
trasplantes cardiacos, en cuanto a varias formas de memorias de los
donantes. Puesto que la información es una forma de energía y como, al
igual que la materia, la energía no puede ser destruida, las memorias
celulares son infinitas.
NEUROCARDIOLOGÍA:
El
campo que estudia el corazón como órgano neurohormonal.
NEUROPÉPTIDOS:
Neurotransmisores compuestos de aminoácidos (bloques fundamentales en
la composición de las proteínas que son cruciales para todos los
procesos vitales) que están activos no sólo en el cerebro sino, como
llaves microscópicas que encajan en los pequeños ojos de llave de las
células del cuerpo, que actúan como
«fragmentos
de cerebro»
que se extienden por todo el cuerpo y sirven para activar una memoria
celular.
NEUROTRANSMISOR:
Sustancia química emitida por las fibras nerviosas, capaz de
transportar mensajes que hacen que los sistemas corporales, en una
fracción de segundo, recuerden cómo comportarse.
PEAR:
(Princeton Engineering Anomalies Research). El programa de
investigación de las anomalías de ingeniería, de la Universidad de
Princeton en Nueva Jersey. Durante veinte años, este centro
eminentemente científico ha identificado conexiones de energía sutil
(energía
«L»)
entre personas y máquinas y entre personas y lugares remotos. Estas
conexiones parecen ser más profundas cuando los
«perceptores»
(participantes capaces de lograr estas conexiones de energía
«L»)
muestran muchas características análogas a los trasplantados de
corazón que son
«cardiosensibles».
PSICOLOGÍA CARDIACA:
El campo de la psicología de la salud que identifica los factores
psicosociales de riesgo para el desarrollo de enfermedades
cardiovasculares, y que propone cambios en el estilo de vida para
ayudar a prevenir y curar las dolencias cardiacas.
PSICONEUROINMUNOLOGÍA:
El
campo que estudia la interacción entre la mente, el cuerpo y los
sistemas sociales y el modo en que esta interacción influye en la
salud y en la curación.
XENOFOBIA:
El temor evolutivo del cerebro e incluso el odio a los extraños y a
cualquier
«cosa»,
que se percibe como diferente al yo. Un factor muy importante en el
rechazo de trasplantes de órganos.
BIBLIOGRAFÍA
“El
código del corazón” – Dr. Paul Pearsall – ISBN 84-414-0467-4.
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