|
|

Estudio Científico de los Problemas Psicosomáticos:
La solución mediante el Conocimiento
y Dominio de Sí Mismo -
Libro 1

|
TERCERA PARTE
PROPUESTAS
PARA DAR SOLUCIÓN A LOS PROBLEMAS
PSICOSOMÁTICOS Y ESPIRITUALES POR SÍ MISMO
CONOCIMIENTO DE SÍ MISMO
- ANÁLISIS DE LA PROPIA CONCIENCIA
- CUESTIONARIO BREVE
- CUESTIONARIO EXTENSO
- PUNTOS DE MEDITACIÓN
DOMINIO DE SÍ MISMO
- PROPUESTAS
- GUÍA RAZONADA
PARTE PRÁCTICA - EJERCITACIÓN
- LA BÚSQUEDA DE DIOS
- ACCIÓN SOBRE LOS ESPÍRITUS NO LÚCIDOS
- ACCIÓN SOBRE LOS ESPÍRITUS PERVERSOS
|
|
|
|
|
|
CONOCIMIENTO DE SÍ MISMO
Conócete a ti mismo, ha dicho un sabio; y
el único medio de conocerse es hacer el análisis de la propia
conciencia. Tal es el fin de las preguntas que siguen, las cuales
podemos formular pensando íntimamente en Dios, a quien será ésta, sin
duda, la más agradable oración.
Aquel que, en vez de examinarse a sí
mismo, examina a los demás, es digno de censura, pudiéndosele aplicar
aquellas palabras: “Veis la paja en el ojo del vecino, y no veis la
viga en el vuestro”. Y lo fuera más todavía si se sirviese de ese
examen para criticar con malevolencia a sus semejantes. Si, por el
contrario, ve con indulgencia las faltas de los demás y se sirve de
ellas como de un ejemplo que se esfuerza en no seguir, entonces no
tiene nada de reprensible.
Quien medite profundamente sobre las
preguntas que siguen, reconocerá en seguida que pueden darnos como el
balance casi exacto de nuestra propia conciencia.
Pero, ¿cómo resolvernos a hacer
diariamente este examen? ¿No se opondrán a ellos las cotidianas
ocupaciones? A esto puede contestarse con el axioma: Quien quiere de
veras el fin, quiere los medios. Nos dirigimos, pues, a aquellos que
quieren el bien en la práctica, no en la teoría solamente; a aquellos
que quieren el bien en ellos mismos y no tan sólo en los demás; a
aquellos, en fin, que comprenden que para cosechar es preciso sembrar.
Puédese aún añadir que, si pasamos horas y días sacando cuentas que
han de producirnos algún dinero, bien podemos consagrar unos minutos a
sacar la cuenta de un provecho mucho más duradero.
Supongamos que hay muchas personas
imbuidas de tales principios, esforzándose en trabajar por su
perfección, con la mira de obtener la mayor suma posible de respuestas
satisfactorias a las preguntas siguientes; es evidentísimo que sus
relaciones serán a la vez seguras, agradables, exentas de todo engaño,
puesto que todos ellos evitarán hacer nada que pueda perjudicar a los
demás, o siquiera causarles la más simple contrariedad. Que los padres
inculquen esta costumbre a los hijos, los maestros a sus discípulos,
los amos a sus servidores; que en las reuniones de familia, cada uno
de esos artículos sea motivo de una instrucción; así se hará penetrar
en los corazones el sentimiento del deber y se ayudará a la reforma
moral de la humanidad; un pueblo que estrictamente se guiase por estas
reglas realizará toda la felicidad que puede esperarse en la tierra.
Pero, ¿quién dará a los hombres la fuerza
de vencer sus inclinaciones? La certeza de que les va en ello un
interés inmenso, un interés superior a los intereses de la tierra. No
sólo para dejar de sufrir moral y físicamente, estos últimos
traducidos en problemas psicosomáticos en el presente, sino
también prepararnos para ese porvenir, ya que como alma o espíritu
somos inmortales; que la razón admite y cuya realidad demuestran los
hechos. La duda deja el lugar a la convicción, y con la convicción el
hombre se eleva, mediante el pensamiento, por encima de la esfera
material.
La fe en el porvenir es la piedra angular
de la perfección moral del hombre en la tierra; ella sola le dará
fuerzas para vencerse a sí mismo; sin ella, concentra todas sus
facultades en los placeres de la vida corporal y acaba por ser
profundamente egoísta; la caridad y la fraternidad son para él
palabras cuya acción se detiene ante la tumba; con la fe en el
porvenir, el hombre puede operar prodigios de transformación sobre sí
mismo.
CUESTIONARIO BREVE
Contiene implícitamente todos los deberes
y bastan para el examen cotidiano que puede hacerse de las propias
acciones.
1. ¿He olvidado elevar mi alma a Dios,
darle gracias por los beneficios que me ha concedido, por las alegrías
que he gozado, por las buenas inspiraciones que he tenido?
2. ¿He dudado acaso de la justicia y de la
bondad de Dios? ¿He murmurado contra sus designios o las pruebas de la
existencia?
3. ¿He dado a mi tiempo y a mis facultades
un empleo útil, inútil o perjudicial para mí o para los demás?
4. ¿Puedo decir, al fin de la jornada: He
hecho algo bueno, he sido útil a mis semejantes, no he causado mal a
nadie, no he faltado a los deberes de mi posición?
5. ¿He cometido alguna acción que me
avergonzaría declarar?
6. ¿He hecho algo que considere causa de
censura en los demás?
7. ¿Me he complacido en malos
pensamientos, o bien los he rechazado?
8. ¿He resistido a la tentación de hacer
el mal, o bien he cedido al impulso de algún mal pensamiento? ¿He
logrado sobre mí mismo alguna victoria?
9. ¿He dicho alguna palabra, he cometido
alguna acción que pudiera perjudicar a otro, herir su susceptibilidad
o causarle pena?
10. ¿Ha debido sufrir alguno las
consecuencias de mi carácter, de mi cólera, de mi mal humor, de mi
irritabilidad, de mis excesos, de mi negligencia o de mi orgullo?
11. ¿He olvidado consolar a los que se
hallan en la aflicción, o mitigar algún sufrimiento habiendo podido
hacerlo?
12. ¿Acaso he hecho a alguien lo que no
hubiese querido que me hicieran a mí? ¿He hecho por los demás lo que
hubiese querido que hicieran por mí?
CUESTIONARIO EXTENSO
Precisa los hechos de manera que se puedan
fijar con más exactitud las ideas de los que seriamente quieran
trabajar en su perfección. En virtud de su mayor extensión, pueden
reservarse para cuando se disponga de mayor espacio de tiempo.
1. ¿Me he procurado algún placer o alegría
a costa de terceros, o bien ha sufrido alguien por mí?
2. ¿Voluntariamente o involuntariamente he
hecho daño a alguno? ¿He olvidado reparar el daño que haya podido
causar?
3. ¿Me he negado a auxiliar a alguno de
mis semejantes, o he rehusado servirle, sólo porque no participaba de
mis opiniones o de mis creencias?
4. ¿He hecho el bien pensando sólo en mi
provecho personal, o cuando lo hacía calculaba las ventajas que podía
traerme?
5. ¿He hecho el bien por ostentación? ¿He
buscado los aplausos por el bien que cumplía? ¿Me he alabado por los
servicios que había hecho a otros?
6. Al prestar a alguien un servicio, ¿lo
he hecho de modo que pudiera herir su susceptibilidad o su amor
propio? ¿He procurado nunca humillar a aquellos que me estaban
obligados o agradecidos? ¿He reprochado nunca a nadie el bien que le
hubiese hecho?
7. ¿Me he negado alguna vez a hacer el
bien, por haber sido antes pagado con ingratitud?
8. ¿He dado algo que luego haya sido para
mí una privación? ¿Me he alabado de haber dado lo que no me hacía
ninguna falta o bien de la privación que con ello me impuse?
9. ¿He obrado con mezquindad o con
avaricia, cuando podía haberlo hecho con largueza y generosidad?
10. ¿Me ha faltado indulgencia por las
faltas del prójimo?
11. ¿He sido más rígido para los demás que
para mí mismo? ¿He buscado las faltas de los demás antes que las mías?
¿He reprochado en los demás aquello de que yo también soy culpable?
12. ¿He hecho resaltar y puesto en
evidencia las faltas de los otros, en vez de disimularlas o
atenuarlas?
13. ¿He perdonado las ofensas como yo
quisiera que me fuesen perdonadas las mías? ¿Lo he hecho sin
reticencias y sin segundas intenciones?
14. ¿Han perdurado en mí los sentimientos
de odio, de rencor o de animosidad contra alguien? Si partiera hoy
mismo de este mundo, ¿puedo estar seguro de no llevarme ningún
resentimiento?
15. ¿He concebido ideas de venganza contra
alguien? ¿He ejercido acaso alguna venganza?
16. ¿He deseado bien o mal a aquellos de
quienes tengo alguna queja? ¿Me he alegrado o me he entristecido por
el bien que han alcanzado mis enemigos? ¿He deseado la muerte de mis
enemigos?
17. ¿He tenido más presente el mal que el
bien que se me ha hecho?
18. En tal o cual circunstancia, ¿he
devuelto bien por mal, mal por mal o mal por bien?
19. Si en tal circunstancia no he hecho el
mal, ¿ha sido por mi voluntad o porque me ha faltado la ocasión? ¿He
ahogado la voz de mi conciencia cuando me decía que lo que iba a hacer
era cosa mala?
20. ¿Me he dejado dominar por la vanidad y
el amor propio? ¿He buscado lo que podía halagar mi orgullo y mi
vanidad?
21. ¿Me he envanecido de los bienes que me
fueron concedidos; de la fortuna o las perfecciones físicas; de mi
inteligencia o de mi saber? ¿He procurado poner en evidencia mis
ventajas personales, hacerlas valer en daño de otro, humillando a
alguien con su comparación?
22. ¿Me he guiado en mis acciones por el
temor de la opinión antes que por mi propia conciencia?
23. ¿He sentido herida mi susceptibilidad
por los consejos que me han sido dados, por las críticas que se han
hecho de mis ideas, de mis opiniones o de mis producciones? ¿He
concebido animosidad contra los que no me han aprobado?
24. ¿He mostrado encono o susceptibilidad
por parecerme que se me faltaba en algo o que se atacaba mi dignidad?
25. ¿He dado más importancia a las cosas
temporales que a las espirituales? ¿Me ha causado pena la pérdida de
algún bien temporal?
26. ¿Me ha faltado valor para sufrir la
adversidad?
27. ¿He deseado la muerte? ¿He tenido la
idea de sustraerme, por la muerte, a las pruebas de la vida?
28. ¿He envidiado la suerte de los que
poseían lo que yo no tengo y pueden darse los placeres que yo no puedo
procurarme?
29. ¿He envidiado alguna vez los bienes,
las ventajas y los éxitos de los demás? ¿He ambicionado el bien o la
posición de los que están por encima de mí?
30. Los celos ¿me han llevado alguna vez a
cometer actos o decir palabras reprensibles?
31. ¿He buscado lo que podía aplicarse a
mí antes que a los demás?
32. ¿Hay alguna imperfección de la cual me
haya corregido? ¿Soy más sinceramente caritativo, más indulgente, más
benévolo para con el prójimo, más sobrio y más moderado en todas las
cosas; más indiferente a las tribulaciones de la vida? ¿Me espanta
menos la muerte, soy menos orgulloso, menos egoísta, menos amante de
las ventajas materiales y de las distinciones mundanas, menos
ambicioso y menos apegado a los bienes temporales?
PUNTOS DE MEDITACIÓN
1. Pensando en la brevedad de la vida
corporal, en comparación de la espiritual, que es infinita, he de
considerar de cuán corta duración son los males terrestres para aquel
que hace lo que debe a fin de no merecer otro castigo después de esta
existencia.
2. Elevándome, con el pensamiento, por
encima de la vida terrestre, para considerarla desde el punto de vista
del más allá, he de comprender cuán pueriles son y cuán mezquinas las
cosas a que damos tanta importancia y que tanto nos atormentan en la
tierra.
3. Antes de quejarme, he de mirar por
debajo de mí, y al ver a otros más infelices he de dar gracias a Dios
por haberme ahorrado mayores sufrimientos.
4. Remontando a la fuente de mis
aflicciones, he de ver si no soy yo acaso la primera causa de ellas, o
son tal vez las consecuencias de una primera falta, de una
imprevisión, del orgullo, de la ambición, de la avaricia o de los
impulsos de pasiones a las cuales no he sabido resistir. En este caso
no puedo acusar a nadie sino a mí mismo.
5. Siendo Dios soberanamente justo y
bueno, no puede afligir a sus criaturas sin motivo. Debo, pues,
decirme que si padezco este sufrimiento ha de tener una causa, y que
esta causa ha de venir de mí mismo, nunca de Dios; que si mis
aflicciones no tienen su origen en las faltas de esta vida, han de ser
forzosamente el castigo de faltas cometidas en una vida anterior.
6. Si sufro en mi orgullo humillado, he de
pensar que, sin duda, yo humillé a otros; si me desprecian o me
maltratan, es que yo maltraté o desprecié a otros, y estoy sufriendo
la pena del talión; que si sufro por la falta de lo necesario, si
padezco frío y hambre, es tal vez porque fui rico e hice mal empleo de
mi fortuna. Si mis padres me martirizan, será porque yo fui quizás un
mal padre, y si sufro por mis hijos, fui tal vez un mal hijo, y así
sucede para hacerme padecer lo que yo hice padecer a otros.
7. Debo decirme también que si mis
actuales sufrimientos no son castigos directos por faltas análogas,
son tal vez pruebas libremente elegidas por mí, con la mira de mi
perfección, y que los frutos que ellas den han de hallarse en razón
directa de mi paciencia y mi resignación.
8. Al ver a un miserable que me extiende
la mano he de pensar que si le desprecio yo seré despreciado
igualmente a mi vez, si en esta existencia no, en una existencia
futura, sí.
9. En mi conducta para con mis servidores
y mis inferiores he de pensar que puedo a mi vez tener que servir a
aquellos a quienes he mandado; que si soy duro, exigente y arrogante
con ellos, de igual manera seré tratado; que los que son hoy mis
inferiores o mis subordinados, han podido ser antes mis iguales o mis
superiores, y aun estar ligados a mí por los lazos de la familia o de
la amistad.
10. No podemos pedir a Dios más que lo
necesario; no tenemos derecho alguno a lo superfluo, ateniéndonos a
que este derecho tendría que ser igual para todos y que, en el estado
actual de nuestro mundo, hay imposibilidad material de que cada uno de
los habitantes de la tierra pueda disfrutar de lo superfluo. Si tengo
lo necesario he de estimarme, pues, feliz; si tengo lo superfluo he de
decirme que, si nada he de llevarme de la tierra, la fortuna de que
gozo no es más que un depósito del cual soy únicamente el
administrador y usufructuario; que, al concentrarla en mis manos, Dios
me ha confiado un poderoso instrumento para el progreso y el bien de
todos, con la misión de dirigir su empleo, y del cual habré de dar en
su día estrecha cuenta. Si no la hago servir más que para mi personal
satisfacción, Dios me aplicará estas palabras: Tú has recibido ya tu
recompensa.
11. Si me siento afligido por la pérdida
de personas que me fueron queridas, he de felicitarme de que hayan
salido antes que yo de su destierro y antes que yo gocen de la
felicidad de la vida espiritual, exenta de las amarguras de la vida
terrestre; y he de consolarme de su partida pensando que no hay entre
ellas y yo más que una separación momentánea.
12. No hay una sola imperfección que no
tenga sus consecuencias inevitables en el presente o en el porvenir;
he de decirme, pues, que todos los defectos de que yo no me hubiese
corregido, todas las faltas que no hubiese expiado o reparado en esta
vida, son otras tantas deudas que me será preciso pagar tarde o
temprano y que en una nueva existencia habré de sufrir las
privaciones, las penas y los sufrimientos que son su contrapeso.
13. La nada después de la muerte es lo que
haría inútiles los esfuerzos que yo pudiese hacer para mejorarme;
gracias al conocimiento que tengo de la vida futura, sé que nada de lo
que se adquiera está perdido y que todo sirve para el propio progreso.
No he de despreciar, pues, ocasión alguna de mejorarme moralmente; aún
con la certeza de que me queden pocos años de vida, diciéndome que
todo eso tengo ganado para otra existencia.
14. Los accidentes y las enfermedades que
ponen nuestra vida en peligro son advertencias para hacernos pensar en
la fragilidad de nuestra existencia, que puede quedar rota de un
momento a otro; nos manifiestan la necesidad de aprovechar, para
nuestro progreso intelectual y moral, el plazo que nos es concedido,
pues no nos llevamos de este mundo más que las cualidades del alma, y
únicamente ellas se cuentan.
|
|
|
|
|
|
DOMINIO DE UNO MISMO
PROPUESTAS
El dominio de uno mismo es la propuesta que brindamos para solucionar
todo tipo de problemas psicosomáticos. Es decir, la persona
generalmente dice: yo soy así y a mí nadie me va a cambiar. Pero si
somos así, somos la causa generadora de nuestros problemas, y también
podemos ser la causa de la solución de los mismos, porque somos una
potencia de la naturaleza, tenemos en nosotros toda la capacidad para
dar solución a todos nuestros estados, simplemente basta encaminar
nuestras facultades esenciales, es decir pensamiento, sentimiento y
voluntad en la dirección correcta, que es hacia el bien. O sea, la
causa de sufrimiento que vamos encontrando a través del conocimiento
de nosotros mismos puede ser modificada, llegando a tener un dominio
de toda esa situación. Muchas veces decimos: yo no puedo, pero
tendríamos que decir; yo no quiero. Entonces, si queremos, todos esos
excesos o imperfecciones que vamos encontrando, son modificables.
Siguiendo el análisis decimos, la sociedad es agresiva, nuestro
prójimo nos agrede, no respetan nuestros derechos, pero tenemos que
ponernos a pensar que no vamos a cambiar a los demás, que lo demás van
a cambiar si ellos quieren; debemos lograr que la actitud o el obrar
de los demás no nos perjudique, es decir, buscar de no alterarnos por
lo que ellos hacen, sino dominarnos.
Algunos dirán que en esa situación pasamos por tontos y no respetan
nuestros derechos. Debemos actuar, no por lo que piensan o dicen los
demás, sino por lo que ganamos como ser esencial o alma. Porque el
hecho de alterarnos, de enojarnos significa querer transgredir la ley
natural que es intransgredible, porque siendo inmutable, no la vamos a
transgredir, simplemente la vamos a sufrir. Siendo ésta la situación
real, si queremos dejar de sufrir tenemos que empezar a usar nuestro
razonamiento de manera tal de ir frenando todos los pensamientos
negativos. Para no sufrir efectos psicosomáticos, tenemos que
modificar la causa que los genera y no podemos salirnos de este
ordenamiento si es que realmente queremos dejar de sufrir. ¿Cómo lo
hacemos? Tenemos que usar nuestro razonamiento para ir frenando a cada
momento los pensamientos negativos que vienen a nosotros o que
nosotros mismos generamos a través de alguna imperfección de las ya
antes mencionadas. Para eso debemos estar siempre alerta, es decir
hacer un hábito en nosotros de esa forma de dominar esos excesos.
Además de estar alerta tendríamos que hacer un balance de todos los
instantes del día y cuando aparece algún pensamiento negativo, buscar
de frenarlo. Nuestro deber es obligarnos al final de la jornada a
hacer un análisis, ¿por qué pensamos de determinada manera?, ¿cuál es
el sentimiento que los motivó?, ¿cuántos pensamientos negativos
generamos?, ¿a cuántas personas podríamos haber ayudado y no lo
hicimos? Pues no hacer el bien estando en condiciones de hacerlo es un
mal, pues tiene como causa generadora el sentimiento de egoísmo.
Nuestro deber es inclinar el pensamiento y la acción hacia el bien,
porque nos favorece, obligándonos a estar relacionados en las tareas
de bien. Frenar las actitudes negativas que generamos, de manera tal
que esa forma de actuar sea un hábito permanente. Si bien los demás no
conocen nuestro pensamiento, este pensamiento está, aunque ellos no lo
vean y sufrimos las consecuencias de esa forma de pensar, creando una
atmósfera desagradable por la acción de los pensamientos negativos. En
el hábito de ir frenando los pensamientos y acciones negativas, en el
ejercicio de la voluntad, iremos produciendo en nosotros un progresivo
proceso de transformación moral.
También podríamos tomar los cuestionarios buscando realmente de
encontrarnos. Es aconsejable hacernos preguntas claras y terminantes,
no temiendo en multiplicar esas preguntas, porque cuando nos
interrogamos, sin vueltas, buscando la verdad, es evidente que en el
fondo siempre va a aparecer cuál es la causa generadora de ciertos
estados. Y cuando tengamos dudas sobre alguna acción o algún
pensamiento, tomémosla a esa acción como si la hiciese otro. Ahí
veríamos realmente si eso está bien o está mal, porque generalmente
vemos las faltas de los demás sin ver nuestras propias faltas; la ley
natural está grabada en nuestra conciencia, y a cada instante nos
indica lo que está bien y lo que está mal, no tenemos forma de
equivocarnos. También tendríamos que tener en cuenta la opinión de
nuestros enemigos, ya que ellos nos dicen las cosas tal cual son. El
problema en nosotros radica en que tenemos un falso concepto de
nosotros mismos. Por el diario vivir, estamos acostumbrados a mirar a
los demás, a imitarlos, normalmente a devolver injusticia por
injusticia y es lo que no se tiene que hacer, porque sufrimos las
consecuencias molestas e inevitables de nuestra forma de pensar y
actuar equivocadas.
Hay que tener en cuenta que si generamos pensamientos negativos o
malos pensamientos, a través del sentimiento de orgullo, celos,
vanidad, interés personal, etc, en exceso, debemos admitir, nos guste
o no, que tenemos un problema moral. Si fuésemos elevados moralmente,
como a veces pretendemos serlo, no generaríamos malos pensamientos,
entonces ¿por qué aparecen esos malos pensamientos? Aparecen porque
somos seres imperfectos igual que los demás seres que pueblan este
planeta.
Como ya mencionamos, no vamos a cambiar a los demás, debemos tomarlos
como seres imperfectos, es decir que si su grado de esclarecimiento
fuese más elevado, obrarían de otra forma, de manera tal de no
perjudicarnos. Por lo tanto, tenemos que desarrollar la indulgencia,
la benevolencia, el perdón de las ofensas, la humildad, todos aquellos
sentimientos que en nosotros, si bien existen, tal vez están muy
alejados de lo bien que deberían estar. Porque si estuviesen al nivel
que nosotros necesitáramos, no generaríamos malos pensamientos. En
este trabajo diario que debemos hacer, tendríamos que obligarnos, de
la misma manera que nos obligamos a trabajar todos los días, a entrar
a horario, y a hacer determinada tarea. Para realizar esta
modificación y conseguir o lograr dominio de lo que somos nosotros
mismos (pensamiento, sentimiento, voluntad), tendríamos que estar
siempre alerta, de la mañana a la noche, ponerles freno a los
pensamientos negativos o malos pensamientos que elaboramos, porque si
seguimos dándole curso nos perjudican. Hay un dicho que dice “si los
malos supieran que buen negocio es ser bueno, hasta por negocio serían
buenos”.
Del libro: Cómo superar los problemas psicosomáticos por
sí mismo.
Autor-editor: Academia Filosófica de La Plata.
DOMINIO DE UNO MISMO
GUÍA RAZONADA
- Rechazar los malos pensamientos en forma constante y permanente y no
cometer ninguna acción guiada por ellos.
- Cuando comenzamos a modificar nuestra forma de pensar y actuar,
siempre debe prevalecer la razón por sobre la impulsividad, pues en la
búsqueda de la verdad debemos tener calma y no mezclar nuestras malas
pasiones en las respuestas, es decir debemos pensar, indagar y luego
actuar, guiados por la razón.
- No debemos olvidar, porque así está demostrado, que cuando pensamos
y actuamos mal somos nuestro propio enemigo, porque sufrimos las
consecuencias molestas e inevitables de este obrar equivocado. De esto
no podemos culpar a nadie, sino a nosotros mismos.
- Siendo la virtud la resistencia voluntaria a las malas tendencias,
no puede ser enseñada, es decir nadie nos puede enseñar lo que debemos
hacer, lo tenemos que aprender por nosotros mismos. Los demás nos
pueden decir cómo se hace, pero el hacerlo está en cada uno de
nosotros. Conociendo la causa (que son nuestras imperfecciones), que
hace que generemos malos pensamientos y acciones, debemos llevar a la
vivencia el resistir voluntariamente a ellas; en eso consiste la
virtud.
O sea que no es solamente estudiar nuestras imperfecciones,
conocernos, sino también trabajar para derrotarlas, quitar el exceso,
la demasía de ese egoísmo, celos, orgullo, sensualismo, interés
personal, etc.
El dominio de uno mismo consiste en ser constantes y perseverantes en
resistir a las malas pasiones y tendencias (VIRTUD), haciendo un
hábito de pensar y obrar bien, o sea transformándonos moralmente.
- Lo importante a tener en cuenta es que si tenemos malos
pensamientos, ésos son el efecto de alguna imperfección, que es la
causa generadora; es también el indicio de algo que tenemos que
empezar a frenar en forma permanente, indagando su causa y
esforzándonos en dominarla; de actuar en forma distinta a la que
estamos acostumbrados a vivir.
- Siendo la moral la regla de conducirse bien, que se basa en la
observancia de la ley natural, que tenemos grabada en la conciencia y
que tiende hacia el bien, debemos admitir que si pensamos y actuamos
mal tenemos un problema moral, y por una cuestión de justicia natural
sufrimos los efectos de nuestros pensamientos, a través del estrés o
problemas psicosomáticos, y por este mismo principio, al obrar mal
sufriremos las consecuencias y deberemos compensar nuestro erróneo
proceder, durante la presente existencia, o bien en el mundo esencial
o espiritual cuando dejemos el cuerpo físico, o en una nueva
existencia con otro cuerpo físico.
- Siendo el hombre un alma con cuerpo físico, este conocimiento no
solamente contribuye a dar solución a un problema actual, sino que
ayuda a prepararnos para el porvenir, puesto que la vida del alma es
eterna, siendo este período de vida que nos toca vivir, un momento en
la eternidad de la vida del alma.
De lo que se deduce que todo el progreso moral que vamos obteniendo,
no lo echamos al olvido, sino que lo retenemos para hacer más y mejor
lo que antes hicimos. Cuando uno adquirió conocimientos en el camino
hacia el bien e hizo un hábito permanente en la forma de pensar y
obrar bien, demuestra el progreso como alma cuya meta es alcanzar la
perfección moral.
Debemos perfeccionarnos moralmente para dejar de sufrir. La felicidad
no está en las cosas materiales de la vida, sino en nuestro progreso
moral como alma.
- Hay que tener en cuenta que somos seres imperfectos y que los
problemas van a estar siempre, la cuestión es cómo los enfrentamos. Si
actuamos impulsivamente, nos enojamos, nos alteramos, vamos a sufrir
las consecuencias. Significa que debemos mantener la calma para
enfrentar los problemas, de lo contrario vamos a tener dos problemas,
el que ya tenemos que hace que pensemos negativamente más un problema
psicosomático, que es la consecuencia.
- Nuestro prójimo también es imperfecto, como nosotros; tiene sus
imperfecciones morales y a veces actúa mal y en forma agresiva para
con nosotros, pero lo que debemos tener presente es que no lo vamos a
cambiar; él modificará si quiere. Debemos procurar educarlo, para que
no siga procediendo mal y si ello no nos es posible, tenemos que
buscar que sus actitudes no nos perjudiquen, ni hieran. Dicho prójimo
vive en la ignorancia, aunque intelectualmente sea ilustrado. Si fuera
más esclarecido no obraría equivocadamente. Por lo tanto debemos ser
indulgentes, benevolentes, perdonar las ofensas, y si bien en
apariencia lo hacemos por los demás, que tal vez saldrán beneficiados,
lo estamos haciendo por nosotros mismos como forma de progreso. En el
hombre hay dos progresos, el intelectual que marcha siempre aún para
el mal y el progreso moral que es la regla de conducirse bien.
Decía Sócrates: El talento separado de la justicia y la virtud es una
despreciable habilidad y no la sabiduría.
- Todo mal pensamiento o acción es producto de una imperfección a
modificar. Ésta no es una tarea fácil, porque cuando nos manifestamos
lo hacemos de acuerdo a nuestro grado de evolución, o sea de acuerdo a
nuestra depuración como alma o a nuestras imperfecciones. Por lo tanto
los malos pensamientos, producto de las imperfecciones morales, es lo
que traemos al nacer o renacer, vicios de los que no nos hemos podido
despojar a través de la sucesión de vidas anteriores.
Empezando a ejercer un control permanente todos los días y en todos
los momentos del día, rechazando los malos pensamientos, buscando de
no alterarnos, angustiarnos, deprimirnos o enojarnos, vamos a ir
logrando pequeñas victorias sobre nosotros mismos, pues somos nuestro
propio enemigo y también analizar si nos seguimos equivocando. Debemos
estar atentos ejerciendo el control y esforzándonos para modificar,
eso significa progreso. Con la perseverancia lograremos un hábito de
obrar bien. Otra cuestión a tener en cuenta es que la vida del cuerpo
es transitoria y nada de lo material nos vamos a llevar.
- No debemos abandonar el trabajo ya iniciado de dominar nuestras
imperfecciones, nuestra vida como alma es eterna y toda modificación
es valiosa. Decía Sócrates: “El cuerpo necesita sustento y las cosas
materiales nos acarrean incontables distracciones, de manera tal, que
es imposible vernos en sí mismos por nosotros mismos (como alma,
espíritu, ser esencial). El cuerpo se entromete en todas nuestras
investigaciones, produciendo confusión y desorden y perturbándonos, de
modo que por su causa no podemos divisar lo verdadero”.
- No importa lo grave de nuestro pensar y actuar hasta este momento,
porque ya está hecho, lo importante es que desde ahora en adelante
debemos perseverar sobre el control de los pensamientos y acciones
teniendo buenos propósitos. Una forma de compensar nuestro anterior
modo equivocado de pensar y actuar, es hacer todo el bien que nos sea
posible.
- En la medida que dominemos los pensamientos negativos, los problemas
de estrés o psicosomáticos desaparecerán solos, pues al cesar la causa
es imposible que el efecto subsista.
- Hemos dicho que nuestro prójimo es imperfecto como nosotros y entre
ellos hay seres que se complacen en el mal; no respetan nuestros
derechos, buscan de herirnos y alterar nuestra armonía interior
(relativa), tal vez podamos sentirnos lesionados en el orgullo, celos,
interés personal, etc. En este caso debemos tener en cuenta que a
estos seres SE LOS CANSA POR LA PACIENCIA, porque enojándose se hace
lo que ellos quieren, pues ése es precisamente su objeto. Cuando uno
toma las cosas con tranquilidad esa persona dejará de perturbar.
Si nos enojamos seguramente es porque el sentimiento de orgullo está
en demasía y cuando deponemos actitudes estamos trabajando por tener
humildad, que es lo opuesto. No importa pasar por tontos, aun cuando
perdamos como hombre, porque ganamos como alma o espíritu.
- Una muestra clara de lo rebelde que somos al cumplimiento de la ley
natural, grabada en nuestra conciencia (siendo nuestras imperfecciones
las que hacen que queramos transgredirla) se puede observar cuando les
damos instrucciones a nuestros hijos para que no actúen mal; ellos no
obedecen aunque las recomendaciones o consejos que uno les brinda son
para su bien.
De la misma forma que no escuchan la voz de los padres, cuando son
grandes tampoco escuchan la voz de la conciencia, que les indica lo
que está bien y lo que está mal.
Si esto lo llevamos a nosotros, es lo que nos acontece debido a
nuestras imperfecciones morales: egoísmo, orgullo, interés personal,
etc. en demasía, que hace que pensemos y actuemos mal, queriendo
transgredir la ley natural, y una consecuencia de esto es el estrés o
problemas psicosomáticos.
El bien es lo que se ajusta a la ley natural grabada en la conciencia
y el mal todo lo que de ella se aparta.
Normalmente los materialistas no admiten este orden de cosas que
estamos explicando. Lo que debemos tener en cuenta es que a través de
la modificación de la forma de pensar podemos superar por nosotros
mismos, los problemas de ESTRÉS o psicosomáticos de cualquier tipo,
sea hipertensión, psoriasis, asma, etc., aunque la afección sea de
nacimiento. Si es de nacimiento, lo hemos dicho, será efecto de lo que
traemos al nacer o renacer como vicio original, que es la causa
generadora de esa afección, lo que nos corresponde por una cuestión de
justicia como alma. Pero cuando la afección aparece en un determinado
momento de la vida tenemos que investigar cuándo empezó, cómo empezó y
qué aconteció en esa época, porque siempre hay un hecho determinante
en la vida de uno, algo que no nos gustó, por lo que pensamos
negativamente, apareciendo luego el efecto psicosomático (ver
estresores o situaciones estresantes – Cuadro N° 2).
- Cuando uno no puede dominar sus malas tendencias es porque se
complace en ellas, por lo tanto si sufrimos es por no querer modificar
nuestra forma de pensar y actuar respecto a nuestros excesos.
- Debemos comprender que el pensar y actuar mal nos convierte en
nuestro propio enemigo, o ya lo somos por ley de causa (imperfecciones
morales) – efectos (sufrimientos o problemas psicosomáticos). Podemos
escapar a ciertas leyes humanas, donde tal vez todo se acomoda. Aquí
las reglas de juego son distintas: queremos transgredir la ley natural
grabada en nuestra conciencia y esa ley es intransgredible, la
sufrimos. Eso demuestra la justicia divina o natural, pues el hecho de
sufrir las consecuencias de los malos pensamientos nos está indicando
que esta justicia natural es intransgredible, ya que los problemas
psicosomáticos son un efecto de quererla transgredir.
- El camino es simple: dolor o
razonamiento. O bien seguimos sufriendo por no modificar y es lo que
nos corresponde por justicia, o bien razonamos y nos ponemos en el
camino de ayudarnos a nosotros mismos corrigiendo nuestra mala manera
de pensar y actuar, pues nadie puede hacer nada por nosotros sino
nosotros mismos, modificando la causa generadora. Por eso volvemos a
que la virtud, que es la resistencia voluntaria a las malas
tendencias, no puede ser enseñada, pues los demás nos pueden decir
cómo se puede y se debe hacer, pero quien lo debe llevar a la vivencia
somos nosotros mismos.
- Otro punto importante es que uno debe
interrogarse diariamente, durante el día y al final de la jornada, y
no hacerse concesiones de ningún tipo. Cuando nos analizamos y
encontramos cosas negativas en nosotros, no necesitamos decírselo a
nadie, pero no nos podemos engañar a nosotros mismos, o hacernos
trampas. Debemos admitir las cosas tal cual son y ello nos va a dar
una idea exacta de los pensamientos y actitudes a modificar. Al hacer
de esto un hábito, un modo de vida, y obligarnos en forma
constante, a la tarea, que no es fácil, con el tiempo conseguiremos
darnos cuenta de la causa pueril que nos hacía sufrir.
A veces creamos males imaginarios, que si
los tomamos con tranquilidad podemos darnos cuenta por qué cosas de
poca o ninguna importancia sufrimos y en ocasiones relacionadas a los
intereses personales: familia, casa, auto, trabajo, etc., que es el
signo más característico de las imperfecciones. Basta a veces pulsar
la nota de interés personal en exceso para que el fondo quede al
descubierto. En definitiva, nuestros sentimientos demuestran que
vivimos más la vida del cuerpo que la del alma y es así que
concentramos todo nuestro pensamiento en las cosas materiales de la
vida y en nuestras pasiones: orgullo, celos, vanidad, etc., en exceso.
En ocasiones somos rígidos con nuestro
prójimo, pues no tenemos indulgencia, benevolencia y no perdonamos las
ofensas. Cuando algo nos molesta generamos rencor, animosidad,
devolver mal por mal que es justamente lo que no se debe hacer. Si nos
preguntamos: ¿yo no cometí faltas y acaso no voy a necesitar
indulgencia por parte de los demás? En nosotros hay una falta de
dominio con respecto a las pasiones, un problema de educación, pero no
la intelectual que se aprende en cualquier parte, sino la educación
moral, la que nos conduce al hábito de pensar y actuar bien como medio
de dejar de sufrir en el presente y en el futuro.
- Generalmente expresamos: – Yo soy bueno,
no le hago mal a nadie. – La pregunta es ¿por qué pienso mal?
- En la vida del hombre hay un problema de
metas. Por lo general se tiene la idea que todo termina con la vida
del cuerpo, pero en realidad por todo lo expresado hasta aquí, se
demuestra que como alma somos inmortales y que el hombre (ALMA CON
CUERPO FÍSICO) lleva la ineludible responsabilidad de sus actos y
pensamientos; siendo imperfecto, obra equivocadamente y sufre los
efectos físicos y morales de su erróneo proceder.
- El conocimiento y dominio de sí mismo
sirve para dar solución a los problemas de estrés o psicosomáticos y
espirituales, para prevenir futuros problemas y se puede transmitir a
otras personas que obtendrán similares resultados.
|
|
|
|
|
|
PARTE PRÁCTICA
EJERCITACIÓN
Encontramos antecedentes de esta
ejercitación en el BARDO THÖDOL: la liberación mediante la audición en
el plano espiritual (post-morten) o conjunto de instrucciones para los
desencarnados, utilizados por el lamaísmo o budismo tántrico del Tibet
(tratado o disertación de índole religiosa).
Se originó, o tal vez sería más correcto
decir, se encargó su redacción en el siglo VII (d. C.).
Su uso general actual en todo el Tibet no
puede ser el producto de unas pocas generaciones, más bien testimonia
convincentemente su antigüedad, confirma el origen prebudista y al
menos parcialmente Bön (doctrina del renacimiento), basado en gran
medida sobre la filosofía del yoga.
Está fundamentado en la filosofía
espiritualista de León Hipólito Denizard Rivail (A. Kardec).
Mediante la aplicación de esta
metodología, una persona puede salir por su propio esfuerzo de sus
problemas psicosomáticos.
Ahora ya conoce el origen de tales
problemas; sabe que se fundamentan en las propias deficiencias: la
forma de pensar, de sentir, de actuar y de los vicios adquiridos,
mentales y físicos, que le llevaron a una dependencia, con las
consecuencias que también ya conoce.
Sabe también que el camino a seguir pasa
por el Conocimiento y Dominio de Sí Mismo; que mediante un
progresivo y sostenido perfeccionamiento de la persona, podrá lograr
ir superando sus problemas actuales, vislumbrar otros que ahora están
ocultos, y además producir los elementos preventivos que le pongan a
cubierto de otras asechanzas.
En esto no existe nada de milagroso, nada
de sobrenatural, ya que todo es explicado y puede ser comprendido por
todas las personas sin ninguna excepción; basta que cada uno tome
conciencia de su situación y decida determinarse en el Bien, dejando
de lado prejuicios que no llevan a nada y comprendiendo que no tiene
otro camino de salvación y de vida, sino el que decida transitar
conscientemente con su propio esfuerzo.
Los ejercicios que se están proponiendo,
deberá hacerlos por la mañana, como primera tarea de la jornada, y
luego por la noche, antes de retirarse a dormir. En la mañana, porque
viene a la tierra desde el mundo espiritual para hacer otro día de
labor y necesita colocarse en mejor situación para realizarla, y en la
noche antes de dormir, porque es una preparación para el retorno
transitorio al mundo espiritual. El hombre, aunque lo ignore, siempre
está actuando entre esos dos mundos: el espiritual y el terrenal. Al
primero pertenece como Ser Esencial Individual y al segundo por su
condición de hombre, con su cuerpo físico.
Ubicarse en un lugar tranquilo de la casa
donde nadie pueda interrumpirlo. Sentarse, en meditación; liberar el
pensamiento de toda preocupación terrena y esforzarse sinceramente por
comenzar a mirar hacia el interior del Ser, en una indagación cada vez
más profunda de sí mismo: tratando de ver cómo es realmente y qué
se siente.
Identificar las imperfecciones que se
padecen, el grado y la incidencia en la conducta, con absoluta
honestidad y sin hacerse concesiones.
Iniciar el camino y persistir en él,
procurando en forma creciente el conocimiento de sí mismo, el dominio
y control de las facultades espirituales, en un esfuerzo por la
transformación moral.
PRÁCTICA DIARIA
1- LA BÚSQUEDA DE DIOS
Mentalmente ir en la búsqueda de Dios (sin
figura, sin ubicación y sin tiempo), porque está en el interior del
Ser.
Dialogar con Él en silencio. Transmitirle
un pensamiento y aguardar la respuesta. Es una tarea a la que no se
está habituado y por ello resulta difícil. Sin embargo, debería ser
fácil el dialogar con el Padre, con nuestro Creador.
“Padre, perdón por mis errores. Inspírame
para que siempre pueda hallar el camino del cumplimiento de mi deber
espiritual; que siempre pueda tomar la fuerza espiritual positiva que
me rodea y que me sea posible adquirir cada día más fe, más amor, más
caridad. Inspírame para que pueda sacar de mí todo pensamiento y
sentimiento de orgullo, de vanidad, de amor propio, de envidia y de
sensualismo.
Que pueda sacar de mí la ira, la
iracundia. Que nada de lo que digan y hagan los demás pueda
molestarme, ni separarme. Que pueda sacar de mí la soberbia, la
altanería, que pueda reemplazarla por un creciente sentimiento de
humildad.
Quiero ser manso y bueno. Quiero ser un
digno mensajero portador de Tu Palabra entre los hombres de buena
voluntad.
Quiero fortalecer los lazos que me unen a
mi Guía Espiritual para comprenderlo, para amarlo, para conocer qué es
lo que debo hacer en el cumplimiento del plan espiritual que me trajo
a la tierra. Quiero mantener abierto un canal de comunicación con mi
Guía Espiritual, para que él pueda influir en mi pensamiento y guiarme
por el camino certero del cumplimiento de mi deber.
Quiero fortalecer los lazos que me unen a
todos mis hermanos, para amarlos como a mí mismo.
Quiero tener la seguridad y la serenidad
para tratar siempre con discernimiento, todas las cuestiones de la
vida terrenal. Que nada ni nadie pueda desviarme del buen camino ni
alterar mi paz interior. Padre, inspírame para que siempre pueda
hallar el camino del cumplimiento de mi deber espiritual, por sobre
todas las dificultades de la vida terrenal. Quiero cumplir con los
compromisos contraídos en el Mundo Espiritual, no importa cuáles sean
los inconvenientes de la tierra.
Padre, inspírame para que siempre pueda
encontrar el camino en medio de la confusión; que pueda hallar las
palabras y las actitudes adecuadas a ese cumplimiento; que no decaiga
mi ánimo en los momentos de luchas y de enfrentamientos; que
deponiendo actitudes personales podamos marchar todos unidos por el
camino de la Verdad”.
2- REALIZARLO HABLANDO A MEDIA VOZ
Este ejercicio debe ser realizado a
continuación del anterior y también repetirlo por separado, durante el
día o cuando la situación personal lo requiera.
Por el estudio e interpretación de la
parte teórica, se podrá ir formando una imagen cada vez más nítida de
lo que es el mundo espiritual, poblado de seres como nosotros pero sin
el cuerpo terrenal. Que sienten, piensan, quieren, sufren y actúan
como si estuvieran en la Tierra, cuando el nivel en que se encuentran
es bajo y todavía no han llegado a la lucidez del espíritu libre.
En su mayor parte ni siquiera saben que
han dejado su cuerpo terrenal y siguen padeciendo las sensaciones que
tenían antes de su desencarnación.
Cierto número de ellos que nos rodean y
nos hacen sentir su presión, pueden estar sufriendo por nuestra culpa
y esperan de nosotros la debida reparación.
También están los que se sienten atraídos
por nuestras imperfecciones, a través de nuestra deficiente forma de
pensar, de sentir y de querer, respondiendo a la ley de afinidad.
Por la gran ley de solidaridad universal,
aquellos seres ignorantes de su situación y que necesitan ser
esclarecidos, son aproximados por buenos Espíritus. Moralizarlos:
ésta es la tarea que compete al hombre.
A todos ellos está dirigido este trabajo,
por cuyo motivo debe ponerse en él un creciente sentimiento, en acto
de amor, traducido en la vibración de la palabra, en el buen
pensamiento dirigido a ellos y en la acción de orden magnético. Estos
aspectos deben ser tenidos muy en cuenta.
“Hermano, quiero decirte algo que si lo
comprendes te va ayudar a salir de la situación en que te encuentras.
Hace tiempo que has dejado el cuerpo de la tierra y no te diste
cuenta, porque tienes el pensamiento fijo en las cosas que te
preocupan en la tierra. ¿No sabes que cuando el cuerpo terrenal muere
se sigue viviendo?
El alma, el Espíritu sigue viviendo. Vive igual que cuando estabas en
la tierra; con los mismos pensamientos, las mismas preocupaciones, los
mismos sufrimientos, todo igual, pero sin el cuerpo de la tierra. Tu
cuerpo de la tierra murió. Ahora tienes un cuerpo espiritual. En tí
mismo está la prueba. Compruébalo: tócate, mírate, fíjate, ése no es
el cuerpo de la tierra. Despierta, estás en el Mundo Espiritual.
Pídele a Dios que te ilumine para poder comprender tu situación. Yo te
ayudaré: en el nombre de Dios todopoderoso que caigan esos velos
oscuros que envuelven a este amigo y no le permiten ver su situación
espiritual. Despierta de ese sueño. Estás en el Mundo Espiritual. No
pienses más en las cosas de la tierra. Ya nada puedes hacer y eso te
perjudica.
¿Comprendes ahora que estás en el Mundo Espiritual?
Ahora tienes un cuerpo espiritual liviano que te permite ir a todas
partes, allí donde vayas con tu pensamiento.
Mira a estos seres espirituales de luz que están aquí. ¿Los ves? Son
amigos espirituales que vienen a ayudarte. Te llevarán a un lugar de
descanso donde puedas comprender mejor tu situación. Si tu piensas que
vas con ellos podrás ir. Ten confianza, son amigos que te van ayudar.
Yo te invito a ir con ellos, piensa que vas con ellos, piensa que vas
con ellos, piensa que vas con ellos. Ve con ellos, son amigos”.
Mientras se habla, ir formando círculos
con los brazos extendidos en torno de sí mismo y ampliando cada vez
más el círculo. Ejercer una acción magnética acompañada por un firme
pensamiento en el Bien, procurando que el sentimiento en desarrollo
vibre con la palabra. El Ser en turbación y en sufrimiento se
conmoverá y saldrá de su situación si percibe en quien le habla una
autoridad moral.
A medida que se despierta una mayor
conciencia se advertirá la trascendencia de esta tarea y entonces el
panorama espiritual se irá ampliando.
Obsérvese con detenimiento los resultados
que se vayan obteniendo: ya sea en un mejoramiento personal como en el
ambiente familiar.
Téngase presente que las palabras no lo
son todo: ésta es una simple guía de conducta.
Procure memorizar estos ejercicios para
que cuanto antes deje de leer y así podrá concentrarse mejor en la
tarea.
No desista, piense que puede por sí mismo
dar solución a sus problemas.
3- REALIZARLO HABLANDO A MEDIA VOZ
Este ejercicio va dirigido a los seres
esenciales que conociendo su situación de desencarnados aún se
complacen en hacer el mal, en buscar venganza o en cumplir con el
mandato de otro ser esencial que lo domina.
Para estos seres ignorantes y de baja
condición moral, las palabras y actitudes del ejercicio 2 no tienen
mayores efectos. A veces se ríen, otras se enfurecen y en general el
nombre de Dios carece de significación para ellos.
En consecuencia se hace necesario
desplegar una enérgica acción magnética acompañada de un firme
pensamiento en el Bien, a fin de doblegarlos primero, para luego
ayudarlos a salir de la situación, si ello es posible y están dadas
las condiciones, o bien mantenerlos alejados hasta su arrepentimiento.
Desarrollar con los brazos extendidos una
acción en círculo en torno de sí mismo, en forma envolvente, como si
se viera a la figura del ser esencial y se la envolviera con lazos
fluídicos benéficos, mientras el pensamiento va dirigido en el mismo
sentido y en acto de amor hacia el Ser que está en el error.
“Hermano: tú que estás en contra de las
leyes de Dios que son inmutables. ¿Por qué te opones a mi tarea? ¿Por
qué obedeces a los que te mandan en mi contra?
Mira estos lazos blancos espirituales que te están envolviendo. Es por
tu bien para que dejes de hacer daño, porque ese daño caerá sobre ti y
luego sufrirás mucho para repararlo.
Pierdes fuerza, pierdes fuerza, pierdes fuerza; te sientes envuelto,
te sientes envuelto, te sientes envuelto; ya no tienes fuerza, ya no
tienes fuerza, ya no tienes fuerza; estás envuelto, estás envuelto,
estás envuelto. Éste es el momento para pensar en lo que has hecho
hasta ahora. Para reflexionar.
¡Mira el camino oscuro que has recorrido! ¿Cuánto daño has cometido?
¿Cuántos seres han sufrido por tu culpa? Y lo que es peor aún para ti,
te has olvidado de ti mismo.
Te olvidaste de trabajar por tu progreso espiritual. ¡Cuánto tiempo
perdido! Reflexiona, arrepiéntete, clama a Dios que te ilumine y te
perdone.
Ya no podrás continuar más así. Tendrás que ir a un lugar de luz y de
amor, donde puedas trabajar por tu evolución espiritual.
Que pueda conmoverse tu sentimiento para que te arrepientas con
sinceridad y le clames a Dios que te ilumine y te perdone.
Cuando lo hagas, te esperaré con los brazos abiertos porque soy tu
amigo y quiero tu bien, aunque ahora tú no lo comprendas y estos
amigos espirituales de luz que te acompañan, entonces podrán ayudarte.
¡No temas! No habrá castigo, ¡no habrá venganza!
Dios en su bondad infinita te dará el tiempo y la oportunidad que
necesites, para que con tu propio esfuerzo puedas reparar tus errores.
¡No te demores más! ¡Decídete!, da ese paso, ¡arrepiéntete! Clámale a
Dios que te ilumine y que te perdone. Que te perdone, que te perdone,
¡que te perdone! Padre, perdónalo no sabe lo que hace”.
|
|
|
|