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Estudio Científico de los Problemas Psicosomáticos:

La solución mediante el Conocimiento y Dominio de Sí Mismo -

Libro 1

 

 

SEGUNDA PARTE


Análisis desde la Filosofía

 

El hombre: alma con cuerpo físico

La cuestión genética

Las pasiones y el disfrute de los bienes terrenos

Conocimiento y dominio de sí mismo

La relación entre el estrés (problemas psicosomáticos) y la pluralidad de existencias o reencarnación

Pensadores y filósofos de la India

Filosofía Original de Siddharta Gautama (Buda)

Filosofía Yogi y ocultismo oriental

Antiguo Testamento

Nuevo Testamento

Posición de los Padres de la Iglesia Católica

Sócrates (400 a.C.)

Filosofía espiritualista

Influencia del mundo espiritual sobre las personas

Pensamiento del Filósofo Sócrates (400 a.C.)

Filosofía Yogi y ocultismo oriental

Filosofía espiritualista de León Hipólito Denizard Rivail

Cuadro: Influencia del mundo espiritual sobre las personas

 

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SEGUNDA PARTE


ANÁLISIS DESDE LA FILOSOFÍA


EL HOMBRE: ALMA CON CUERPO FÍSICO

Dejando de lado la parte física, cuyas exigencias pueden ser vistas y controladas, vamos a estudiar los efectos producidos por lo que la medicina denomina la parte psicológica, que como definición podríamos decir que es la parte de la filosofía que estudia el alma.

Generalmente se confunde el estudio del alma, que es causa generadora, por el estudio de la conducta del hombre que no son más que los efectos de esa causa generadora que es el hombre como alma.

El hombre es un alma, espíritu, ser esencial que tiene sus facultades espirituales, Pensamiento, Sentimiento, Voluntad, y posee dos envolturas: una sutil y leve, denominada cuerpo fluídico, cuerpo periespiritual o cuerpo astral, según el sistema filosófico; la otra, grosera, pesada, material que es el cuerpo. Este último es quien recibe directa y constantemente la acción de nuestro pensamiento, que como alma le transmitimos a través del cuerpo fluídico, que hace de vehículo del pensamiento, teniendo por hilos conductores los nervios.

El cuerpo fluídico es de materia sutil e imponderable y está siempre en relación con el grado de adelantamiento moral del alma, traducido en vicios y virtudes innatas que uno trae al renacer. Como consecuencia, lleva la impresión de los buenos o malos pensamientos. Su naturaleza fluídica se modifica con el progreso moral y estando en contacto molecular con el organismo, lo sanea. De ahí que las personas que modifican su forma de pensar negativa, superan naturalmente sus problemas psicosomáticos.

El hombre (género humano) es un alma con un cuerpo físico (espíritu y materia). El cuerpo físico es quien recibe directa y constantemente los pensamientos buenos o malos, que como alma generamos, saneándolo o enfermándolo. Aunque estos pensamientos no se formulen con palabras, la irradiación de los mismos no por eso deja de producirse hacia el organismo y hacia el medio ambiente.


 

Asimismo las sensaciones producidas en el cuerpo físico por los agentes externos, son transmitidos a través del cuerpo fluídico al alma o espíritu que somos nosotros.


De ahí la necesidad del estudio de nosotros mismos como Alma, Ser Esencial, Espíritu, etc., a través de nuestras facultades esenciales Pensamiento, Sentimiento y Voluntad.

Nuestra forma de pensar y el ejercicio de la voluntad están determinados por la elevación de nuestro sentimiento, causa generadora de ese mensaje bioquímico - neurotransmisor (determinado por la medicina) que al transmitirlo al cuerpo físico, a través de los hilos conductores que son los nervios, producen los llamados problemas psicosomáticos (cuando los pensamiento son negativos).

Hay inclinaciones viciosas que son evidentemente inherentes al Alma o Espíritu, porque tienden más a lo moral que a lo físico; otros más bien parecen consecuencia del organismo, y por este motivo uno se cree menos responsable; tales son las predisposiciones a la cólera, a la indolencia, a la sensualidad, etc.

Hoy está perfectamente reconocido por los filósofos espiritualistas que los órganos cerebrales, que corresponden a las diversas aptitudes, deben su desarrollo a la actividad del Alma o Espíritu, y que así este desarrollo es un efecto y no una causa.

Si la actividad del Alma o Espíritu obra sobre el cerebro, debe obrar igualmente sobre las otras partes del organismo; de este modo es el artífice de su propio cuerpo, por decirlo así, a fin de amoldarlo a su necesidad y a la manifestación de sus tendencias.

Por una consecuencia natural de este principio, las disposiciones morales del Alma o Espíritu deben modificar las cualidades de la sangre, darle más o menos actividad, provocar secreciones más o menos abundantes de bilis u otros humores. Así es, por ejemplo, que al glotón se le llena la boca de agua a la vista de un bocado apetitoso. En este caso, no es el bocado el que puede sobreexcitar el órgano del gusto, puesto que no hay contacto, sino el Espíritu que obra, en virtud de la sensualidad que se le ha despertado con la acción del pensamiento sobre este órgano, mientras que en otro la vista de aquel bocado no produce ningún efecto. Por la misma razón una persona sensible derrama lágrimas fácilmente; la abundancia de las lágrimas no da la sensibilidad al Espíritu, sino que la sensibilidad del Espíritu provoca la secreción abundante de lágrimas.

Siguiendo este orden de ideas, se comprende que un Espíritu iracundo debe propender al temperamento bilioso; de lo que se deduce que un hombre no es colérico porque es bilioso, sino que es bilioso porque es colérico. Lo mismo sucede en cuanto a las otras disposiciones instintivas. Un Espíritu perezoso e indolente dejará su organismo en un estado de atonía en relación con su carácter, mientras que si es activo y enérgico dará a su sangre y a sus nervios cualidades muy diferentes. Es tan evidente la acción del Alma o Espíritu sobre la parte física, que se ven a menudo producirse graves desórdenes orgánicos por efecto de violentas conmociones morales. La expresión vulgar: La emoción le ha cambiado la sangre, no está tan desnuda de sentido como podría creerse; pero ¿quién ha podido cambiar la sangre, sino las disposiciones morales del Alma o Espíritu?

Excusarse de los propios defectos por la debilidad de la carne no es más que un subterfugio para eludir la responsabilidad. La carne sólo es débil porque el Espíritu es débil, lo que destruye la excusa y deja al Espíritu la responsabilidad de sus actos. La carne, que no tiene pensamiento ni voluntad, no prevalece jamás sobre el Espíritu, que es el ser pensante y voluntarioso; es el Alma o Espíritu quien da a la carne las cualidades correspondientes a sus instintos; como un artista imprime a su obra material el sello de su genio.

La responsabilidad moral de los actos de la vida queda, pues, íntegra; pero la razón dice que las consecuencias de esta responsabilidad deben estar en relación con el desarrollo intelectual del Espíritu; cuanto más ilustrado es, menos excusa tiene, porque con la inteligencia y el sentido moral nacen las nociones del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto.

Esta ley explica el mal resultado de la medicina en ciertos casos. Desde luego que el temperamento es un efecto y no una causa. Los esfuerzos hechos para modificarle se hallan necesariamente paralizados por las disposiciones morales del Espíritu, que opone una resistencia inconsciente y neutraliza la acción terapéutica. Es preciso, pues, obrar sobre la primera causa. Dad, si es posible, ánimo al medroso y veréis cesar los efectos fisiológicos del miedo.

Esto prueba una vez más la necesidad, para el arte de curar, de tener en cuenta la acción del elemento espiritual sobre el organismo.

Como consecuencia de lo manifestado, nosotros como alma transmitimos directamente al cuerpo físico nuestros pensamientos buenos o malos, así lo saneamos, así lo enfermamos.

Por lo expresado anteriormente, estos pensamientos, a su vez, tienen su punto de partida en nuestro sentimiento. Si analizamos a diferentes personas, podemos ver que todos somos distintos y que existen diferencias intelectuales y morales.

Como conclusión, la cuestión radica en nuestro sentimiento, y el sentimiento está determinado por nuestra evolución espiritual o grado de adelantamiento moral como alma o espíritu.

Nuestra razón nos indica que ese adelantamiento intelectual y moral lo habremos obtenido a través de la pluralidad de existencias, o dicho de otra forma, a través de las sucesivas vidas anteriores o reencarnaciones.

Todos los seres tienden a la perfección y Dios les provee los medios para obtenerla mediante las pruebas de la vida corporal. Pero en su justicia, les reserva que cumplan en nuevas existencias lo que no pudieron hacer o perfeccionar en una primera prueba.

No estaría de acuerdo con la equidad y bondad de Dios, castigar para siempre a aquellos que han podido encontrar obstáculos para su mejoramiento, independientemente de su voluntad y en el medio mismo donde se hallaban ubicados. Si la suerte del hombre después de su muerte estuviera irremediablemente fijada, Dios no habría pesado las acciones de todos con la misma balanza, ni los habría tratado con imparcialidad.

La doctrina de la reencarnación, que consiste en admitir para el hombre muchas existencias sucesivas, es la única que responde a la idea que nos formamos de la justicia de Dios para con hombres de una condición moral inferior, la que puede explicarnos el porvenir y fundamentar nuestras esperanzas, puesto que nos ofrece medios de enmendar nuestras faltas por nuevas pruebas.

El hombre que tiene conciencia de su inferioridad, encuentra en la doctrina de la reencarnación una esperanza consoladora. Si cree en la justicia de Dios, no puede esperar que será por siempre diferente de aquellos que han obrado mejor que él. El pensamiento de que su inferioridad no le deshereda para siempre del bien supremo y que podrá conquistarlo por medio de nuevos esfuerzos, lo sostiene y reanima su valor. ¿Quién al terminar su carrera no lamenta haber adquirido demasiado tarde la experiencia que ya no puede aprovechar? Pero esa experiencia tardía no está perdida, pues la aprovechará en una nueva existencia.

La vida del alma o espíritu está integrada, pues, por una serie de existencias corporales, cada una de las cuales representa para él una oportunidad de progreso, de modo que cada vida corporal se compone de una serie de días, en cada uno de los cuales adquiere el hombre un poco más de experiencia e instrucción. Pero, así como en la vida humana existen jornadas que no aportan ningún fruto, así también en la del alma o espíritu hay existencias corporales que no dan provecho alguno, porque no supo aprovecharlas.

La marcha de los espíritus es progresiva y jamás retrocede. Se elevan de manera gradual en la jerarquía y no descienden del rango que han alcanzado. En sus diversas existencias corporales pueden descender en su condición humana, pero no como espíritus. Así el alma de un poderoso de la tierra, podrá más tarde animar el cuerpo del más humilde de los artesanos y viceversa. Porque las categorías entre los humanos están, a menudo, en razón inversa de la elevación de los sentimientos morales. Herodes era rey, y Jesús carpintero.

Si el hombre tuviera una sola vida, y si después de ella su suerte futura estuviese fijada por la eternidad, ¿cuál sería el mérito de la mitad de la especie humana que muere a tierna edad, para disfrutar sin esfuerzo de la dicha eterna, y con qué derecho sería liberada de las condiciones, con frecuencia tan duras, impuestas a la otra mitad? Semejante orden de cosas no podría estar de acuerdo con la justicia de Dios. Por medio de la reencarnación se establece la igualdad para todos. El porvenir pertenece a todos sin excepción y no hay favor para nadie. Los que llegan últimos sólo pueden atribuirlo a sí mismos. El hombre debe tener el mérito de sus acciones, así como le cabe la responsabilidad de ellas.

Por otra parte, no es racional considerar a la infancia como un estado normal de inocencia. ¿No vemos niños dotados de los peores instintos en una edad en que la educación no ha podido todavía ejercer algún influjo? ¿No conocemos otros que parecieran haber traído de nacimiento la astucia y falsedad, la perfidia y el instinto mismo del robo y el crimen, no obstante los buenos ejemplos que los rodean? La ley civil absuelve sus delitos porque alega que han obrado sin discernimiento. Y tiene razón, pues en efecto actúan más por instinto que en forma deliberada. Pero, ¿de dónde pueden proceder esos instintos tan diversos en niños de una misma edad, educados en idénticas condiciones y sometidos a iguales influencias? ¿De dónde proviene esa precoz perversidad, si no es de la inferioridad del Alma o Espíritu, puesto que la educación no ha intervenido para nada en ello? Los que son viciosos, lo son porque como alma o espíritu han progresado menos y sufren entonces las consecuencias de esto, y no de sus acciones de niño, sino por las de sus anteriores existencias, y de esta manera la ley es la misma para todos y la justicia de Dios alcanza a todo el mundo.

El alma progresa sin cesar al pasar de una a otra existencia, hasta el instante en que logra el grado de perfección necesario para acercarse a Dios.

Todas las almas tienen un mismo origen; son creadas iguales y con idénticas aptitudes para progresar, en virtud de su libre albedrío; todas son de la misma esencia, y entre ellas la única diferencia es la del progreso alcanzado (intelectual y moral); todas tienen el mismo destino y lograrán igual meta, en mayor o menor lapso, según el trabajo y la buena voluntad que pongan en la tarea.

No hay criaturas desheredadas o menos dotadas que otras; Dios no crea seres privilegiados exentos del trabajo que les es impuesto para progresar; no hay seres perpetuamente destinados al mal y al sufrimiento; los que son designados demonios son Espíritus atrasados e imperfectos que dañan en el estado de Espíritus, como lo hacían cuando eran hombres, pero que adelantarán y mejorarán; los ángeles o Espíritus puros, no son seres privilegiados en la Creación, sino Espíritus que han alcanzado su meta, después de haber recorrido el camino del progreso; no hay creaciones múltiples, ni categorías diferentes entre los seres inteligentes, sino que toda creación surge de la ley de unidad que gobierna al Universo y todos los seres gravitan hacia una meta común: la perfección, sin que unos sean favorecidos a expensas de los demás, pues todos son hijos de sus obras.

La pluralidad de existencias explica todas las anomalías aparentes que presenta la vida humana: las diferencias de posición social; las muertes prematuras que, sin la reencarnación, convertirían una vida abreviada en algo inútil para el alma; la desigualdad de aptitudes intelectuales y morales se resuelve también, si entendemos que todos los Espíritus no tienen la misma antigüedad, que algunos han aprendido y progresado más, razón por la cual, al nacer, traen lo adquirido en existencias anteriores.

¿Cómo definir a un hombre de genio? ¿Por qué son hombres de genio? ¿De dónde provienen? ¿Hacia dónde van? Notemos que la mayor parte de ellos traen al nacer facultades trascendentes y conocimientos innatos: un poco de trabajo les basta para desarrollarlos. Sin duda, son parte de la humanidad, ya que nacen, viven y mueren como nosotros. Entonces, ¿de dónde provienen esos conocimientos que no han adquirido en la vida? ¿Opinaremos, como los materialistas, que la suerte los ha dotado de un cerebro de mayor tamaño y mejor calidad que el nuestro?

¿O diremos, como ciertos espiritualistas, que Dios los ha dotado de un alma mejor que la del común de los mortales? Suposición también carente de lógica, ya que acusaría a Dios de parcial. La única solución racional para este problema reside en la preexistencia del alma y en la pluralidad de existencias. El hombre de genio es un Espíritu que vivió más tiempo y que tiene, en consecuencia, mayor terreno ganado que aquellos otros más atrasados. Cuando encarna, trae consigo lo que sabe, y como sabe mucho más que los demás, sin necesidad de aprender, se lo llama hombre de genio. Sin embargo, todo lo que sabe es fruto del trabajo anterior y no el resultado de un privilegio. Antes de renacer, era un Espíritu avanzado: su reencarnación tiene por objeto enseñar lo que sabe a los demás o adquirir nuevos conocimientos.

Sin la preexistencia del alma, la doctrina del pecado original sería inconciliable con la noción de justicia divina, ya que responsabilizaría a todos los hombres por el pecado de uno solo; carecería, además, de sensatez y justicia si, ateniéndonos a tal doctrina, creyéramos que esa alma no existía en la época en que se cometió la falta, por la cual se pretende responsabilizarla.

Con la preexistencia, sabemos que el hombre trae consigo al renacer el germen de las imperfecciones y defectos que no ha corregido y que se traducen en instintos innatos y tendencias determinadas hacia tal o cual vicio. Allí reside su auténtico pecado original, por el cual sufre naturalmente sus consecuencias, mas con una diferencia capital, su sufrimiento se origina en errores propios y no en los de un tercero. Además existe una segunda diferencia que alivia, consuela y trasunta equidad: cada existencia ofrece al hombre los medios para redimirse y reparar, así como para progresar, ya sea liberándose de alguna imperfección o adquiriendo nuevos conocimientos, hasta el momento en que su purificación sea completa y no tenga más necesidad de la vida corporal y pueda vivir entonces la vida de los Espíritus, eterna y bienaventurada.

Debido a esa misma razón, quien ha progresado moralmente trae al renacer, a ejemplo de Jesús, cualidades naturales, al igual que quien ha progresado intelectualmente posee ideas innatas; se identifica con el bien, lo práctica sin esfuerzo, sin cálculo, y, por así decirlo, sin pensar siquiera. En cambio, quien está obligado a combatir sus malos instintos permanece todavía en estado de guerra interno; el primero, ya venció, el segundo, lucha por vencer. Por consiguiente, hay virtud original, como hay saber original y pecado, o dicho con más propiedad, vicio original.

A medida que el Espíritu progresa moralmente, se va desmaterializando, es decir, que al sustraerse de la influencia de la materia se depura: su vida se espiritualiza, sus facultades y percepciones aumentan, mientras que su felicidad será proporcional al progreso realizado. Mas, como actúa en virtud de su libre arbitrio puede, por negligencia o mala voluntad, retardar su adelanto; prolonga, consecuentemente, la duración de sus encarnaciones, las que se convertirán en un castigo conforme a sus faltas. Depende del Espíritu, pues, abreviar con su trabajo de depuración sobre sí mismo, la duración del período de encarnaciones.

Como conclusión: los efectos negativos que el hombre produce en su organismo (mensaje bioquímico - neurotransmisor), son generados por la acción del pensamiento, que tienen su fuente en la elevación del sentimiento, que es el progreso alcanzado o el mérito de sus obras, a través de la evolución espiritual. De ahí la necesidad de progresar moralmente trabajando por nuestras imperfecciones morales, como el egoísmo, orgullo, celos, sensualismo en exceso que es causa generadora de pensamientos negativos.

 

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LA CUESTIÓN GENÉTICA

Genética es la ciencia de la herencia y de los genes, que sostiene que los niños heredan las características de los padres y de los abuelos.

En 1860, el abate GREGOR MENDEL dio una base científica a sus estudios sobre la herencia, comenzando sus experiencias con plantas, luego comprobada en insectos y al poco tiempo, los genetistas que estudiaban patrones de enfermedades hereditarias y otros problemas de descendencia, sostuvieron que las mismas reglas pueden aplicarse al hombre.

Genes: son los transmisores diminutos de los caracteres hereditarios (según Mendel).

Si esta aseveración científica fuera cierta, cada uno de nosotros deberíamos sufrir o sufrimos por la herencia física que nos transmitieron nuestros padres o abuelos.

Sin embargo la experiencia dice que esto no es regla fija y uniforme.

Por otro lado dónde estaría la justicia del Creador si se debe sufrir por lo que nos han transmitido los que nos engendraron; esto es inconciliable con la justicia divina, porque el hombre sería un juguete de la materia. Además no tendría responsabilidad en el mal, como así tampoco mérito en el bien, ya que todo lo que le aconteciera dependería de su organismo.

La cuestión radica en que se han olvidado que cada uno de nosotros es un alma con un cuerpo físico, siendo este último la envoltura del alma lo amoldamos de acuerdo a nuestra necesidad y a la manifestación de nuestras tendencias, o sea que cada uno es el artífice de su propio diseño genético como alma inmortal y modificable de acuerdo a nuestro progreso moral, siendo la disposición genética un efecto y la causa nuestra elevación moral.

Por lo tanto somos los artífices de nuestro cuerpo físico, que no es más que la envoltura del alma.

Sentado esto, los problemas psicosomáticos y las cuestiones físicas hereditarias es lo que nos corresponde por justicia, pero como estamos sujetos a la ley de progreso ésto puede modificarse a través de la transformación moral, que se traducirá en la superación de los problemas psicosomáticos.

Se ha verificado que personas que padecían asma, mal funcionamiento de los riñones y otras afecciones de nacimiento, superaron estas situaciones modificando su forma de pensar a través del conocimiento y dominio de sí mismo, a edad adulta.

Si lo que sostiene la teoría de Mendel, que nuestros padres o abuelos nos transmiten los caracteres hereditarios, las enfermedades de nacimiento, malformaciones, imperfecciones morales traducidas en los llamados vicios originales de tal o cual cosa, como las tendencias a las drogas, al alcoholismo, al tabaquismo, etc., fuese cierta, constituiría una injusticia para algunos y un beneficio para otros que no padecen estas situaciones, de donde se deduce que habría privilegios, y todo privilegio sería una injusticia por parte del Creador.

Si por otro lado admitimos una sucesión de vidas anteriores o pluralidad de existencias, en la que en cada una renovamos el cuerpo físico, al que amoldamos de acuerdo a nuestra necesidad y a la manifestación de nuestras tendencias como alma o espíritu, podemos apreciar la justicia divina. Cada uno trae al renacer el mérito de sus obras, o sea que las tendencias a tal o cual vicio y la forma negativa de pensar o los malos pensamientos, son el efecto de las imperfecciones morales que traemos al renacer y de esto no podemos culpar a nadie, sino a nosotros mismos.

Pero eso no es definitivo, durante la existencia corporal podemos modificar esas imperfecciones que nos traen sufrimientos físicos y morales.

Los sufrimientos físicos pueden apreciarse a través de efectos, debido a la generación de pensamientos negativos (mensaje bioquímico) cuya somatización puede localizarse en diferentes partes del organismo.

En la actualidad vemos a los científicos estudiar el gen del tabaco, del alcoholismo, de la diabetes, etc., ignorando que estos problemas son el efecto, cuya causa somos nosotros como alma y mientras pensemos mal o negativamente habrá efectos.

La forma adecuada de trabajar por la causa es a través del conocimiento y dominio de sí mismo, propuesta del filósofo Sócrates hace 2400 años: “Conócete a ti mismo y nada en demasía”. Justamente en la demasía o exceso está la causa de nuestro sufrimiento y de los problemas psicosomáticos.

“CUANDO LA CAUSA CESA, ES IMPOSIBLE QUE EL EFECTO SUBSISTA”.

(SÓCRATES)

Materialismo

¿Por qué los anatomistas, fisiólogos y, en general, aquellos que profundizan las ciencias de la Naturaleza son llevados tan a menudo al materialismo?

El fisiólogo relaciona todo con lo que ve. Orgullo de los hombres que creen saberlo todo y que no admiten que algo pueda exceder a su entendimiento. Su ciencia misma los torna presuntuosos. Piensan que la Naturaleza no puede ocultarles nada.

Por una aberración de la inteligencia, hay personas que sólo ven en los seres orgánicos la acción de la materia y relacionan con ella todos nuestros actos. No han visto en el cuerpo humano más que una máquina eléctrica. Sólo estudiaron el mecanismo de la vida en el funcionamiento de los órganos. Han presenciado con frecuencia cómo se extinguía la vida por la ruptura de un hilo y sólo pudieron ver ese hilo... Buscaron, por si quedaba algo, y como no han encontrado sino la materia, que se había tornado inerte, no vieron al alma escaparse de aquélla y no pudieron aprehenderla, por lo que concluyeron en que todo residía en las propiedades de la materia y que, por tanto, después de la muerte, el pensamiento se reducía a la nada. Triste conclusión si así fuese, porque entonces el bien y el mal no tendrían sentido, al hombre le asistiría razón al no pensar más que en sí mismo y poner por encima de todo la satisfacción de sus goces materiales.

 “SI LOS MÉDICOS FRACASAN EN LA MAYOR PARTE DE LAS ENFERMEDADES ES PORQUE TRATAN EL CUERPO SIN EL ALMA, Y NO ESTANDO EL TODO EN BUENA DISPOSICIÓN, ES IMPOSIBLE QUE LA PARTE ESTÉ BUENA”.

(SÓCRATES)

 

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LAS PASIONES Y EL DISFRUTE DE LOS BIENES TERRENOS

Dios le ha dado un atractivo al disfrute de los bienes terrenales, con el propósito de incitar al hombre al cumplimiento de su misión, probándolo con la tentación, para que desarrolle su razón que lo preserve de los excesos.

Desear el bienestar es un deseo natural que nos compete a todos los seres humanos.

De las pasiones

Siendo natural el principio de las pasiones, no son malas en sí mismas.

Todas las pasiones tienen su principio en un sentimiento o necesidad natural. Su principio no es, pues, en modo alguno un mal, ya que estriba en una de las condiciones providenciales de nuestra existencia. La pasión propiamente dicha, es la exageración de una necesidad o de un sentimiento. Está en el exceso y no en la causa. Y esa demasía se torna perniciosa cuando tiene por consecuencia algún mal.

La pasión está en el exceso voluntario, porque el principio de ella se ha concedido al hombre para el bien, y puede llevarlo a la realización de grandes cosas. Lo que causa el mal es el abuso que de las pasiones se hace.

Las pasiones son palancas que decuplican las fuerzas del hombre y le ayudan al cumplimiento de las miras de la Providencia. Pero si en vez de dirigirlas, permite el hombre que ellas lo dirijan, incurre en exceso, y aquella misma fuerza que en su mano podía hacer el bien, recae sobre él y lo aplasta.

Toda pasión que acerque al hombre a la naturaleza animal lo aleja de la naturaleza espiritual.

Orgullo, egoísmo y sensualismo son pasiones que nos acercan a la naturaleza animal, ligándonos a la materia.

Todo sentimiento que eleva al hombre por encima de la naturaleza animal, denota el predominio del espíritu sobre la materia y lo próxima a la perfección. El ser humano, mediante sus esfuerzos, puede derrotar sus malas tendencias, y a veces esforzándose poco. Lo que le falta es voluntad. ¡Qué poco nos esforzamos!

No hay pasiones tan vivas e irresistibles que la voluntad sea impotente de refrenar.

El hombre abusa de ellas, en virtud de su libre albedrío, y esto engendra el mal. De ahí las sabias palabras: “CONÓCETE A TI MISMO Y NADA EN EXCESO” (NADA EN DEMASÍA).

Existen muchas personas que dicen: “quiero”, pero sólo en sus labios hay voluntad. Quieren, mas están muy satisfechas de que la cosa no se produzca. Cuando alguien cree no poder dominar sus pasiones, es porque se complace en ellas de resultas de su inferioridad. El que trata de reprimirlas tiene conciencia de su naturaleza espiritual. Derrotarlas significa para él una victoria del espíritu sobre la materia.

El medio más eficaz para combatir el predominio de la naturaleza corpórea es hacer renuncia de sí mismo.

 

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CONOCIMIENTO Y DOMINIO DE SÍ MISMO

Si analizamos en profundidad cómo pensamos y de ahí el sentimiento o pasiones que nos llevan a esa forma de pensar, nos encontraríamos con el siguiente cuadro

                                    

GENERADOR O CAUSA GENERADORA del mensaje bioquímico (neurotransmisor) que enviamos al cuerpo físico.

Siendo el bien siempre bien, de él no nos vamos a ocupar. Si representáramos cualquier sentimiento o pasión mencionados en el cuadro anterior, ya sea egoísmo, orgullo, interés personal... etc.

Veremos que ese sentimiento encerrado en sus justos límites puede ser útil para nuestro adelantamiento, lo malo es el exceso o demasía que nos lleva a pensar y actuar mal. Quiere decir, que la solución de los problemas psicosomáticos o lo denominado ESTRÉS, depende sólo del hombre mismo que debe esforzarce en poner un freno o límite a sus pensamientos negativos para no generar efectos malos. Para ello es necesario tener un control constante y permanente en la forma de pensar, descartando o desechando los malos pensamientos de forma tal, de hacer un hábito o modo de vida, pensando que los acontecimientos de la vida van a estar siempre y nuestro problema es cómo los enfrentamos. Si mantenemos la calma nos ayudará a tener lucidez para darle solución; si por el contrario nos enojamos, alteramos, pensamos mal tendremos dos problemas, el que ya tenemos, que hace que nos alteremos, más el problema psicosomático.

Debemos también tener en cuenta que nuestro prójimo está en las mismas condiciones que nosotros. También es un ser imperfecto que piensa, siente y actúa y posee también imperfecciones que lo hacen pensar y actuar mal. Por lo tanto debemos esforzarnos para que ello no nos perjudique y evitar alterarnos, en la certeza que: QUERER ES PODER.

Como el sentimiento está en función de nuestro grado de adelantamiento por la evolución espiritual, es decir, si vivimos más o menos veces (con otro cuerpo) o progresamos más o menos (intelectual y moralmente), cada uno de los sentimientos tendrá en nosotros más o menos exceso o demasía, y por consiguiente nuestro prójimo está en la misma situación, sea hijo, pareja, familia, pueblo, etc.

De ahí que somos todos distintos, cada uno nos manifestamos a través de las facultades espirituales Pensamiento, Sentimiento y Voluntad, y es normal que existan antagonismos, luchas, disensiones y que se produzca la alteración de la armonía del planeta y de ese cosmos en miniatura que es el hombre mismo.

La ley natural que tenemos grabada en la conciencia tiende hacia el bien, por lo tanto debemos ajustar nuestro pensar y actuar a la misma, si queremos dejar de sufrir. O sea que tenemos deberes para con nosotros mismos: NUESTRO PERFECCIONAMIENTO MORAL, y deberes para con nuestro prójimo: hacerle todo el bien que nos sea posible, no hacer a los demás lo que no queremos para nosotros, en la certeza de que para nosotros no queremos nada malo; ser justo, es decir respetar los derechos de cada cual, ser indulgente con las imperfecciones ajenas, ser benevolente con nuestro prójimo y perdonar las ofensas.

Hacer de esto un camino de vida, una constante, que nos llevará a dejar de sufrir durante la presente existencia y nos prepara para el porvenir cuando dejemos el cuerpo físico, pues no nos llevamos más que las cualidades buenas o malas como alma. Por lo que se puede verificar del presente, que las malas cualidades o imperfecciones nos hacen sufrir física y moralmente, es de deducir que si no nos despojamos de ellas durante la vida del cuerpo lo más rápidamente posible, serán en el porvenir causa de sufrimiento.

No debemos olvidar que somos, cada uno de nosotros, una potencia de la naturaleza, pues poseemos en nosotros mismos la capacidad de dar solución a todos nuestros problemas.

 

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LA RELACIÓN ENTRE EL ESTRÉS (PROBLEMAS PSICOSOMÁTICOS) Y LA PLURALIDAD DE EXISTENCIAS O REENCARNACIÓN

La medicina ha determinado que el cerebro envía al organismo mensajes bioquímicos (neurotransmisores) que cuando son negativos producen efectos físicos como el ESTRÉS (o PROBLEMAS PSICOSOMÁTICOS). Estos efectos físicos pueden ser de nacimiento o comenzar a cualquier edad de la persona, generalmente cuando hay situaciones que nos desagradan (como los producidos por los estresores).

A través de la filosofía y el estudio de nosotros mismos, hemos establecido que los mensajes bioquímicos negativos tienen su fuente en nuestras imperfecciones morales como el egoísmo, la vanidad, el interés personal, etc. en exceso que son los que traemos al nacer o renacer, traducidos en vicios innatos, o sea, es nuestra propia herencia espiritual, por una cuestión de justicia natural. Igual consideración se puede tener con los problemas de nacimiento, pues como alma modelamos el cuerpo para amoldarlo a nuestra necesidad y a la manifestación de nuestras tendencias y en cada período de vida tomamos un cuerpo físico nuevo, siendo éste la envoltura del alma, al que imprimimos el sello de nuestras virtudes y vicios, producto de esa herencia propia. Pero también por justicia natural, con el esfuerzo de la voluntad, podemos trabajar por nuestras imperfecciones (orgullo, celos, etc.) para dar solución permanente a nuestros problemas psicosomáticos y espirituales. Ello significa que estamos sujetos a la ley de progreso espiritual y que depende de nosotros mismos trabajar por la causa para eliminar los efectos; pues nuestra vida como alma, ser esencial, espíritu, etc. es eterna, siendo este período de vida (10, 20, 100 años), un momento en la eternidad de nuestra vida.

El medio más eficaz para dejar de sufrir efectos físicos y morales, en el presente o en el porvenir, sea en el mundo esencial o espiritual o en una nueva existencia, es despojarse de las imperfecciones morales que hacen que pensemos y actuemos mal, sufriendo las consecuencias.

Filosóficamente, la reencarnación es la expresión de justicia y bondad del Creador, que nos permite progresar a través de las pruebas de las sucesivas vidas corporales hasta alcanzar la perfección.

A medida que como alma o espíritu progresamos, nos sustraemos a la influencia material (fuente de nuestras imperfecciones morales), nos espiritualizamos, las percepciones se extienden y la felicidad está en razón del progreso moral cumplido. De ahí las diferencias intelectuales y morales entre todos los seres que poblamos el planeta.

Por negligencia o mala voluntad podemos retrasar nuestro progreso moral, pero está demostrado que sufrimos las consecuencias.

La idea de la reencarnación existía desde tiempo inmemorial, sostenida por filósofos hindúes y egipcios. La idea de la transmigración de las almas constituía una creencia vulgar, admitida por los hombres más eminentes. ¿Cómo llegó a ellos? ¿Por revelación o por intuición? Sea como fuere, una idea no atraviesa las edades y no es aceptada por las inteligencias si no tiene su lado serio.

En consecuencia, la antigüedad de esta doctrina sería más bien una prueba que una objeción.

 

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PENSADORES Y FILÓSOFOS DE LA INDIA

“En la antigua India, los grandes pensadores y filósofos explicaron, que cada alma individual está obligada por la inexorable ley de la naturaleza a recibir su cuerpo como una consecuencia natural de sus anteriores actos y fechorías”.

“Ahora bien, estos antiguos pensadores de la India aplicaban esta ley de Karma para explicar el destino de las almas humanas, y fue sobre esta ley que basaron la teoría de la Transmigración. Sostenían que las almas humanas están atadas a esta ley irresistible y no pueden librarse de ella; sus pensamientos y acciones son las causas que producen resultados de naturaleza semejante. De modo que su nacimiento futuro no depende de su elección caprichosa y libre, sino que está limitado por los pensamientos, acciones o fechorías de sus vidas anteriores”.

“En la teoría hindú de la Transmigración, el alma, al estar sujeta a las leyes de la evolución, manufactura el burdo cuerpo material según sus deseos y tendencias. Así como un germen de vida desarrollará una forma más burda mediante subdivisión celular, mediante crecimiento, y mediante asimilación de las condiciones ambientales, de igual modo, el germen del alma humana manufacturará el cuerpo mediante obediencia a las leyes que gobiernan el plano físico. Los padres no son sino los canales a través de los cuales las almas que migran reciben sus formas materiales. Los padres no crean las almas; no tienen poder para crear. Sólo pueden dar los ambientes apropiados, necesarios para la manufacturación de un burdo cuerpo físico. Las almas llegan con sus tendencias, con sus deseos, y permanecen como gérmenes de vida”.

(Reencarnación – Swami Abhedananda – Calcuta – In-
dia – Edición en español Kier, Bs. As. – págs. 83 /85)

 

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FILOSOFÍA ORIGINAL DE SIDDHARTHA GAUTAMA (BUDA)

El Evangelio de Buda (transcripto de los pitakas o escrituras sagradas del budismo) -

Yogi Kharishnanda (ISBN 950-17-10068 – Editorial Kier)

La pluralidad de existencias también la encontramos en la filosofía original de Siddhartha Gautama (Buda - 600 años a. C. - Iluminado) de la cual hemos extraído algunos párrafos.

- Altos y bajos -buenos y malos han de morir, según se nos enseña, renacen después a una nueva vida, ¿en dónde? ¿cómo? ¿quién sabe? y otra vez las angustias, la muerte y la llama de la pira- tal es el ciclo del hombre.

- ¿No ves en torno nuestro efectos del karma? ¿Por qué los hombres difieren en carácter, posición, riquezas y destino en la vida terrena? Por su karma, que comprende el mérito y el demérito. La reencarnación del alma depende del karma. De las vidas anteriores heredamos los resultados de nuestras buenas y malas acciones. Si así no fuera, ¿cómo podría haber tan profundas diferencias entre los hombres?

- La doctrina del karma es indiscutible porque todo efecto tiene su causa, el hombre cosecha de aquello que siembra; y lo que ahora cosechamos debemos haberlo sembrado en existencias anteriores.

- Veo que el alma reencarna porque está sometida a la ley de causa y efecto y porque el hombre labra su propio destino.

- En verdad que si los hombres vieran de antemano el resultado de sus malas acciones, no las cometerían; pero la personalidad los ciega y siguen sujetos a sus perniciosos deseos.

- Desean ardientemente el placer y engendran el dolor. Cuando la muerte destruye su personalidad no encuentran la paz. Quedan sujetos a la rueda de muertes y nacimientos, y reaparecen en otra personalidad en nuevas existencias.

- Así continúan moviéndose en un círculo, sin poder sustraerse al infierno que ellos mismos se forjaron. Vanos son sus placeres e ineficaces sus esfuerzos.
 

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FILOSOFÍA YOGI Y OCULTISMO ORIENTAL

Yogi Ramacharaka (ISBN 950-17-0613-3) – Editorial Kier

Las almas residentes en planos inferiores permanecen poco tiempo desencarnadas, pues las atrae poderosamente la vida material y en consecuencia las domina el vivo deseo de reencarnar, y generalmente pasan muy poco tiempo entre dos encarnaciones. Cuando reencarnan nacen de padres de su misma laya, de suerte que el ambiente y circunstancias de su nueva vida terrestre apenas difieren de los de su vida anterior. Estas almas toscas y atrasadas, como también las de los salvajes, progresan muy lentamente, con insignificante progreso en cada vida y sufren repetidas y frecuentes encarnaciones para evolucionar algún tanto. Desean vehementemente la vida sensacional (del cuerpo) y el espíritu apenas influye en ellas. Sin embargo, por lentamente que sea, dan algún paso adelante.

Aún quienes reencarnan inconscientemente, como le sucede a la mayoría de la humanidad, no reencarnan contra su deseo. Al contrario, renacen porque lo desean, porque sus gustos y aficiones suscitaron apetitos sencientes que sólo la renovada vida en la tierra puede satisfacer, y aunque no están del todo conscientes de ello, ceden a la ley de atracción y renacen en el ambiente más a propósito para colmar sus deseos y satisfacer sus anhelos hasta el hastío, de manera que se extingan por consunción y los sustituyan otros de índole superior. Mientras el ego apetezca las sensaciones de la vida física y no sea capaz de sobreponerse voluntariamente a ellas, renacerá para saciar sus deseos. Pero cuando la experiencia de muchas vidas le enseña al alma lo ilusorio y deleznable de la vida senciente, se van amortiguando los ardientes deseos que por fin mueren y el alma se emancipa de la ley de atracción y de la necesidad de renacer hasta que algún deseo o aspiración superior despierte en ella, en el transcurso de la evolución de la humanidad con nuevos tiempos y nuevas razas.

La pluralidad de existencias está contenida también en los siguiente pasajes:
 

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ANTIGUO TESTAMENTO

JOB 14 - 10 y 14:

“Cuando el hombre ha muerto, vive siempre, al concluir los días de mi existencia terrestre aguardaré, porque volveré de nuevo aquí”.

EZEQUIEL 37 - 5-6, 9:

“Así dice el señor Yahveh a estos huesos. He aquí que yo voy a hacer entrar el espíritu en vosotros, y viviréis. Os cubriré de nervios, haré crecer sobre vosotros la carne, os cubriré de piel, os infundiré espíritu y viviréis”.

“Dirás al espíritu: Así dice el señor Yahveh, ven, espíritu de los cuatro vientos, sopla sobre estos muertos para que vivan”.

ISAÍAS 26 - 19:

“Revivirán tus muertos, tus cadáveres resurgirán, despertarán y darán gritos de júbilo los moradores del polvo; porque rocío luminoso es tu rocío y la tierra echará de su seno las sombras”.
 

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NUEVO TESTAMENTO

SAN MATEO 16 - 13 A 17:

“Viniendo Jesús a la región de Cesárea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿quién dicen los hombres que es el hijo del hombre? Ellos dijeron: unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros Jeremías, o alguno de los profetas. Él les dijo: y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: tú eres el Cristo, el hijo del dios viviente. Entonces le respondió Jesús: bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos”.

SAN LUCAS 9 - 7 A 9:

“Herodes el Tetrarca oyó de todas las cosas que hacía Jesús; y estaba perplejo; porque decían algunos: Juan ha resucitado de los muertos; otros, Elías ha aparecido; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado. Y dijo Herodes: a Juan yo le hice decapitar; ¿Quién, pues, es éste, de quien oigo tales cosas? y procuraba verle”.

SAN MATEO 17 - 10 A 13:

(Después de la transfiguración): “Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo ¿por qué, pues dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero? Respondiendo Jesús, les dijo: a la verdad Elías viene primero, y restaurará todas las cosas. Os digo, sin embargo que Elías vino ya, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el hijo del hombre padecerá de ellos. Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista”.

SAN MATEO 11 - 12 A 15:

“Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan. Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir. El que tiene oídos para oír, oiga”.

El profeta Elías vivió (Libro Primero de Reyes 17, 1), otro profeta Malaquías anuncia su regreso (Malaquías 3, 23) y Jesús confirma su regreso a la vida corporal (reencarnado) en la persona de Juan el Bautista.

SAN JUAN 3 - 1 A 12:

“Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo un principal entre los judíos. Éste vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tu haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: de cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: de cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de donde viene, ni adonde va, así es todo aquel que es nacido del espíritu. Respondió Nicodemo y le dijo; ¿cómo puede hacerse esto? Respondió Jesús y le dijo: ¿eres tu maestro de Israel, y no sabes esto? De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos, hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. Si os he dicho estas cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijese las celestiales?”.

 

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POSICIÓN DE LOS PADRES DE LA IGLESIA CATÓLICA

- Orígenes (186-254 d. C.): libro “Primeros principios”: la posición de cada ser creado es el resultado de su propia obra y de sus propias motivaciones.

- Algunos padres de la Iglesia sostuvieron la reencarnación hasta el año 553, en la que el emperador Justiniano la condenó calificándola como una herejía. ¿Puede una ley de la naturaleza ser derogada por decreto de un hombre?

 

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SÓCRATES (400 a. C.)

Fedón de Platón – Conrado Eggers Lan – Eudeba (ISBN 950-23-0062-9)

Sócrates, filósofo griego (400 a. C.), sostenía la reencarnación y el cuidado que debemos tener nosotros como alma, pues somos inmortales.

Transcribimos algunos pasajes del libro Fedón o del alma, escrito por Platón (su discípulo).

“Examinemos el asunto de este modo: una vez que los hombres han muerto, ¿existen o no sus almas en el Hades (mundo espiritual)? Hay una antigua sentencia de la cual se nos ha hecho acordar, según la cual allá existen los que llegan de acá, y nuevamente vienen aquí y nacen de los muertos. Y si esto sucede así, que los vivos renazcan de los muertos, ¿qué otra cosa puede ocurrir sino que nuestras almas existan allá? En efecto, no renacerían si no existieran, y esto ya sería prueba suficiente de que es así, siempre que se haga en verdad evidente que los vivos no se generan de ninguna otra parte que de los muertos... Existe realmente el revivir; de las cosas que están muertas nacen las que viven, y las almas de los muertos existen”.

ARGUMENTO DE LA REMINISCENCIA

El aprender no es en el fondo otra cosa que reminiscencia. Según esto, es sin duda forzoso que en algún tiempo anterior hayamos aprendido las cosas de que ahora se nos hace acordar. Esto sería imposible si nuestra alma no existiese en algún lado antes de nacer en esta figura corporal humana. De modo que también por eso parece ser el alma inmortal.

Hay reminiscencia cuando se lo experimenta a propósito de cosas que uno ha olvidado a causa del tiempo transcurrido sin haberlas visto”.

PREDOMINIO DE LA MATERIA SOBRE EL ALMA O ESPÍRITU

(Significa: Vivir más la vida del cuerpo, que como alma, ser esencial o espíritu que ha tomado un cuerpo físico)

“¿No decíamos hace un rato que el alma, cuando se sirve del cuerpo para examinar algo, sea a través de la vista, del oído o de cualquier otro sentido (porque examinar algo por medio de los sentidos es hacerlo por medio del cuerpo), es arrastrada por el cuerpo hacia lo que nunca se comporta idénticamente, y anda entonces errante, turbada y mareada como si estuviera ebria, a raíz de haber tomado contacto con tales cosas?”.

“El que ama aprender sabe que, cuando la filosofía se hizo cargo de su alma, ésta se hallaba verdaderamente encadenada y apresada en el cuerpo, forzada a examinar las cosas no por sí misma sino a través de su encarcelamiento, y revolviéndose en una total ignorancia. Y la filosofía ha vislumbrado que la astucia de ese encarcelamiento se sirve del deseo de este modo; quien más colabora para encadenarlo es el propio encadenado. El que ama aprender sabe, que una vez que la filosofía se ha hecho cargo de su alma, la exhorta a intentar liberarse, mostrándole que el examen a través de los ojos, de los oídos y de los otros sentidos, está colmado de engaños; persuadiéndola de que se aleje de éstos en la medida que no le sea forzoso servirse de ellos; instándola a recogerse y concentrarse en sí misma, y a no confiar en ninguna otra cosa que en ella misma”.

De esto se deduce que las percepciones sensibles y las sensaciones en general son engañosas.

REENCARNACIÓN Y HERENCIA PROPIA ESPIRITUAL, DEBIDO A LA JUSTICIA NATURAL

“Supongamos, por el contrario, que se separa del cuerpo mancillada y sin purificar, en cuanto se ha asociado con el cuerpo, lo ha cuidado y amado y ha sido hechizada por él, por los deseos y placeres. De este modo llega a creer que no hay otra cosa verdadera que lo corpóreo, y aquello que se puede tocar, ver, beber, comer o usar para los placeres sexuales; y en cambio, se ha acostumbrado a odiar, temer y huir de lo que está oculto para los ojos y es invisible, aunque inteligible y captable para la filosofía. ¿Crees que el alma que así se comporte partirá pura, sola y en sí misma?”.

“Más bien pienso que su trato y asociación con el cuerpo, a través de la continua convivencia y del abundante ejercicio, han hecho que lo corpóreo que la ha interpenetrado se le torne connatural”.

“Pero esto [corpóreo que se le ha tornado connatural] hay que tener en cuenta que es embarazoso, pesado, terrestre y visible. Un alma con tal bagaje pesa demasiado, y es arrastrada nuevamente hacia el lugar visible, por temor del [lugar] invisible que es llamado Hades (mundo espiritual), donde se queda rondando en torno a monumentos y tumbas, alrededor de los cuales se han visto sombríos fantasmas de almas, que son espectros producidos por almas que no se han liberado con pureza, sino que han participado de lo visible, y por ello son vistas”.

“Por cierto que es verosímil. Y no son precisamente las almas de los buenos, sino las de los malos las que son forzadas a andar errantes en torno a esos lugares, pagando la pena por su anterior manera de vivir, que ha sido mala. Y andan errantes hasta que, por obra del deseo de lo corpóreo –que sigue acompañándolas– son aprisionadas nuevamente en un cuerpo. Y como es natural, son aprisionadas en [cuerpos con] caracteres semejantes a los que han cultivado durante la vida”.

“Pues cada placer y cada pena, como si tuviera un clavo, la clava y fija al cuerpo, y la hace afín a él, en cuanto cree que cuanto le dice el cuerpo es verdad. A causa de tener la misma opinión del cuerpo y disfrutar de las mismas cosas que éste, se ve forzada –me parece– a adquirir los mismos hábitos y el mismo régimen de vida, de tal modo que nunca puede llegar con pureza al Hades (mundo espiritual), sino que siempre sale contaminada con el cuerpo. De este modo pronto vuelve a caer en otro cuerpo; y, como si hubiera sido sembrada, crece en él, a raíz de lo cual se queda sin la suerte de convivir con lo divino, puro y único en su aspecto”.

 

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FILOSOFÍA ESPIRITUALISTA

LA PLURALIDAD DE EXISTENCIAS

Hipólito León Denizard Rivail (Allan Kardec- año 1857) –

Editora 18 de Abril – Bs. As. - 1970

Breve resumen de la misma, relacionado al tema:

“El alma progresa sin cesar, al pasar de una a otra existencia, hasta el instante en que logra el grado de perfección necesario para acercarse a Dios”.

“Todas las almas tienen un mismo origen, son creadas iguales y con idénticas aptitudes para progresar, en virtud de su libre albedrío; todas son de la misma esencia, y entre ellas la única diferencia es la del progreso alcanzado; todas tienen el mismo destino y lograrán igual meta, en mayor o menor lapso, según el trabajo y la buena voluntad que pongan en la tarea”.

“No hay criaturas desheredadas o menos dotadas que otras; Dios no crea seres privilegiados exentos del trabajo que les es impuesto para progresar; no hay seres perpetuamente destinados al mal y al sufrimiento; los que son designados demonios son Espíritus atrasados e imperfectos que dañan, en el estado de Espíritus como lo hacían cuando eran hombres, pero que adelantarán y mejorarán; los ángeles, o Espíritus puros, no son seres privilegiados en la Creación, sino Espíritus que han alcanzado su meta, después de haber recorrido el camino del progreso; no hay creaciones múltiples ni categorías diferentes entre los seres inteligentes, sino que toda creación surge de la ley de unidad que gobierna al Universo y todos los seres gravitan hacia una meta común: la perfección, sin que unos sean favorecidos a expensas de los demás, pues todos son hijos de sus obras”.

“La pluralidad de existencias explica todas las anomalías aparentes que presenta la vida humana: las diferencias de posición social; las muertes prematuras que, sin la reencarnación, convertirían una vida abreviada en algo inútil para el alma; la desigualdad de aptitudes intelectuales y morales se resuelve también, si entendemos que todos los Espíritus no tienen la misma antigüedad, que algunos han aprendido y progresado más, razón por la cual al nacer, traen lo adquirido en existencias anteriores”.

“Con la preexistencia, sabemos que el hombre trae consigo al renacer el germen de las imperfecciones y defectos que no ha corregido y que se traducen en instintos innatos y tendencias determinadas hacia tal o cual vicio. Allí reside su auténtico pecado original, por el cual sufre naturalmente sus consecuencias. Su sufrimiento se origina en errores propios y cada existencia ofrece al hombre los medios para redimirse y reparar, así como para progresar, ya sea liberándose de alguna imperfección o adquiriendo nuevos conocimientos, hasta el momento en que su purificación sea completa y no tenga más necesidad de la vida corporal y pueda vivir entonces la vida de los Espíritus, eterna y bienaventurada”.

“Debido a esa misma razón, quien ha progresado moralmente, trae al renacer cualidades naturales, al igual que quien ha progresado intelectualmente posee ideas innatas; se identifica con el bien, lo practica sin esfuerzo, sin cálculo, y, por así decirlo, sin pensar siquiera. En cambio, quien está obligado a combatir sus malos instintos permanece todavía en estado de guerra interno; el primero, ya venció, el segundo, lucha por vencer. Por consiguiente, hay virtud original, como hay saber original o vicio original”.

“A medida que el Espíritu progresa moralmente, se va desmaterializando, es decir, que al sustraerse a la influencia de la materia se depura: su vida se espiritualiza, sus facultades y percepciones aumentan, mientras que su felicidad será proporcional al progreso realizado. Mas como actúa en virtud de su libre arbitrio puede, por negligencia o mala voluntad, retardar su adelanto; prolonga, consecuentemente, la duración de sus encarnaciones, las que se convertirán en su castigo conforme a sus faltas. Depende del Espíritu, pues, abreviar con su trabajo de depuración sobre sí mismo, la duración del período de encarnaciones”.
 

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INFLUENCIA DEL MUNDO ESPIRITUAL SOBRE LAS PERSONAS

Pensamiento del filósofo Sócrates (400 a. C.) - del libro Fedón o del alma,

del filósofo Platón (su discípulo)

INFLUENCIA DEL MODO DE VIDA EN EL ULTERIOR DESTINO DEL ALMA

“Cuando el cuerpo muere, supongamos que el alma se separa pura, sin arrastrar consigo nada del cuerpo, por no haberse asociado voluntariamente con él durante la vida, y en cambio haberlo rehuido, y habiéndose recogido en sí misma, en la medida en que se ha ejercitado continuamente en ello. Ahora bien, esto no es otra cosa que filosofar de verdad, y ejercitarse realmente para morir con buena disposición”.

“Bien, si el alma se encuentra en tal situación, parte hacia lo que le es semejante, lo invisible, divino, inmortal y sabio; y al llegar allí le es permitido alcanzar la felicidad, cesando de vagar sin sentido, liberándose de temores, amores salvajes y demás males humanos”.

ESTE PÁRRAFO SE REPITE EN EL CAPÍTULO DE LA PLURALIDAD DE EXISTENCIAS O REENCARNACIÓN, POR CONSIDERARLO COMÚN A AMBOS.

“Supongamos, por el contrario, que se separa del cuerpo mancillada y sin purificar, en cuanto se ha asociado con el cuerpo, lo ha cuidado y amado y ha sido hechizada por él, por los deseos y placeres. De este modo llega a creer que no hay otra cosa verdadera que lo corpóreo, y aquello que se puede tocar, ver, beber, comer o usar para los placeres sexuales; y en cambio, se ha acostumbrado a odiar, temer y huir de lo que está oculto para los ojos y es invisible, aunque inteligible y captable para la filosofía. ¿Crees que el alma que así se comporte partirá pura, sola y en sí misma?”.

“Más bien pienso que su trato y asociación con el cuerpo, a través de la continua convivencia y del abundante ejercicio, han hecho que lo corpóreo que la ha interpenetrado se le torne connatural”.

“Pero esto [corpóreo que se le ha tornado connatural] hay que tener en cuenta que es embarazoso, pesado, terrestre y visible. Un alma con tal bagaje pesa demasiado, y es arrastrada nuevamente hacia el lugar visible, por temor del [lugar] invisible que es llamado Hades (mundo espiritual), donde se queda rondando en torno a monumentos y tumbas, alrededor de los cuales se han visto sombríos fantasmas de almas, que son espectros producidos por almas que no se han liberado con pureza, sino que han participado de lo visible, y por ello son vistas”.

“Por cierto es verosímil, y no son precisamente las almas de los buenos, sino las de los malos las que son forzadas a andar errantes en torno de lugares, pagando la pena por su anterior manera de vivir, que ha sido mala. Y andan errantes hasta que, por obra del deseo corpóreo –que sigue acompañándolas– son aprisionadas nuevamente en un cuerpo. Y como es natural, son aprisionadas en [cuerpos con] caracteres semejantes a los que han cultivado durante la vida”.

EL VIAJE AL MÁS ALLÁ

“Pero es justo, mis amigos, reflexionar que, si el alma es inmortal, es necesario cuidar de ella, no solamente durante este tiempo que llamamos “vida”, sino durante la totalidad del tiempo; y ahora parece terrible el peligro que se corre si uno la descuida. En efecto, si la muerte fuera una separación de todas las cosas, sería para los malos un regalo caído del cielo: al morir se desembarazarían del cuerpo, y a la vez, junto con su alma, de su propia maldad. Pero ahora que parece que el alma es inmortal, no habrá ninguna otra escapatoria de los males ni salvación alguna, excepto el devenir mejor y más sabio. Cuando el alma parte hacia el Hades (mundo espiritual), en efecto, no cuenta con otras cosas que con su educación (moral) y su modo de vida, las cuales, según se narra, benefician o perjudican al máximo a quien ha muerto, ya en seguida al comienzo del camino al más allá”.

“Ahora bien, el alma ordenada y sabia sigue el camino y no desconoce lo que ahora le sucede. En cambio, la que se aferra al cuerpo sensualmente –tal como he dicho antes–, luego de haber estado excitada largo tiempo por el cuerpo y [en general ] por la región visible, parte en forma violenta y penosa, tras debatirse mucho y padecer mucho”.

Por ello anda errante, poseída por toda clase de dudas, durante un cierto tiempo, transcurrido el cual es llevada por la necesidad a la morada adecuada a ella”.
 

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FILOSOFÍA YOGI Y OCULTISMO ORIENTAL

Yogi Ramacharaka – (ISBN 950-17-0613-3) – Editorial Kier

“Si fuera posible ver tan sólo por unos minutos la atmósfera mental de las tabernas, casas de juego y otros lugares de la misma laya, se abstendría quien la viese de volver a visitarlos. No solamente está la atmósfera saturada de pensamientos degradantes, sino que gran número de almas desencarnadas, de baja condición, se congregan alrededor de las escenas congruentes con su carácter, esforzándose en romper los débiles lazos que en dichos lugares las separan del plano físico”.

“Se aglomeran alrededor de los lugares que frecuentaron durante su depravada vida terrena, y a menudo se apoderan del cerebro de alguien de su laya, que puede estar bajo la influencia de la bebida, y le infunden así sus bajos deseos”.

“Estas atrasadas almas tienen tal apego a la vida senciente, que su avidez de goces sensuales las mueve a reencarnar rápidamente en condiciones similares, aunque siempre progresan algún tanto, pues jamás se retrocede”.
 

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FILOSOFÍA ESPIRITUALISTA DE HIPÓLITO LEÓN DENIZARD RIVAIL

(ALLAN KARDEC)

TURBACIÓN ESPÍRITA

“El alma al dejar el cuerpo permanece algún tiempo en turbación”.

“No todos los seres experimentan en el mismo grado y durante un lapso idéntico la turbación que sigue a la separación del alma y el cuerpo. El que está ya purificado vuelve en sí casi inmediatamente, porque se ha desprendido de la materia durante la vida del cuerpo, al paso que el hombre carnal, cuya conciencia no es pura, conserva durante mucho más tiempo la impresión de esa materia”.

“Pero, lo que más influye es la práctica del bien y la conciencia pura”.

“En el momento de la muerte todo es al principio confuso. Hace falta al alma algún tiempo para recobrarse. Se halla como aturdida, al igual que el estado de un hombre que saliera de un sueño profundo y que tratara de darse cuenta de su situación. La lucidez de las ideas y el recuerdo del pasado le vuelven conforme se va borrando el influjo de la materia de que acaba de desembarazarse, y a medida que se disipa la especie de niebla que oscurece sus pensamientos”.

“La duración de la turbación que sigue a la muerte es muy variable. Puede ser de unas pocas horas como de varios meses, y hasta de muchos años. Aquellos en quienes es más breve son los que se han identificado en vida con su estado futuro, por cuanto comprenden al punto su situación”.

“La turbación presenta circunstancias particulares de acuerdo con el carácter de cada individuo y, sobre todo, según el tipo de muerte experimentada. En las violentas, producidas por suicidio o suplicio, accidente, apoplejía o heridas, etcétera, el Espíritu se encuentra sorprendido, asombrado, y no cree haber muerto. Así lo sostiene con terquedad. Con todo y eso, ve su cuerpo, sabe que ese cuerpo es el suyo, y no comprende que se haya separado de él. Acude junto a las personas a quienes profesa afecto, les habla y no comprende por qué ellas no le oyen. Esta ilusión dura hasta que el desprendimiento del periespíritu se ha consumado. Sólo entonces el Espíritu se recobra y comprende que ya no forma parte de los vivientes. Este fenómeno se explica con facilidad. Sorprendido de improviso por la muerte, el Espíritu está aturdido por el brusco cambio que en él se ha operado. Para él, la muerte sigue siendo sinónimo de destrucción, de aniquilamiento. Ahora bien, como quiera que piensa, ve y entiende, en su opinión no está muerto. Lo que aumenta su ilusión es que se ve dueño de un cuerpo similar al anterior, por su forma, pero cuya etérea naturaleza no ha tenido todavía tiempo de estudiar. Lo cree sólido y compacto como lo era el primero, y cuando se le llama la atención sobre este punto se asombra de no poder palparlo”.

“Algunos Espíritus presentan esta particularidad, aun cuando la muerte no los haya sorprendido en forma imprevista. Pero sigue siendo una particularidad más general en aquellos que, aunque enfermos, no pensaban que morirían. Se ve entonces el singular espectáculo de un Espíritu que asiste a su funeral como si se tratara del de un extraño, y hablando de él como de una cosa que no le concierne, hasta el momento en que comprende la verdad”.

“La turbación que sigue a la muerte no tiene nada de penoso para el hombre de bien. Es tranquila y semejante en todo a la que acompaña a un despertar apacible. En cambio, para aquel cuya conciencia no es pura, está llena de ansiedad y de angustias, que aumentan a medida que va comprendiendo su situación”.


INFLUENCIA DE LOS ESPÍRITUS SOBRE LOS HOMBRES

 

“La situación de los Espíritus y su modo de ver las cosas varían en virtud de su grado de desarrollo moral e intelectivo. Los Espíritus vulgares, son en cierto modo permanentes entre nosotros y constituyen la masa de la población circundante del Mundo Invisible. Han conservado más o menos las mismas ideas, gustos e inclinaciones que tenían bajo su envoltura corpórea. Se suman a nuestras reuniones y se mezclan en nuestros asuntos y diversiones, en los que desempeñan parte más o menos activa, según sea en cada caso su carácter. No pudiendo satisfacer sus pasiones, gozan con los que se entregan a ellas y los incitan a hacerlo”.

DE LA OBSESIÓN

Viene del latín OBSIDERE que significa sitiar, asediar, llenar, poseer, ocupar.

“La obsesión es el dominio que los malos Espíritus ejercen sobre ciertas personas, con el fin de enseñorearse de ellas y someterlas a su voluntad por el placer que experimentan causando daño”.

“Cuando un Espíritu bueno, o malo, quiere obrar sobre un individuo, lo envuelve, digámoslo así, con su periespíritu cual si fuere una capa; entonces, penetrándose los dos fluidos, los dos pensamientos y las dos voluntades se confunden, y el Espíritu puede entonces servirse de ese cuerpo como el suyo propio, haciéndole obrar a su voluntad. Si el Espíritu es bueno, su acción es dulce, benéfica y no hace hacer sino cosas buenas; si es malo, las hace hacer malas” (FIGURA 3 - Página 107).

“Si es perverso e inicuo, arrastra a la persona cual si la tuviera dentro de una red, paraliza hasta su voluntad, y aun su juicio, el cual apaga bajo su fluido como cuando se apaga el fuego con un baño de agua; le hace pensar, obrar por él; le obliga a cometer actos extravagantes a pesar suyo; en una palabra, le magnetiza, le produce la catalepsia moral y entonces el individuo se convierte en ciego instrumento de sus gustos”.

“Es necesario observar que en este estado, el individuo tiene a menudo conciencia de que lo que hace es ridículo, pero está forzado a hacerlo como si un hombre más vigoroso que él le hiciera mover contra su voluntad, sus brazos, sus piernas y su lengua”.

“La obsesión, es el dominio que algunos Espíritus suelen ejercer sobre ciertas personas. Se trata en todos los casos de Espíritus inferiores que quieren dominar, porque los buenos Espíritus no imponen ninguna compulsión. Antes bien, éstos aconsejan y luchan contra la influencia de los malos, y cuando no se les escucha, se retiran. Los malos Espíritus, por el contrario, se apegan a los individuos a quienes pueden convertir en sus víctimas. Y si logran dominar a alguien, se identifican con el Espíritu de esa persona, conduciéndola como si se tratara realmente de un niño”.

“La obsesión presenta características diversas, que es muy necesario saber distinguir, y que resultan del grado del constreñimiento y de la índole de los efectos que produce. La palabra obsesión es, en cierto modo, un término genérico mediante el cual designamos ese tipo de fenómenos cuyas principales variedades son, a saber: obsesión simple, fascinación y subyugación”.

“Puesto que la obsesión, sea cual fuere su grado, es siempre el efecto de un constreñimiento, este constreñimiento jamás puede ser ejercido por un Espíritu bueno”.

“Ahora bien, visto que los Espíritus no son otros que las almas de los hombres, hay, pues, Espíritus, ya que existen hombres, y los Espíritus han ejercido en todo tiempo una influencia saludable o perniciosa sobre la humanidad”.

“Esa influencia es permanente, y las personas que no se ocupan de los Espíritus, e inclusive no creen en su existencia, están expuestas a aquélla tanto como los demás, y aun más que los otros, porque no disponen de recursos defensivos”.

“Los motivos de la obsesión varían según sea la personalidad del Espíritu. Se trata a veces de una venganza que está ejerciendo contra un individuo del cual ha tenido motivos de queja durante su última encarnación o en una existencia anterior. A menudo no tiene otra razón que su deseo de hacer daño. Como está sufriendo, quiere que los demás padezcan igualmente, y encuentra una especie de placer en atormentarlos y vejarlos. Así mismo, la impaciencia que su víctima pone de manifiesto lo excita, porque tal es precisamente su objetivo, en tanto que si la persona lo toma con tranquilidad termina por cansarse. Irritándonos y mostrando enfado hacemos justamente lo que él quiere”.

Sentimientos de egoísmo, celos, orgullo, rencor, interés personal, vanidad, etc. en exceso, que hacen que pensemos y actuemos mal, son causa de influencia de seres esenciales o espíritus poco elevados que se sienten atraídos por nuestras imperfecciones morales.

“Por otra parte, es preciso cuidarse de achacar a la acción directa de los Espíritus todas las contrariedades que puedan sobrevenirnos, y que a menudo suelen ser resultantes de nuestra dejadez o imprevisión”.

INFLUENCIA OCULTA DE LOS ESPÍRITUS SOBRE NUESTROS PENSAMIENTOS Y ACCIONES

“La influencia de los Espíritus sobre nuestros actos y pensamientos es mayor de lo que se cree, porque con sobrada frecuencia son ellos los que nos dirigen”.

“Tenemos pensamientos que nos son propios y otros que se nos sugieren. No ignoramos que muchos pensamientos nos llegan a la vez sobre un mismo asunto, y a menudo muy contrarios los unos a los otros. Pues bien, los hay siempre nuestros y del mundo espiritual. Es eso lo que nos pone en la incertidumbre, porque tenemos en nosotros dos ideas que recíprocamente se combaten”.

“Los Espíritus buenos sólo aconsejan el bien. A nosotros cabe distinguir”.

“Los Espíritus imperfectos nos incitan al mal para hacernos sufrir como ellos sufren. Lo hacen por envidia al ver seres más dichosos”.

“Los Espíritus imperfectos son instrumentos destinados a probar la fe y constancia de los hombres en el bien. Cuando actúan sobre nosotros malas influencias es porque pensamos o deseamos el mal, por cuanto los Espíritus inferiores acuden a ayudarnos en el mal cuando tenemos la voluntad de cometerlo: sólo pueden secundarnos en el mal cuando así lo queremos. Pero habrá también otros que tratarán de influir para el bien, lo cual restablece el equilibrio y nos deja dueños de escoger”.

“Podemos liberarnos del influjo de aquellos Espíritus que incitan al mal, porque no se dedican sino a quienes los solicitan con sus deseos o los atraen con sus pensamientos”.

“Se puede neutralizar el influjo de los malos Espíritus realizando el bien, y poniendo toda nuestra confianza en Dios, rechazando la influencia de los Espíritus inferiores y destruyendo el imperio que querrían tener sobre nosotros. No debemos prestar oídos a las sugestiones de aquellos Espíritus que despiertan en nosotros malos pensamientos, que fomentan la discordia entre los hombres y excitan en nosotros todas las pasiones viles. Desconfiar, sobre todo, de aquellos que halagan nuestro orgullo, porque nos están tomando por nuestro lado débil”.

“El Espíritu no penetra en un cuerpo del modo que uno entra en una casa. Se asimila con un Espíritu encarnado (hombre) que adolece de los mismos defectos y cualidades, para actuar conjuntamente con éste. Pero siempre es el Espíritu encarnado (hombre) el que obra como quiere sobre la materia de que está revestido (cuerpo)”.

“No hay posesión propiamente dicha, vale decir, cohabitación de dos Espíritus en un mismo cuerpo, pero puede la persona estar bajo la dependencia de otro Espíritu, de manera de ser subyugada u obsedida por él, hasta el punto de que su voluntad se vea en cierto modo paralizada”.

“Son los llamados poseídos, pero debemos saber que este dominio no se ejerce nunca sin participación de quien lo sufre, ya sea por su debilidad, o bien por su deseo”.

ESPÍRITUS PROTECTORES - Misión que cumplen

“¿Qué se ha de entender por “ángel de la guarda”?

- El Espíritu protector de un orden elevado.

¿Cuál es la misión del Espíritu protector?

- La de un padre para con sus hijos: conducir a su protegido por la buena senda, ayudarle con sus consejos, consolarlo en sus aflicciones, sostener su valor en las pruebas de la vida.

Se aleja de nosotros si comprueba que sus consejos son inútiles y que la voluntad del individuo es proclive a someterse al influjo de los Espíritus inferiores. Pero de ningún modo lo abandona por entero, sino que siempre se hace escuchar. Entonces es el hombre quien cierra sus oídos. Y el Espíritu vuelve tan pronto como se le llama. Lo asiste con sus consejos, mediante los buenos pensamientos que le sugiere pero que, por desgracia, no siempre son escuchados. Sólo la debilidad, la indolencia y el orgullo del hombre dan fuerza a los Espíritus malos. Su poder sobre nosotros procede únicamente del hecho de que no les oponemos resistencia. La acción de los Espíritus que nos quieren está siempre bien regulada, de modo de dejarnos ejercer el libre albedrío, por cuanto si no tuviéramos responsabilidad no avanzaríamos en el camino que debe conducirnos hacia Dios. Al no ver el hombre a su sostén, se confía en sus propias fuerzas. No obstante, el guía vela por nosotros, y de tiempo en tiempo nos advierte que desconfíe del peligro”.

“La dependencia en que a veces se encuentra el hombre respecto de los Espíritus inferiores procede de su entrega a los malos pensamientos que ellos le sugieren, y no de estipulación alguna entre ellos y él”.
 

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Cuadro: Influencia del mundo espiritual sobre las personas

DE LA DESOBSESIÓN ESPÍRITA


AUTODESOBSESIÓN

“¿Le es posible a una persona ahuyentar por sí misma a los malos Espíritus y liberarse de su dominación?

- Siempre se puede cortar un yugo, con tal que se tenga firme voluntad de hacerlo.

Es menester, entonces, que el obsedido haga por su parte lo necesario para destruir en sí mismo la causa que atrae a los malos espíritus, que son las imperfecciones morales.

El medio práctico más eficaz para mejorarse en la presente existencia y resistir a las instigaciones del mal, es el CONOCIMIENTO DE SÍ MISMO, dicho por el filósofo griego Sócrates hace 2400 años.

Se puede, asimismo, combatir la influencia de los malos Espíritus orientándolos moralmente. Es precisamente lo que no se hace y lo que no se debe dejar de hacer. Por medio de consejos sensatos se puede moverlos al arrepentimiento y acelerar su progreso”.

La ejercitación que figura en la Propuesta del tema Estrés cumple este objetivo, cualquiera que sea la situación del alma o espíritu, ya se encuentre en turbación e ignore lo que le sucede o bien conozca su situación de desencarnado.

“Los Espíritus perversos se acercan más bien a los hombres a quienes tratan de influir o atormentar. En esa aproximación a los humanos, cuando encuentran a alguien que los moraliza, al principio no lo escuchan y se ríen de él. Más tarde, si se sabe captarlos, terminan por dejarse impresionar. Los Espíritus elevados, en cambio, sólo pueden hablarles en nombre de Dios, y esto los espanta. Claro está que el hombre tiene menos poder que los Espíritus superiores, pero su lenguaje se identifica más con la naturaleza de los inferiores. Además, el influjo que el hombre pueda tener sobre los Espíritus está en razón de su superioridad moral. No domina a los espíritus superiores, ni aun a aquellos que sin ser tales son buenos y afables, pero podrá imponerse a los que le sean inferiores en moralidad.

Habiendo malos Espíritus que obsesan y buenos que protegen, se pregunta si los malos Espíritus son más poderosos que los buenos.

No es el buen Espíritu el que es más débil, es la persona que no es bastante fuerte para sacudir la capa que le ha sido echada encima, para desasirse de los brazos que le oprimen y en los cuales, preciso es decirlo, algunas veces se halla complacido. En este caso, se comprenderá que el buen Espíritu no puede ocupar este lugar, puesto que se prefiere a otro. Admitamos ahora el deseo de desembarazarse de esa envoltura fluídica, de la cual está penetrada la suya, como un vestido está penetrado por la humedad; el deseo no bastará. La voluntad no siempre será suficiente.

Se trata de luchar con un adversario, Espíritu a Espíritu, y en este caso también vence el más fuerte; aquí la fuerza está en la autoridad que se puede tomar sobre el Espíritu, y esta autoridad está subordinada a la superioridad moral. Esta superioridad es como el sol que disipa la niebla con el poder de sus rayos.

Esforzarse en ser bueno, ser mejor, si se es ya bueno, purificarse de las imperfecciones, en una palabra, elevarse moralmente lo más posible: tal es el medio de adquirir el poder de mandar a los Espíritus inferiores para separarlos; de otro modo se ríen de nuestros mandatos.

Ciertas personas, sin duda, preferirían otra receta más fácil para arrojar los malos Espíritus, como por ejemplo, el decir ciertas palabras o hacer ciertos signos, lo cual sería más cómodo que corregirse de los defectos.

Antes de esperar dominar a los malos Espíritus, es menester dominarse a sí mismo.

Es necesario vencer nuestras imperfecciones y malas inclinaciones, que son para nosotros peores que los malos Espíritus, pues estas imperfecciones e inclinaciones son las que los atraen, como la corrupción atrae a las aves de rapiña”.

Nota: Existen señales de influencia de los espíritus sobre los hombres en el Antiguo Testamento, Nuevo Testamento y Hechos de los Apóstoles que confirman estas consideraciones.

 

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