|
|

Estudio Científico de los Problemas Psicosomáticos:
La solución mediante el Conocimiento
y Dominio de Sí Mismo -
Libro 1

|
ESTRÉS
PROBLEMAS PSICOSOMÁTICOS
ESTRÉS
PRIMERA PARTE
ANÁLISIS DE LA CAUSA GENERADORA DE LOS MENSAJES BIOQUÍMICOS
(NEUROTRANSMISORES) ENVIADOS AL ORGANISMO
Cuando aparecen en el organismo algunas
enfermedades, debemos distinguir aquellas causadas por el medio ambiente
(infecciosas, químicas, agresivas, venenosas, etc.), las que son
perfectamente detectables como afecciones físicas solamente, y que son
exclusivas del campo de la medicina, de aquellos otros problemas, que son
del campo de la Filosofía, causados por la acción del pensamiento sobre el
organismo (llamados psicosomáticos) y que a través del conocimiento de sí
mismo puede la persona, por sí misma, dar solución permanente a los
mismos.
Un nuevo estudio científico desarrollado en
Alemania, determinó que sólo el 1% de los casos de personas enfermas por
causas medioambientales, debe el origen de sus males a algún tóxico
presente en su entorno. Según los investigadores, los síntomas, a veces
inexplicables, se deben más bien a problemas psíquicos (espirituales).
Científicos alemanes señalaron, en un congreso
de la sociedad de psiquiatría, psicoterapia y neurología celebrado en
AQUISGRÁN (Alemania), que tales pacientes no son simuladores, ya que sus
síntomas son reales y van desde dolores de cabeza y asma, hasta calvicie,
falta de concentración y angustia. Dichos pacientes atribuyen tales
afecciones a la presencia de tóxicos en amalgamas odontológicos,
bacterias, contaminación eléctrica o pinturas y lacas; pero un estudio
realizado a 50 pacientes en una clínica de Aquisgrán, no reveló que
hubiese en su sangre ni en su medio ambiente, factores patogénicos. Esos
síntomas, según los psiquiatras alemanes, son más bien la “respuesta del
cuerpo a conflictos no resueltos”.
Según la Medicina, ESTRÉS ES LA RESPUESTA del
organismo a la demanda real o imaginaria, o al desajuste por lo que uno
espera de la vida y lo que de ella recibe. Hemos visto que hay dos tipos
de reacciones: estrés positivo y estrés negativo. La respuesta positiva
nos ayuda a enfrentar los desafíos, y la negativa, actúa permanentemente
como modo de vida. Hay estresores o situaciones estresantes cuyas
respuestas físicas son agudas o crónicas. En la respuesta aguda (de lucha
o huida) el cerebro envía un mensaje bioquímico y produce una serie de
efectos físicos en el organismo, pero pasado el peligro, el mismo vuelve
paulatinamente a la normalidad; o sea, es una emergencia que no produce
efectos tan grandes o serios.
La respuesta crónica o estado de vigilancia,
ya sea en forma temporal o como modo de vida, es la situación en que se
encuentra el hombre (todos), porque quien más, quien menos, se siente
afectado en alguna medida por las situaciones que le tocan vivir a diario.
En la respuesta crónica aparece una reacción
frecuentemente excesiva e inapropiada, que se convierte en un modo de
vida, autodestructivo. Ahí comienza la cuestión: el cerebro envía un
mensaje bioquímico (neurotrasmisor) que tiene como consecuencia los
efectos en un todo de acuerdo al cuadro N° 2.
En los problemas psicosomáticos, la medicina
generalmente trabaja sobre los efectos que detecta en el cuerpo físico de
las personas, y no en la causa generadora de esos problemas, que tienen su
fuente en el pensamiento que cada uno posee como alma, ser esencial,
espíritu o como se quiera denominar.
¿QUÉ ES LO QUE GENERA EL MENSAJE BIOQUÍMICO (NEUROTRASMISOR)?
--> EL PENSAMIENTO... y el pensamiento, ¿en función de qué está?,-->
DEL SENTIMIENTO. Los acontecimientos de la vida agradables o desagradables
van a producirse siempre. Por lo tanto, según la interpretación que de
ellos hagamos, será la calidad del mensaje bioquímico (neurotransmisor)
que enviamos al organismo, que es quien lo recibe directa y
constantemente. Esta interpretación de los acontecimientos de la vida la
hacemos en función de nuestra propia herencia espiritual (ideas innatas),
traducida en virtudes (resistencia voluntaria a las malas tendencias), o
en vicios de los que no nos hemos podido despojar a través de la
pluralidad de existencias o reencarnación, y como existen diferencias
intelectuales y morales entre todos los seres que poblamos el planeta,
cada uno interpreta las situaciones estresantes en forma distinta, en
función de la elevación de su sentimiento, que es el grado de
perfeccionamiento moral alcanzado. Por lo tanto, la calidad del mensaje
neurotransmisor varía, de donde se deduce que dos personas que se
encuentran ante iguales desafíos, generan distinta calidad de
pensamientos, y como consecuencia de ello se pueden producir desórdenes
físicos, problemas psicosomáticos, o bien no causar ningún efecto
desagradable. De acuerdo a nuestro sentimiento es cómo interpretamos los
acontecimientos de la vida (el disgusto en el trabajo, las discusiones con
el jefe, con la esposa, con el vecino de al lado, en la calle, el
nacimiento de un familiar, amenaza de muerte, perder el trabajo, enviudar,
divorciarse, enfermarse seriamente, la muerte de un familiar... etc.),
generando pensamientos buenos o malos según sea la circunstancia. En
definitiva, los llamados estresores, o sea los hechos que nos tocan vivir,
nos afectan de tal manera que hacen que generemos pensamientos basados en
nuestra forma de sentir, no siendo precisamente los buenos sino los malos
pensamientos los que producen problemas psicosomáticos (entre ellos el
ESTRÉS).
Por lo tanto, lo que deberíamos analizar son
todas las situaciones estresantes; qué sentimiento motiva nuestra reacción
que genera ese mensaje bioquímico o neurotransmisor.
Analicemos, por ejemplo, el disgusto en el
trabajo. En ocasiones, es posible que discutamos cuando las cosas no se
hacen o no se producen como deseamos, ya que el sentimiento de ORGULLO es
el que nos mueve a enfrentarnos con los demás o a enojarnos por las
situaciones que nos tocan vivir. Otras veces, por una cuestión de EGOÍSMO,
puede suceder que no realicemos todas las tareas que nos han encargado,
pues no queremos hacer un poco más de esfuerzo, porque deseamos antes que
nada nuestra propia satisfacción; o tal vez por ENVIDIA, porque otros
hacen las cosas mejor que nosotros. Todos estos antagonismos pueden
generar RENCOR, o sea, devolver mal por mal, injusticia por injusticia,
porque no somos indulgentes, benevolentes y no perdonamos las ofensas;
además no respetamos el derecho de cada cual, que es la definición de
justicia, y no le hacemos al prójimo todo el bien que nos sea posible y
hacemos a los demás lo que no queremos para nosotros (para nosotros no
queremos nada malo). También puede acontecer, cuando en el trabajo nos
cambian de lugar y no nos sentimos a gusto, ya sea porque en ese nuevo
lugar debemos trabajar más o nos sentiríamos obligados a hacer más
esfuerzo, pensamos negativamente por el sentimiento de egoísmo
(queremos nuestra propia satisfacción) o interés personal. En
definitiva, lo que siempre nos mueve a generar malos pensamientos o
pensamientos negativos son nuestras imperfecciones morales: orgullo,
celos, interés personal, etc., en exceso, que son la expresión de nuestro
sentimiento que está en función de nuestro grado de adelantamiento como
alma o espíritu, o dicho de otra manera, en función de la elevación de
nuestro sentimiento; si se quiere, es el mérito de nuestras obras.
Debemos tener en cuenta que nuestro sentimiento está en función de nuestra
evolución espiritual como alma o espíritu, o sea, que como individualidad
lo que pensamos y actuamos está de acuerdo a lo que
sentimos, es decir que el pensar y actuar mal es la expresión de lo que
somos; como está demostrado que los pensamientos los transmitimos al
cuerpo físico, cuando son malos lo enfermamos, constituyéndonos en
nuestro propio enemigo cuando pensamos mal, pues ahí se inicia el mensaje
bioquímico (neurotransmisor) hacia el cuerpo físico.
Como consecuencia de lo expresado, el hombre a
través de la elevación de su sentimiento (orgullo, egoísmo, celos, etc. en
demasía) genera pensamientos negativos o malos pensamientos, queriendo
transgredir la ley natural grabada en su conciencia, que es fija,
inmutable y tiende hacia el bien.
Cuando comenzamos a comprender esta verdad nos
quedan dos caminos a seguir: DOLOR O RAZONAMIENTO. Si no modificamos la
causa generadora de nuestros pensamientos negativos, que es nuestro
sentimiento, seguiremos sufriendo, o RAZONAMOS y modificamos para no
generar efectos negativos en nuestro organismo.
En definitiva, debemos ajustar nuestra
conducta a la ley natural, que tenemos grabada en la conciencia y tiende
hacia el bien, siendo el mal todo lo que de ella se aparta. La moral es la
regla de conducirse bien. Concierne al hombre en sí mismo, así como en sus
relaciones con Dios y con sus semejantes. Para ello es de aplicación la
frase del filósofo griego Sócrates: “CONÓCETE A TÍ MISMO Y NADA EN
DEMASÍA”; justamente la demasía es la que debemos dominar.
Las diferencias intelectuales y morales entre
todos los seres que poblamos el planeta, tienen una causa: su evolución
espiritual; por eso somos todos distintos.
Por lo tanto, esos mensajes bioquímicos
(neurotransmisores) generados por nuestros pensamientos, ya sean éstos
buenos o malos, causan efectos diferentes en nuestro cuerpo físico y, que
en definitiva son expresión de justicia natural: los provocamos nosotros
mismos de acuerdo a lo que somos.
Si entramos en el campo de la genética, que
sostiene que nuestros padres y abuelos nos transmiten los caracteres de la
herencia, no habría justicia por parte del Creador, pues sufriríamos por
lo que los demás nos transmitieron.
En la actualidad se ha elaborado el plano del
GENOMA HUMANO, que contiene la clave de cómo somos, por qué enfermamos y
quizás de cómo curar ciertas enfermedades.
Se sostiene que las mutaciones de los genes
determinan la aparición de numerosas enfermedades, pero, cómo, cuándo y
por qué esas mutaciones se producen es un gran misterio.
Nuevamente volvemos a lo que sostenía el
filósofo Sócrates (400 a.C.), que se toma el cuerpo sin el alma. La
constitución física la determinamos y modificamos nosotros como alma; como
conclusión, el cuerpo es lo que nos corresponde por justicia de acuerdo a
lo que nosotros somos como alma, ya que el mismo no es más que su
envoltura.
Los expertos que han llevado adelante la
investigación del mapa del genoma humano, sostienen que a través del mismo
se incluirían tratamientos para la drogadicción, ataques cardíacos, asma y
controlar las conductas criminales con pastillas.
La pregunta es : la adicción a las drogas y la
conducta criminal ¿quién la posee? ¿el cuerpo o el alma? El cuerpo es el
instrumento del alma, lo que significa que somos nosotros como alma que
tenemos predisposición a tal o cual vicio o tendencia, como así también ya
demostrado por la medicina, que los ataques cardíacos, el asma, etc., en
la generalidad de los casos, son efectos de los mensajes bioquímicos
(negativos) transmitidos al cuerpo.
Si lo tomamos desde el punto de vista
espiritual y como consecuencia de nuestra evolución, uno como alma, al
nacer o renacer, de acuerdo a la pluralidad de existencias, trae sus
virtudes innatas o vicios innatos y produce efectos en su organismo, en
base a su depuración como alma o espíritu, o a sus imperfecciones morales.
Es decir que somos los artífices de nuestra propia felicidad o
sufrimiento. Cuando estos sufrimientos se traducen en efectos
físicos, hay una causa generadora en nosotros mismos: los pensamientos
negativos que tienen su fuente en nuestro sentimiento.
Nosotros como ser esencial, alma, etc.,
somos los artífices de nuestro cuerpo para amoldarlo a nuestra necesidad y
a la manifestación de nuestras tendencias.
Una clara muestra de esta aseveración,
queda demostrada científicamente en cómo la acción del pensamiento
(mensaje bioquímico - neurotransmisor) actúa sobre el organismo
produciendo efectos positivos o negativos según sean éstos buenos o malos.
Si estos sentimientos los manejamos desde el
punto de vista de su utilidad, son beneficiosos, pero como están en
demasía, esa fuerza que nos puede llevar a hacer grandes cosas, se vuelve
contra nosotros, pues al pensar mal, generamos efectos físicos traducidos
en sufrimiento y que de acuerdo a la experiencia van a producirse en el
lugar más débil del organismo.
Ejemplo: Por un mismo sentimiento,
expresado en pensamiento de enojo por orgullo, en diferentes personas los
efectos se producirán en lugares distintos de su cuerpo físico. En algunos
puede ser hipertensión, en otros psoriasis, en otros alergia; otros
efectos detectados por la medicina se mencionan en el cuadro N° 2.
Tomando las discusiones con el jefe: a veces
pensamos que el jefe nos tiene entre ojos; no nos gusta que nos mande,
creemos que las órdenes son equivocadas; cuando nos da instrucciones en
forma agresiva y nos molesta por orgullo, porque no nos gusta que
nos traten mal o que nos impongan cosas. A veces la otra persona dice: yo
soy el jefe y debo ser obedecido (por orgullo: sobreestimación) y
los demás podrían agregar y “también detestado”.
En ocasiones no es malo discutir, el problema
está en lo que guardamos o nos enojamos (rencor). Generamos pensamientos
negativos y ese mensaje neurotransmisor va por el organismo, aunque lo que
se piense no se exprese con palabras, no por eso el efecto físico deja de
producirse. Cuando los pensamientos generados son malos, es común que haya
efectos inmediatos como estados nerviosos y alteración de la armonía
interior (relativa), baja o altera las defensas del organismo, psoriasis,
etc.
Siendo el hombre imperfecto, es normal en
cierto modo, que su armonía interior esté alterada en forma permanente,
como modo de vida. Acontece a veces, ante situaciones estresantes, que esa
alteración aumente, siendo el desencadenante de graves desórdenes físicos.
|
|
Cuadro N°1.
Patrones de conducta. Tipos de reacciones corporales |
|
Cuadro
N° 2. - Respuesta del organismo a una demanda real o imaginaria |
|
- Respuestas físicas al estrés – Cómo se produce la
acción
el
pensamiento sobre el organismo y sus consecuencias
|
|
CONOCIMIENTO DE
NOSOTROS MISMOS
Cuando las discusiones o la necesidad de
enfrentar problemas nos lleva a tomar determinaciones, puede que el
acontecimiento no nos cause ningún efecto físico, como el EUSTRÉS
(positivo que nos ayuda a enfrentar desafíos y amenazas).
Nosotros somos seres imperfectos, y nuestras
imperfecciones (celos, egoísmo, orgullo, etc., en exceso), hacen que
generemos malos pensamientos. Las situaciones que enfrentamos durante el
día son casi constantes, como así también los mensajes negativos que
enviamos al organismo. Así lo enfermamos.
Las discusiones con la esposa: ¿por qué pueden
venir? Somos dos individualidades y cada uno tiene su propio grado de
adelantamiento espiritual, es decir, sentimos distinto y por consiguiente
pensamos y actuamos distinto. El problema radica en el sentimiento de
orgullo, celos, rencor, sensualismo, etc. en exceso que tiene cada uno; de
ahí la incomprensión e intolerancia. Lo mismo puede acontecer con toda la
familia, porque la familia la integran un conjunto de individualidades que
según su grado de evolución espiritual, cada uno piensa, siente y actúa en
distinta forma. Por lo tanto es normal que no haya uniformidad de
pensamientos.
Si analizamos el sentimiento de celos (en
demasía), es la respuesta a una amenaza real o imaginaria que se cierne
sobre una relación que valoramos y que está dentro de los intereses
personales. Los celos son una imperfección moral que aparece en cualquier
forma, aunque se los quiera disimular. Algunos los niegan, los tapan y
están los que los dejan salir a la luz de manera sutil o violenta; dolor,
tensión, angustia, ira, pánico, irritabilidad son algunos de sus efectos.
Otras personas no los manifiestan porque los
sienten humillantes, demostrando falta de seguridad. Lo que se debe tener
en cuenta es que el pensamiento (mensaje bioquímico) no por eso deja de
producirse y transmitirse al organismo aunque no se exprese con palabras.
Pueden sernos útiles en su justa medida; la demasía que nos lleva a pensar
y actuar mal, es lo que nos perjudica.
Admitiendo que el sentimiento de bien no
está ausente en nosotros, sino escasamente desarrollado, los sentimientos
de orgullo, interés personal, vanidad, sensualismo, rencor, envidia,
celos, amor propio, egoísmo, etc., los vamos a seguir teniendo. El
problema es usarlos en su justa medida, descartar el exceso, la demasía,
porque esa demasía constituye un vicio, es decir una imperfección moral
que hace que generemos malos pensamientos. Ese vicio nos lleva a querer
transgredir la ley de la naturaleza que nosotros tenemos grabada en la
conciencia, y que no se transgrede sino que se sufre, ya que los problemas
psicosomáticos son un efecto de las imperfecciones morales.
La forma de terminar con las discusiones en la
familia es que el conjunto trabaje por su perfeccionamiento moral, pues
cuando uno dirige su intención hacia el bien, sabe disimular las pequeñas
contrariedades momentáneas o permanentes, siendo más indulgente,
benevolente con las faltas del otro o de los otros, y en definitiva,
comienza a ser también un poco más feliz, pues no altera su armonía
interior (relativa). Esto es de aplicación para el caso de la verdadera
amistad.
Sucede que en la ignorancia es difícil deponer
actitudes y comprender a los demás, máxime cuando no se hacen esfuerzos
por el propio mejoramiento moral y en ocasiones se dice: yo soy así y
nadie me va a cambiar. Sucede que uno mismo es quien puede cambiar.
Cuando decimos “yo soy así y nadie me va a
cambiar”, estamos en un error. Todas las modificaciones que sean
permanentes en nuestra forma de pensar o actuar, significan progreso para
nosotros como alma o espíritu, y tal modificación nos lleva a dejar de
sufrir espiritual y físicamente.
La ignorancia es lo que nos hace pensar que
nuestros problemas psicosomáticos o espirituales (como las adicciones) no
tienen solución. Sin embargo depende de nosotros mismos el darle una
solución adecuada, transformándonos moralmente, es decir, haciendo
modificaciones constantes en nuestra forma de pensar y actuar.
Por consiguiente lo que se transmite al
organismo, es mejor. Trabajando por la causa generadora desaparece
naturalmente el efecto negativo.
En las discusiones con el vecino, como
situación estresante, debemos tener en cuenta que al otro: el jefe, el
vecino, el compañero, etc., no lo vamos a cambiar y él se
manifiesta también con su grado de orgullo, celos, egoísmo en demasía,
etc. que es su sentimiento. Por lo tanto, lo que tenemos que buscar es no
alterarnos, porque si nos alteramos y nos enojamos por lo que el otro hace
o dice, tendremos dos problemas; el que ya tenemos, más un problema
psicosomático causado por nuestra forma de pensar, transmitida al cuerpo
físico. Los problemas o situaciones desagradables van a estar siempre, la
cuestión es cómo tomamos las cosas. Por ejemplo si el vecino transita con
el auto o pone su basura en nuestra vereda, o coloca arbustos grandes
pegados a la medianera cuando la ley dice que debe colocarlos a
determinada distancia, todo esto demuestra el sentimiento de egoísmo
(en exceso) del vecino y esto lo debe modificar el vecino (si quiere).
Cuando enfrentamos tales situaciones debemos buscar de no enojarnos, no
alterarnos, porque ahí comienzan los pensamientos negativos (mensaje
bioquímico), y como eso va al cuerpo físico comienzan los problemas
psicosomáticos por la alteración de nuestra armonía interior (relativa),
que si se quiere es un efecto de querer transgredir la ley natural que
tenemos grabada en la conciencia y tiende hacia el bien. ¿Por qué nos
afecta lo del vecino? Porque nosotros también somos egoístas, porque la
casa es nuestro interés personal y hay en nosotros exceso o demasía en
ambos sentimientos.
Una cuestión a tener en cuenta es la
siguiente: generalmente pensamos que somos buenos y los demás nos hacen
alterar, y ahí comienza el mensaje bioquímico (negativo) el cual después
afecta nuestro cuerpo físico. Los demás tendrán sus imperfecciones o
problemas morales, a los cuales debemos buscar de educar y si ello
no es posible, hacer lo necesario para que no nos perjudique. Pero lo que
nosotros pensamos a través del obrar de los demás es la expresión de
nuestro sentimiento.
Ahora bien, si decimos que somos buenos, ¿por
qué tenemos malos pensamientos? Porque somos seres imperfectos, y nuestras
imperfecciones (egoísmo, celos, orgullo, sensualismo, interés personal,
etc., en demasía) hacen que generemos malos pensamientos, y por lo tanto
no somos tan buenos. Pero somos perfectibles, es decir que podemos
lograr nuestro perfeccionamiento transformándonos moralmente, quitando la
demasía en los sentimientos de egoísmo, celos, etc. que son a través de
los cuales pensamos y actuamos mal. Esto nos da la certeza de estar
sujetos a la ley de progreso como alma o espíritu.
Estos sentimientos tienen su fuente en el
instinto de conservación, que no son malos en sí mismos cuando los
aplicamos en su justa medida y son útiles a nuestro progreso; lo malo es
la exageración, o sea el exceso o demasía, que constituye una imperfección
moral, un vicio, y hace que pensemos y actuemos mal. De ahí la necesidad
del conocimiento de nosotros mismos para detectar el exceso o vicio de
estos sentimientos, pasiones o sensaciones que nos acercan más a la vida
del cuerpo que a la del alma, que es eterna, y que a través de ellos en
ocasiones interpretamos los acontecimientos de la vida como males
imaginarios, y que cuando uno depone actitudes se da cuenta de lo ridículo
que era pensar o actuar mal por algo sin o de poco valor.
Detectadas las imperfecciones morales,
comienza el trabajo sobre uno mismo: ir descartando los malos pensamientos
y acciones que nos perjudican, o sea trabajar por la virtud, que es la
resistencia voluntaria a las malas pasiones o tendencias, para evitar los
efectos negativos que son su consecuencia.
Siguiendo con los estresores, hemos visto en
lo tratado anteriormente, que omitimos algunas cosas: por ejemplo, uno a
veces no quiere ceder, entonces se enoja, en ocasiones se pone iracundo,
colérico, se altera por el sentimiento de orgullo en exceso y ese
pensamiento expresado o no con palabras, es el mensaje bioquímico que uno
envía al organismo.
Las situaciones estresantes, tránsito pesado,
los semáforos no andan, las bocinas ensordecen, reina agresividad general,
no son más que el diario vivir o situaciones de la vida. Tomando estas
cuatro situaciones, uno se pregunta por qué hay impaciencia, agresividad
general. La respuesta es que nosotros, antes que nada, queremos nuestra
propia satisfacción y nos importa poco o nada lo que le acontece a los
demás. Ésto no es más que la manifestación del sentimiento de egoísmo en
exceso. También el prójimo, en mayor o menor medida, piensa lo mismo, y de
acuerdo a la forma en que cada uno tome los acontecimientos, será la
calidad del mensaje neurotransmisor.
Cuando analizamos a dos personas, que son dos
individualidades, manifestándose a través de las facultades espirituales:
Pensamiento, Sentimiento y Voluntad, podemos ver que piensan, sienten y
actúan diferente.

Tomando a cuatro personas, vemos que son
cuatro individualidades, que piensan, sienten y actúan y cada uno quiere
su propia satisfacción. Y aumentando el número de individuos -desde
pareja, familia, ciudad, nación- tenemos como resultado un conjunto de
individualidades. Todos somos distintos y cada uno tiene su propio grado
de elevación (sentimiento) y se manifiesta en distinta forma. En el fondo
cada uno quiere su propio bienestar, comodidad, vivir bien, porque además
es un deseo natural que así sea. Y si esta consideración la llevamos a los
gobernantes de cualquier país ¿QUÉ ES LO QUE VA A GOBERNAR? Lo que es el
gobernante de acuerdo a sus sentimientos: orgullo, celos, interés
personal, etc., en demasía y como consecuencia de ello los efectos
equivocados o negativos de su gestión para sus gobernados.
Por eso sostenía PLATÓN (300 a.C.), otro
filósofo griego: “que los pueblos van a ser felices cuando gobiernen los
filósofos, o bien los gobernantes filosofen”. La filosofía es la búsqueda
de la verdad. Quien busca la verdad como alma, sabe que está de paso en la
existencia corporal; que este período de vida con cuerpo que nos toca
vivir, no es más que un momento en la eternidad de la vida del alma, que
es eterna, inmortal, que rigiéndolo la ley natural (causa-efecto), sufre
las consecuencias de sus malos pensamientos, como está demostrado ahora
por las investigaciones científicas. También sufrirá las consecuencias de
sus actos equivocados ya en la presente existencia, ya en el mundo
esencial o espiritual, o en una nueva existencia. La razón así nos lo
indica.
Por lo tanto, el hombre (alma + cuerpo físico)
lleva la ineludible responsabilidad de actos y pensamientos. Sufre por sus
imperfecciones morales, por las pruebas que hacen a su progreso y por
expiación o compensación de procederes equivocados de otras existencias.
Como conclusión de todo esto es la expresión
del sentimiento de egoísmo, nuestro y del prójimo, que es la causa
generadora de los pensamientos negativos o malos pensamientos y eso es lo
que le enviamos al organismo. Podemos observar, a veces, en la calle, a
personas que van manejando su auto y no se dejan pasar. Si analizamos,
podemos decir que esta actitud es una cuestión de orgullo en exceso (¿cómo
me van a pasar?). En otras ocasiones circulan por la izquierda cuando la
ley dice que se debe ir por la derecha. Ésta es una manifestación de
egoísmo porque antes que nada se quiere la propia satisfacción y no
importa el prójimo. Lo mismo acontece cuando uno viaja en colectivo y
quizás alguien fume. Quien lo hace es para satisfacer su sensualismo y los
otros están obligados a respirar el humo para lo cual no fueron invitados.
El que fuma demuestra su sentimiento de egoísmo ya que antes que nada
quiere su propia satisfacción, importándole poco o nada su prójimo. El
prójimo por lo general se molesta, se enoja, se altera; en ocasiones
genera rencor, animosidad, deseos de devolver mal por mal o venganza, y
como consecuencia genera pensamientos negativos (mensajes bioquímicos) que
van al organismo.
Siempre se debe buscar de educar al que
procede mal. No hacerlo es faltar a los deberes que a uno le competen.
Pero no debemos buscar el mal del otro ni en la acción, ni siquiera en el
pensamiento. Como conclusión podemos decir que nuestro pensar y obrar en
la calle es la manifestación de nuestros sentimientos y que de acuerdo a
cómo se desarrollen los acontecimientos, que nos gusten o no, nos
favorezcan o nos perjudiquen, frecuentemente pensamos negativamente, y
hacemos de esto un modo de vida. Esto es lo que le enviamos al cuerpo
físico por una cuestión natural.
De ahí la necesidad de poner un freno a los
pensamientos y actitudes negativas para no sufrir los efectos físicos que
son su consecuencia. En la certeza que al otro no lo vamos a cambiar,
tenemos que hacer lo necesario para que no nos perjudique; pues pensando
mal del otro pasamos a ser nuestro propio enemiqo, independientemente de
la forma de actuar del otro.
Continuando con las situaciones estresantes,
es decir la acción del pensamiento sobre el organismo, generado por
determinados acontecimientos, analizaremos el tema emigrar.
Cuando cambiamos de ámbito o estamos a punto
de hacerlo, generamos dudas; hay incertidumbre hacia lo desconocido,
máxime cuando la situación económica no es muy buena. En este caso esas
dudas o esa incertidumbre son generadas por el sentimiento de interés
personal en demasía, que lógicamente tiene su fuente en el egoísmo. Puede
también estar generado por sentimientos de orgullo y vanidad en demasía,
pues el emigrar puede significar para nosotros un camino de progreso donde
podemos desarrollar lo que sabemos, o bien, en el caso de interés
personal, lograr mejoras en la calidad de vida.
Como quiera que sea, estos sentimientos son
los generadores del mensaje bioquímico (neurotransmisor) con los efectos
detectables en el organismo, que cuando están en su justa medida, son
útiles a nuestro progreso, nos ayudan a enfrentar desafíos y no producen
ningún efecto desagradable. Cuando están en demasía o exceso generamos
dudas, inseguridad, creamos situaciones negativas. Seguramente puede crear
efectos perjudiciales al organismo.
Se ha verificado que ante iguales
situaciones, los efectos físicos en el organismo, en diferentes personas,
se manifiestan de distinta forma: en algunos casos puede ser úlcera, en
otros mareos, en otros hipertensión, lo que nos indica que ese mensaje
neurotransmisor somatiza en el lugar más débil del organismo. Nuestros
pensamientos, por una cuestión natural, los transmitimos directa y
constantemente al cuerpo físico y según sean éstos buenos o malos, lo
saneamos o lo enfermamos. De ahí la necesidad de modificar nuestra forma
de pensar, si es que no queremos sufrir sus consecuencias inevitables
cuando es negativa.
ESTÁ DEMOSTRADO CIENTÍFICAMENTE: EL
PENSAMIENTO ES ACCIÓN.
Otra cuestión estresante a considerar es la
frustración. Si analizamos la fuente que genera pensamientos negativos
ante situaciones de este tipo, con seguridad encontraremos egoísmo porque
queremos nuestra propia satisfacción. Encerrado en sus justos límites no
estaría mal, al igual que todos los demás sentimientos, el problema está
en el exceso o la demasía. Por eso el filósofo griego Sócrates sostenía:
“Conócete a ti mismo y nada en demasía”. Otros sentimientos a considerar
en este ejemplo serían la ambición, el orgullo, los celos, el sensualismo,
por algo que ambicionamos y no podemos lograr.
En este caso particular podría intervenir todo
el listado de sentimientos mencionados en el cuadro.
La calidad de los mensajes bioquímicos que
enviamos al organismo y que producen efectos psicosomáticos, está dada por
los sentimientos (imperfecciones morales), como consecuencia de nuestra
evolución espiritual.
Por lo expresado hasta aquí, siempre
intervienen en la causa generadora de pensamientos negativos, varios
sentimientos. Por ejemplo: celos, interés personal, orgullo, etc. Y
como efectos en el organismo por lo general siempre hay más de uno, en
algunos casos: estados nerviosos y asma bronquial, en otros presión
ocular, diabetes, etc.
La muerte de un familiar generalmente puede
causar en nosotros algún problema de orden psicosomático, pero todo
depende del concepto de lo que es la vida para la persona. Porque la
persona cree que con la muerte del cuerpo todo se termina y tal vez nunca
más la volverá a ver. Ésta es la concepción materialista de la vida. Para
otros (nos incluimos), la muerte del cuerpo no es más que un cambio de
estado (alma con cuerpo, cuando el cuerpo vive; alma libre, cuando el
cuerpo muere). Nosotros como alma somos inmortales y por lo tanto este
período de vida (10, 20, 50 o 100 años) no es más que un momento en la
eternidad de nuestra vida como espíritu. De ahí que cuando dejemos el
cuerpo nos iremos a encontrar con los seres queridos que ya partieron, y
como una consecuencia lógica de esto, también nos encontraremos con
nuestros enemigos; con aquellos a los que ayudamos y también a los que les
causamos daño.
De ahí que por lo general se crea que al que
murió nunca más lo veremos, y el sentimiento de interés personal en exceso
o demasía hace que durante mucho tiempo lo tengamos presente. También
aparece el sentimiento de egoísmo cuando pensamos “y ahora qué va a ser de
mí” y no es por el que murió, sino por mí.
Como conclusión de lo expresado: el mensaje
bioquímico (pensamiento), que por una cuestión natural se lo transmitimos
al cuerpo físico, en ocasiones puede provocar estados depresivos,
angustia, baja de las defensas del organismo y otros efectos. Si bien los
medicamentos pueden ayudar a aliviar la cuestión física, es necesaria la
modificación de la forma de pensar, porque cualquier situación que no
nos agrada, ya se produjo, y si continuamos pensando negativamente
tendremos otros efectos, o sea dos problemas. Es necesario el dominio
de uno mismo para mantener la calma y así poder enfrentar mejor la
situación que ya está planteada.
Dentro de este análisis de nuestra forma de
pensar, sentir y actuar, vemos que el pensamiento es acción, movido por
esa facultad que es la voluntad. Vamos a encontrar en nosotros el
sentimiento de bien, y como aparecen en mayor medida los pensamientos
negativos por nuestras imperfecciones morales, por deducción nos damos
cuenta que ese bien en nosotros está escasamente elevado, o desarrollado.
Como el bien no produce ningún efecto negativo, de éste no nos tenemos que
ocupar en este análisis. Si de algo nos tenemos que ocupar es de
desarrollarlo de tal manera que disminuyan orgullo, celos, interés
personal, sensualismo, etc., en exceso, para que este sentimiento de bien
vaya en aumento. Otro punto que también debemos analizar es el egoísmo,
pues necesitamos lo indispensable para vivir y queremos antes que nada
nuestra propia satisfacción, es decir necesitamos una vivienda, un
vehículo para movernos, lo adecuado para vestirnos y alimentarnos etc.,
entonces desde ese punto de vista, somos egoístas.
Admitimos que somos egoístas, pero lo
perjudicial de este sentimiento es cuando se quiere acumular bienes en
forma desmedida, y ponemos todo el pensamiento en ese querer amontonar,
por egoísmo, por ambición, por avaricia, estando el pensamiento puesto en
las cosas materiales. Ahí es donde se cumple aquello de que no es más
feliz el que más tiene sino aquel que menos necesita. Porque cuando más
tenemos, más ocupamos nuestro pensamiento en mantener lo que tenemos,
olvidándonos del verdadero destino, que es progresar espiritualmente.
Así vamos formando el cuadro de nuestra manera
de pensar, sentir y actuar. El mismo expresa el sentimiento del común de
los seres humanos, aunque queramos negarlo. Si tenemos algún efecto
psicosomático es porque hay causa generadora, que en mayor o menor medida,
todos los seres que poblamos este planeta la tenemos, con los desniveles
propios surgidos de la elevación moral de las personas.
Analizando el sensualismo, o sea el disfrute a
través de los sentidos, vamos a encontrar que tenemos el pensamiento
puesto en esos excesos y nuestra naturaleza corpórea nos da el límite de
lo necesario y lo superfluo. El propio cuerpo nos traza el límite de
nuestras necesidades. Si comemos en demasía, sabemos que nos daña y a
veces el exceso de comida lo buscamos para dar solución a determinados
estados de ansiedad; por factores diversos queremos dar solución a un
problema mediante un exceso. También podríamos tomar en cuenta en el
sensualismo, el exceso de bebida alcohólica. Muchas veces la persona toma
para dar solución o escape a un problema que posee y adopta la bebida como
una forma de solución. Eso no es enfrentar el problema, sino evadirse.
Dentro de este sentimiento también podemos encontrar el fumar, que es una
cosa superflua, innecesaria. Un fumador, utiliza el fumar como un
acompañante o una forma para mantenerse más calmo, dominar sus nervios o
sus estados de ansiedad, es decir que recurre al cigarrillo como aquella
persona que toma pastillas para dominar sus estados nerviosos. En este
orden de cosas podríamos incluir la droga, que si analizamos el fondo,
siempre hay otra imperfección moral que genera esa adicción. Lo mismo
sucede con los demás excesos que podemos tener con respecto al
sensualismo. Si indagamos a las personas que son adictas a la droga, vamos
a encontrar que aquellas sienten que no las comprenden, por orgullo o por
un caso de interés personal, es decir, buscan evadirse de la realidad
privándose voluntariamente de su razón. En la adicción al juego, por el
placer que la persona experimenta, concentra todo su pensamiento en ello,
y cuando las cosas no salen como le agradan, elabora pensamientos
negativos, basados en el egoísmo, el interés personal, el orgullo, la
ambición desmedida, etc. Continuando con el análisis del sensualismo
debemos incluir el sexo, ya sea por su uso equivocado o por los excesos.
El hombre tiene que aprender a distinguir lo necesario de lo superfluo.
Entre las cosas superfluas que debemos tener
en cuenta están: fumar, drogarse, jugar, etc. A la comida, a la bebida, al
sexo, tendríamos que ponerles un límite. Limitar el placer es conservarlo,
de lo contrario sería destruirlo. Todos los excesos son malos y en ellos
no solamente está la facultad de la voluntad para su ejercicio, sino
también son causa generadora de pensamientos negativos. A continuación se
describe el cuadro de análisis de las facultades del ser: pensamiento,
sentimiento y voluntad.
|
|

|
|
|
|
SOBREVIVENCIA DEL ALMA
AL CUERPO FÍSICO
Este es un tema que el común de las personas
no está acostumbrado ni a analizar ni a tener en cuenta. Hay sistemas
filosóficos en todas las edades de la humanidad que avalan la
supervivencia del alma al cuerpo físico. Muchas de ellas dicen cómo es esa
situación después de la muerte del mismo. Por los efectos que causan esos
seres que dejaron el cuerpo físico sobre determinadas personas, pueden
darnos una idea clara de su situación. Si nosotros consultamos algunos
textos de filosofía oriental, o de autores modernos o bien sistemas
filosóficos como el de Buda: Siddharta Gautama (príncipe nepalés);
Sócrates (400 a.C.), o aún la filosofía espiritualista de León Hipólito
Denizard Rivail (Allan Kardec), nos vamos a dar cuenta de que está
contemplado el seguir viviendo después de la muerte del cuerpo físico,
como ser esencial, alma, espíritu o como se quiera denominar. Hay un hecho
fundamental en la interpretación de este conocimiento: un doctor en
medicina en los Estados Unidos llamado Raymond Moody, se dedicó a
recopilar datos de pacientes o de personas conocidas que estuvieron cerca
de él, las cuales habían padecido situaciones muy cercanas a la muerte, lo
que nosotros llamamos muerte, que es seguir viviendo sin el cuerpo físico.
Esas personas contaban después de ciertas experiencias cercanas a la
muerte, relatadas en el libro llamado “La vida después de la vida”, cómo
se veían flotando dentro de la habitación de un hospital, mientras los
médicos y enfermeras atendían su cuerpo físico. En otras situaciones veían
a los médicos reanimando su cuerpo, estando ellos separados del mismo.
En relatos de accidente, la víctima del mismo
se da cuenta de que las personas no pueden verlo ni oírlo, y que se
dirigen a ver su cuerpo físico que está tendido en el suelo. Éstas son
situaciones cercanas a la muerte, porque luego estas personas siguieron
viviendo, y pudieron relatar aquellos acontecimientos que les tocó vivir.
Y así se demuestra claramente, la distinción entre lo que es el cuerpo y
lo que es el ser esencial o alma del que estuvimos hablando hasta este
momento, es decir que el cuerpo físico no es más que su envoltura. Esto
sirve para deducir algunas equivocaciones de la ciencia médica, porque
algunos de esos pacientes fueron declarados clínicamente muertos y luego
siguieron viviendo.
La experiencia que hemos adquirido a través
del tiempo sobre los diversos problemas psicosomáticos manifestados por
las personas, nos muestra que se pueden producir en tres formas
diferentes:
1. Algunos simplemente por la acción del pensamiento sobre el cuerpo
físico.
2. Otros por la influencia de los seres que dejaron el cuerpo físico y que
uniéndose a las personas que las atraían con el pensamiento, les producían
algunos efectos como: estados depresivos, pánico, asma, otras dolencias
que en algunos casos eran similares a las dolencias que tenían esas
personas antes de dejar su cuerpo físico.
3. Hemos encontrado que ese tipo de afecciones eran mixtas, es decir,
efectos que producía la persona por la acción del pensamiento, más la
acción o influencia de esos seres que no tienen cuerpo y que eran atraídos
a este plano físico estando ellos en el plano mental, astral o espiritual.
De todas maneras, lo que tenemos que tener en
cuenta es lo siguiente
|
|
|
|
CONCLUSIÓN: SIEMPRE NOSOTROS SOMOS LA CAUSA DE LA AFECCIÓN:
1 - CÓMO SE PRODUCE LA ACCIÓN DEL PENSAMIENTO SOBRE EL ORGANISMO Y SUS
CONSECUENCIAS
Cada uno de nosotros posee sus facultades
espirituales Pensamiento, Sentimiento y Voluntad. Nuestra forma de pensar
y obrar (voluntad) está determinada por la elevación de nuestro
sentimiento.
A través del conocimiento de nosotros mismos
hemos determinado que el sentimiento de orgullo, egoísmo, celos, interés
personal, vanidad, sensualismo, ambición, etc., en demasía, son
imperfecciones morales que hacen que pensemos y actuemos mal, y por lo
tanto, causa generadora de malos pensamientos (mensaje bioquímico -
neurotransmisor) que enviamos al organismo a través del cuerpo fluídico,
que hace de vehículo del pensamiento entre el alma y el cuerpo y tiene por
hilos conductores los nervios, teniendo como consecuencia algún o algunos
problemas psicosomáticos que se manifiestan en la parte más débil del
cuerpo físico.
|
|
|
|
2-
INFLUENCIA DEL MUNDO ESPIRITUAL SOBRE LAS PERSONAS
SU RELACIÓN CON ALGUNOS
PROBLEMAS PSICOSOMÁTICOS Y ESPIRITUALES
Hasta aquí hemos considerado los problemas
psicosomáticos causados por la acción del pensamiento sobre el organismo,
siendo esto un efecto de justicia natural. Nos castigamos a
nosotros mismos cuando pensamos mal, por querer transgredir la ley natural
grabada en nuestra conciencia.
Pero el pensamiento no queda encerrado dentro
de los límites del cuerpo, sino que también se irradia fuera del mismo a
través del fluido cósmico universal.

Y al irradiarse nuestro pensamiento somos como
un imán que atraemos lo asimilable a nuestra naturaleza espiritual, pues
somos seres imperfectos, es decir tenemos sentimientos de egoísmo, celos,
orgullo, interés personal en exceso o demasía que hace que seamos apegados
a los bienes materiales y generemos malos pensamientos.
Los seres espirituales, respondiendo a la ley
de afinidad, se aproximan a nosotros atraídos por nuestros deseos o
pensamientos. En ello también hay una cuestión de justicia natural, ya que
vienen hacia nosotros los que son imperfectos como nosotros.
No solamente se aproximan a nosotros, sino que
también suelen unirse a nosotros de acuerdo al cuadro siguiente y en
ocasiones nos transmiten hasta sus propias dolencias o deseos que
tenían antes de dejar su cuerpo físico; en algunos casos pueden ser
intereses personales, amigos, familiares y parientes, o bien enemigos.

FIGURA 1
Como se puede apreciar (FIGURA 1), esta
influencia puede ser FÍSICA y MENTAL (ya que los
pensamientos se confunden y los cuerpos fluídicos también).
Cuando el ser espiritual (alma o espíritu)
influye sobre una persona, se unen los cuerpos fluídicos, confundiéndose
también los dos pensamientos y las dos voluntades. Como los cuerpos
fluídicos llevan la impresión de los pensamientos, al unirse el ser
espiritual a la persona, le transmite todas las sensaciones que tenía
antes de morir su cuerpo físico.
Es muy valiosa la ejercitación que
figura en la Propuesta del tema Estrés para ayudar a estos seres. Como
consecuencia del alejamiento de éstos se puede dejar de padecer ciertos
efectos que nos transmiten como problemas psicosomáticos. La experiencia
así lo indica.
Realizando la ejercitación desaparece lo
resaltado en rojo del cuadro en la siguiente forma.

FIGURA 2
Desaparecida la influencia (FIGURA 2) quedamos
como somos, de acuerdo a la elevación espiritual o desarrollo del
sentimiento. Por nuestras imperfecciones morales somos un imán que
seguimos atrayendo a seres espirituales que son afines a nuestra forma de
Pensar, Sentir y Actuar.
Por lo tanto es necesario modificar nuestra
forma de Pensar, Sentir y Actuar; debemos producir un proceso de
transformación moral para no sufrir efectos psicosomáticos, y además no
ser fuente de atracción del mundo espiritual negativo que influye sobre
nosotros y puede llegar a producir problemas como los mencionados.
De la experiencia se deduce que cuando la
persona (alma + cuerpo) muere, lo que muere es sólo el cuerpo físico, y
como ser espiritual o alma permanece algún tiempo en turbación figurándose
las normales ocupaciones. Esta ilusión puede prolongarse mucho tiempo
(años), durante el cual siente todas las necesidades, todos los tormentos
y perplejidades de la vida, y al unirse a las personas les transmite estas
sensaciones: tales pueden ser los casos de fobias, miedos, pánico, estados
depresivos, ansiedad.
Algunas personas con pánico, tienen la
sensación o el miedo a morir, estados depresivos, etc., es probable que
algún ser espiritual se haya unido a ella/él y le transmite esas
sensaciones, y en ocasiones al consultar al médico no le encuentre nada,
es decir clínicamente esté sana. Sin embargo la sensación que tiene la
persona es real.
Para los seres espirituales (que mañana
podemos ser nosotros) la ilusión de creer seguir viviendo después de dejar
el cuerpo físico, sintiendo todas las perplejidades de la vida material es
una cuestión de justicia natural, pues el ser imperfecto y apegado a los
bienes terrenales durante la vida del cuerpo hace que continúe esa ilusión
después de dejar el mismo, siendo como un castigo para el alma o espíritu,
o sea que de acuerdo a su depuración o a sus imperfecciones lleva en sí
mismo su propio castigo.
La influencia del mundo espiritual o esencial
sobre las personas también se debe tener en cuenta en el caso de los
problemas espirituales como las adicciones: el fumar, la droga, el exceso
de bebida alcohólica, etc., ya que los seres cuando dejan su cuerpo, ellos
como alma o espíritu no pudiendo satisfacer sus deseos y pasiones, que
tenían durante la vida material, se unen a otras personas que poseen
similares vicios o tendencias, gozan a través de ellos y pueden incitar a
hacerlo.
Los seres espirituales de baja condición
están, en cierto modo, permanentes entre nosotros y constituyen la masa de
la población circundante del Mundo Invisible. Han conservado las mismas
ideas, gustos e inclinaciones que tenían bajo la envoltura corpórea. Se
suman en nuestras reuniones y se mezclan en asuntos y diversiones, en las
que desempeñan parte más o menos activa, según sea en cada caso su
carácter.
No pudiendo satisfacer sus pasiones o vicios,
gozan con los que se entregan a ellos y los incitan a hacerlo.
De ahí la explicación que cuando las personas
quieren dejar sus vicios (cigarrillo, droga, alcohol) sienten deseos
irresistibles de seguir haciéndolo. Seguramente esto es causado por el
mundo espiritual que se asocia a la persona cuya voluntad es débil para
dejar el vicio y que tal vez se halla complacido en tenerlo.
Al exponer el tema, se llega a la conclusión
de que siempre somos nosotros mismos la causa de nuestras afecciones; en
algunos casos producidas por la acción de los malos pensamientos, en otros
casos por la influencia de los seres espirituales que vienen a nosotros y
se unen por afinidad.
Esto nos lleva a pensar que debemos progresar
moralmente lo más rápidamente posible como medio para no tener problemas
psicosomáticos y dejar de atraer seres espirituales que nos causan algunos
problemas. En ambos casos esto acontece siempre por una cuestión de
justicia natural.
|
|
|
|
2a-
INFLUENCIA DEL MUNDO ESPIRITUAL SOBRE LAS PERSONAS
CONSIDERACIONES Y
EJEMPLOS
El hecho de que esos seres espirituales vienen
hacia nosotros es porque de alguna manera los llamamos con el pensamiento.
Siempre tiene que haber una causa, una cuestión de afinidad o algo por lo
cual esos seres nos producen determinadas afecciones. Lo que se deduce de
la experiencia, es que después de haber dejado el cuerpo físico, los seres
siguen viviendo con los mismos pensamientos y deseos, las mismas
preocupaciones, los mismos sufrimientos, pero sin el cuerpo de la tierra.
Es decir, siguen haciendo las mismas cosas y las normales ocupaciones que
tenían antes de desencarnar, porque ello está en su pensamiento, y cuando
nosotros pensamos en ellos, los atraemos hacia el plano físico en que
nosotros vivimos.
Y al ser intereses personales, familiares,
amigos o enemigos, según el caso, recordándolos, los atraemos. Cuando esos
seres se unen, cuerpo fluídico a cuerpo fluídico a nosotros, nos
transmiten hasta sus propias sensaciones, aquellas que tenían antes de
dejar el cuerpo físico, es decir, que nosotros somos como un imán que
atraemos lo que está en función de nuestros propios pensamientos. En
ocasiones, las personas asisten para ser atendidas por sus médicos por
determinadas dolencias, quien después de haber hecho la revisación,
análisis, radiografías, etc., determina que la persona está sana. Sin
embargo, la misma posee dolencias que mediante la ejercitación detallada
en la Propuesta del tema Estrés, deja de tenerlas. A través de ello
deducimos que esa sensación que padecía, era producida por la unión a
ella, de un ser que pertenece a otro plano (mental, espiritual, astral),
que seguramente sufrió esa dolencia antes de desencarnar, o sea antes de
dejar su cuerpo físico (muerte).
El pensamiento es acción, y no solamente el
causante de nuestros problemas de Estrés o psicosomáticos, sino también se
transmite al plano espiritual o esencial, haciendo que el mundo espiritual
y el mundo corporal, en el que vivimos, reaccionen el uno sobre el otro,
sin darnos cuenta y ni tan siquiera sospecharlo.
El lector o aquel que desconoce, podría poner
en duda los hechos aquí mencionados. La admitimos, porque en filosofía
todo tiene que ser pasado por el filtro de la razón. La experiencia,
después de realizar la ejercitación que se menciona en el tema Estrés, así
lo demuestra. Las personas que padecían esos estados de sufrimiento, en
cualquier medida en que se encontraban, aplicaron esa metodología que va
dirigida a esos seres: algunos de ellos desconocen su situación de
desencarnados en ese plano mental, astral o espiritual y otros conocen su
situación de desencarnados y que, a veces, vienen a vengarse o a cobrarse
por algo que les hicimos. Al poco tiempo estas personas salieron de sus
problemas más graves, es decir, de sus afecciones, especialmente en
aquellas situaciones de los estados depresivos.
Ejemplos:
A- Una señora hacía un año que padecía
taquicardia.
Cuando comenzó a conocerse, indagó en qué
cosas pensaba. Si bien la persona manifestó que pensaba en las cosas
comunes, en aquellas que todos podemos pensar, además reconoció que tenía
el pensamiento más concentrado en su tía que había desencarnado (muerto).
Se le consultó cuánto tiempo hacía que estaba en ese estado, que tenía
taquicardia y manifestó que aproximadamente un año; y además cuánto tiempo
hacía que su tía había desencarnado: un año. Esta señora también
comprendió que a través del pensamiento que ella generaba de ese ser,
quien ya había dejado su cuerpo físico, estando este ser en el plano
mental, astral o espiritual, lo atraía al plano físico. A la persona se le
entregó esa ejercitación que mencionamos en la Propuesta del tema Estrés y
cuya aplicación le fue de gran utilidad. Al poco tiempo, en una o dos
semanas, se le terminaron los problemas de taquicardia. Analizando la
forma de pensar de esa señora, respondía al sentimiento de interés
personal en exceso, pues quería más a su tía que al común de las personas,
por ser ése su interés personal. De lo que se deduce que todos los excesos
son malos, es decir no dejaremos de querer a quien se quiere, pero debemos
limitar el pensamiento, porque produce efectos insospechados que después
pueden traducirse en problemas psicosomáticos como el mencionado.
B- Otra persona recibía noticias que no
eran de su agrado, pues eran contrarias a lo que ella ambicionaba a través
de su sentimiento de interés personal. Pensaba negativamente, teniendo
como efectos mareos. De tal magnitud eran dichos síntomas que en ese
estado, cuando alguna persona se acercaba a ella, también percibía los
mareos. Esto verifica que transmitimos el pensamiento al cuerpo físico y
lo irradiamos al medio ambiente. Esta persona comenzó a controlar su
pensamiento, a dominar sus enojos (que a veces no lo manifestaba con
palabras) y progresivamente con el tiempo, en poco más de un año dió
solución permanente a este problema psicosomático.
C- Otro caso similar, encontramos en
nuestras investigaciones. Una persona caía en estados depresivos
periódicamente (durante 5 años). Le preguntamos si quería salir de esa
situación. Porque en todos los casos, cualquiera sea la causa, uno tiene
que preguntarse si realmente quiere salir del problema. Ustedes van a
encontrar en otros casos como el de orgullo, que las personas hasta crean
enfermedades por la acción del pensamiento y se complacen en estar como
están. Por eso sufren las consecuencias de su estado, porque ellos mismos
no quieren dar solución a sus problemas y se complacen en esa situación.
En este caso, la persona quería salir del problema. Reiteradamente, se lo
encontraba tirado en el piso (2 ó 3 veces al mes), por lo cual debía
permanecer internado 2 ó 3 días. Con la experiencia y el conocimiento de
estas situaciones, se le ofreció a esta persona esa ejercitación, que
especialmente para este caso era la parte que está marcada con el tercer
ejercicio, la cual va dirigida a los seres que conocen su situación de
desencarnados y que a veces vienen a cobrarse por algo que alguien les
hizo. Al poco tiempo de hacer la ejercitación, esta persona dejó de
padecer esos estados depresivos y nunca más volvió a caer. Manifestó luego
que hacía más de 5 años había tenido disputas violentas con una persona
que después desencarnó (murió) a raíz de estos enfrentamientos. En esta
situación se demuestra cómo los seres siguen viviendo, con los mismos
pensamientos, las mismas preocupaciones, y que ese sentimiento de rencor
de ese ser que perdió la vida física todavía estaba latente en él. Es
decir, se estaba vengando por lo que esta persona le había hecho
produciéndole esos estados. Esta ejercitación es, si se quiere, un acto de
caridad, para esclarecerle la situación a aquellos seres que no vemos pero
que siguen viviendo.
En nuestro trabajo de investigación de
“Señales de influencia de los espíritus sobre los hombres en los textos
bíblicos”, Antiguo y Nuevo Testamento, hemos detectado influencia
espiritual sobre los hombres: individual y colectiva, positiva y negativa,
física y mental, lo que avala nuestra certeza sobre el tema.
|
|
|
|